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Ciencia

Del calor asfixiante al frío bajo cero en 24 horas: la ciencia estudia el enigma de las plantas que sobreviven al 'lago' gélido del Teide

Con una diferencia de hasta 30 grados entre las temperaturas nocturnas y diurnas de esta zona cercana al Portillo, los investigadores se preguntan cómo han sido capaces de adaptarse

Dos investigadoras del proyecto Rebeca realizan trabajo de campo en el Teide

Dos investigadoras del proyecto Rebeca realizan trabajo de campo en el Teide / Cedida

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Verónica Pavés

Verónica Pavés

Las Cañadas del Teide

En un rincón poco visitado a las faldas del Teide, el volcán guarda uno de los secretos mejor guardados de este indómito rincón del planeta. Apresado entre los grandes muros de roca basáltica que un día originaron las inclementes lavas del gran volcán, yace una estructura tan invisible como enigmática: un lago de aire gélido con temperaturas tan extremas que los seres vivos que habitan están sometidos cada día a extremos térmicos. Los científicos lo asemejan a vivir "veranos e inviernos" en menos de 24 horas.

Ignacio Plazaola, investigador de la Universidad de País Vasco (UPV-EHU), lleva ya varios años acudiendo regularmente al Parque Nacional, pues como él mismo reconoce: "es uno de los más interesantes para estudiar". Y su entusiasmo no extraña a aquel que recorre los senderos de malpaís, lapilli y basalto, pues esta peculiar característica del entorno del Teide le ha regalado a la ciencia interesante incógnita a desvelar: unas plantas capaces de sobrevivir y crecer cada día bajo un gradiente de temperaturas extremo.

Campaña Rebeca. Teide. lago gélido

Una investigadora del proyecto Rebeca toma datos durante la noche en el Teide / Cedida

"Nos interesa mucho saber cómo son capaces de adaptarse a ese entorno", indica Plazaola, que durante esta semana ha desplazado a su equipo y a sus colaboradores en la Universidad de La Laguna (ULL), a través del proyecto de investigación Rebeca –un estudio de tres años financiado por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales y la UPV-EHU–, para tomar datos en tiempo real de la humedad y de temperatura así como evaluar el ciclo de fotosíntesis de las plantas que se encuentran en esta zona tan singular. "Aquí en las noches tranquilas, en el que no corre mucho viento, la corriente térmica baja por las laderas y se estanca en la laguna, provocando esa diferencia térmica", indica Plazaola.

Un fenómeno tan común como singular

Los lagos de aire gélido es un fenómeno común que el Teide comparte con otros Parques Nacionales como el de los Picos de Europa. Sin embargo, el caso de la cumbre tinerfeña es extraordinario, pues en pocos lugares se puede ver un cambio tan abrupto de temperatura como el que ocurre en esta cuenca cada día.

Bajo un sol de justicia, dos científicas, Beatriz Fernández y Enara Alday, toman muestras en la cuenca que por las noches se convierte en una laguna helada. En esta planicie, que destaca sobre el abrupto paisaje lunar del Parque Nacional, dominan dos especies de arbusto que han llamado la atención de los científicos: la hierba pajonera (Descurainia bourgaeana) y el rosalillo o rosalito de cumbre (Pterocephalus lasiospermus).

Los investigadores estudian dos especies de arbusto: la hierba pajonera y el rosalito de cumbre

"Estas dos especies crecen tanto en la zona del Portillo como en este lago helado, lo que nos permite comparar sus características", explica el investigador. Ambas localizaciones están separadas por apenas 20 metros a lo largo, y 50 metros de desnivel, pero a ambos les separa una brecha aún mayor: la de una diferencia de temperatura de varios grados.

Siete grados de diferencia

"Esta última noche pudimos detectar una diferencia de 7 grados entre ambos lugares", revela el investigador, aunque puede ser mucho más. "En esta zona se han llegado a registrar mínimas absolutas de -14,5 grados el pasado martes", explica. Pero si por la noche es como un lago de aire gélido, por la mañana –sobre todo después del mediodía– también puede ocurrir lo contrario: el efecto sartén. "Si no corre el aire, en esa zona tendrás un calor asfixiante", revela.

Lago de aire gélido en el Teide. Toma de muestras del proyecto Rebeca, de la Universidad de País Vasco

Lago de aire gélido en el Teide / El Día

"Para una planta esto son condiciones muy duras, especialmente para una en crecimiento activo", desvela el investigador, que insiste que, en el Teide, tanto la hierba pajonera como el rosalito de la cumbre suelen estar siempre en fase de crecimiento. En otros lugares del mundo, la vegetación detiene su crecimiento y su metabolismo cuando se encuentran condiciones duras, pero en el Teide no ocurre así. "Aquí hiela todos los meses del año, así que las plantas no pueden esperar a que deje de hacerlo", insiste.

Mecanismos de adaptación

"Nuestro trabajo consiste en comprobar si las plantas de abajo han desarrollado mecanismos especiales de adaptación para aguantar esas condiciones tan duras", explica Plazaola. Durante la última semana, el grupo de investigación se ha desplazado a la zona para tomar medidas durante siete días y cuatro noches. "Ahora mismo estamos midiendo en vivo, la fotosíntesis", recalca.

Lo hacen gracias a unos instrumentos capaces de medir la captación de dióxido de carbono en las hojas de la planta. "La fotosíntesis consiste en coger el CO2 del aire y, con la energía del sol, producir azúcar", recuerda el investigador. Por eso, las investigadoras introducen las hojas de la planta en una cápsula donde se controla la temperatura y la humedad.

Los científicos están tomando datos de la temperatura, la humedad y la fotosíntesis de las plantas

"Lo único que cambiamos es la concentración de dióxido de carbono, que es como ponerle mucha o poca comida disponible a la planta", argumenta Fernández. De esta forma, a través de los resultados obtenidos y mediante el uso de las matemáticas, se puede estimar "cómo funciona por dentro".

Lago de aire gélido en el Teide. Toma de muestras del proyecto Rebeca, de la Universidad de País Vasco

Beatriz Fernández toma de muestras del proyecto Rebeca con un medidor de CO2, de la Universidad de País Vasco / El Día

Los primeros resultados, aunque muy preliminares, han demostrado que las hierbas pajoneras funcionan como "un ferrari". "Son muy rápidas haciendo la fotosíntesis, esto nos ha llamado mucho la atención porque supone que están en constante crecimiento", argumenta Plazaola. Por otra parte, también se ha detectado una diferencia entre los microorganismos que se encuentran en el suelo del lago gélido y los que se encuentran más cerca del Portillo.

Esto es, sin embargo, solo una primera aproximación a lo que puede estar ocurriendo en esa zona de Las Cañadas. "Tenemos previsto realizar más experimentos para saber de qué forma se relacionan los microorganismos con la flora y si esto puede explicar las diferencias adaptativas", concreta el investigador.

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