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Medalla de Oro de Canarias

Reconocimiento a una vida dedicada a la indumentaria tradicional: María del Carmen Almenara recibe la Medalla de Oro de Canarias

El reconocimiento pone en valor el trabajo de la tinerfeña para preservar un patrimonio cultural a través de la investigación rigurosa y la confección fiel de vestimenta

La tinerfeña María del Carmen Almenara en el Parque García Sanabria.

La tinerfeña María del Carmen Almenara en el Parque García Sanabria. / María Pisaca

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

La noticia sorprendió a la tinerfeña María del Carmen Almenara lejos de Canarias. Se encontraba en Sevilla, en casa de unos conocidos, con un bebé en los brazos, cuando recibió una llamada del presidente de Canarias, Fernando Clavijo, para informarle de que había sido elegida para recibir una Medalla de Oro. Una vida dedicada a la conservación, investigación y difusión de la indumentaria tradicional del Archipiélago se ve ahora recompensada con este reconocimiento que le llega a sus 71 años. Es ahora cuando se ha dado cuenta de la dimensión de su trayectoria y del alcance de su trabajo, que inició cuando era una niña y que ahora que está jubilada tampoco ha abandonado.

La relación de Almenara con la costura comenzó en la infancia. Con nueve años ya manejaba aguja e hilo, y con 16 inició los estudios de corte y confección. Un año después ya era profesora y daba clases desde su casa, compaginando la enseñanza con la confección de prendas y la atención a su familia. Aquellos primeros pasos sentaron las bases de una vida dedicada a un oficio que ahora la reconoce por su encomiable labor durante varias décadas.

Indumentaria tradicional

Su vínculo con la indumentaria tradicional canaria llegó algo más tarde, pero marcó definitivamente su rumbo. Tras asistir a una charla en Santa Cruz de Tenerife, donde un investigador mostró prendas antiguas del Archipiélago, «se despertó en mí una curiosidad que creo que era inmediata», recuerda. Pidió una de las piezas para estudiarla y esa misma noche comenzó a analizarla, tomar medidas y reproducir patrones. A partir de entonces inició un proceso autodidacta de investigación que más tarde complementó con formación reglada en confección industrial.

Esa combinación de técnica, intuición y rigor histórico la llevó a convertirse en una referencia en su ámbito. Tras obtener el carné de artesana, abrió un taller en Los Majuelos y comenzó a confeccionar vestuario tradicional para grupos folclóricos. El reconocimiento creció rápidamente gracias al boca a boca, y la demanda aumentó hasta el punto de requerir un equipo estable de trabajo, generando empleo y estableciendo redes con tejedores y otros artesanos de Tenerife.

Investigación y confección

Con el tiempo, trabajó para agrupaciones folclóricas y para instituciones, compañías teatrales y administraciones públicas que buscaban recreaciones históricas fieles. Uno de los proyectos más significativos fue la reproducción de los uniformes de las milicias canarias para la Gesta del 25 de Julio. Aquella investigación se convirtió en un pilar fundamental de su trayectoria, a lo largo de la cual ha dedicado innumerables horas a estudiar archivos, observar piezas originales y consultar con especialistas textiles.

Todas esas inquietudes también la condujeron a viajar fuera de Canarias. Llegó a Sevilla, por ejemplo, para aprender técnicas de bordado en oro vinculadas a la tradición andaluza y, fascinada por esa práctica, impulsó posteriormente un curso en Tenerife: «Fue todo un éxito porque vino gente de toda la Isla y tuvimos que hacer dos turnos, de mañana y de tarde».

La docencia

Precisamente, la enseñanza ha sido otro de los ejes fundamentales de la vida de Almenara, quien durante años acogió en su taller a estudiantes de Formación Profesional para que realizaran prácticas, ofreciéndoles una formación integral que abarcaba desde la alta costura hasta la confección tradicional. Más adelante, también impartió clases en diferentes centros educativos, donde desarrolló proyectos de divulgación centrados en la indumentaria histórica.

Con nueve años ya cosía y con 16 daba clases, por lo que su vida ha transcurrido entre máquinas de coser y las aulas de diferentes centros

En concreto, habla con especial orgullo de un programa Erasmus dedicado al estudio de la indumentaria tradicional europea del siglo XVIII que desarrolló en colaboración con varios países. «Investigamos las conexiones entre distintas tradiciones textiles, y de ese trabajo surgieron publicaciones especializadas», expresa.

Romerías y Carnaval

Quienes la conocen subrayan su capacidad para transmitir conocimiento y despertar interés en las nuevas generaciones. Para Almenara, «la indumentaria tradicional no es un disfraz, sino una expresión de identidad», y por eso defiende la importancia de conocer el origen de cada prenda y de vestir con rigor en las celebraciones populares.

Pero a lo largo de su carrera también exploró la relación entre la tradición y la contemporaneidad. Tanto es así que en una Semana de la Moda celebrada en La Laguna presentó una colección inspirada en prendas tradicionales reinterpretadas desde una mirada actual, con justillos y camisas bordadas llevadas a los looks del día a día.

Compromiso

Aunque se jubiló hace tres años, Almenara reconoce que su vínculo con el oficio sigue intacto. Le costó dejar la docencia y decidió finalizar el curso antes de retirarse. Hoy, disfruta de una vida más tranquila, con tiempo para viajar y revisar los materiales que ha ido acumulando a lo largo de los años. Así, su casa se ha convertido en una suerte de museo, donde conserva piezas, tejidos y recuerdos que resumen toda una vida dedicada a su pasión.

María del Carmen Almenara.

María del Carmen Almenara. / María Pisaca

Entre esos recuerdos hay tantas anécdotas que le cuesta quedarse solo con una, pero entre ellas destaca un incidente en una romería, en la que su falda típica acabó bañada en salsa, o la vez que pudo acceder al camarín de la Virgen de Candelaria para estudiar sus vestiduras. «Cuando me di cuenta, tenía la imagen a cinco centímetros y habían abierto la iglesia para mí sola. Fue muy emocionante», afirma.

Reconocimiento

Ahora, esta Medalla de Oro de Canarias reconoce su labor constante y silenciosa, que ha contribuido a preservar un patrimonio frágil pero esencial: la forma en que una sociedad se viste, se representa y se reconoce a sí misma.

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