Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Medalla de Oro de Canarias para Antonio López Bonillo, un emprendedor de la enseñanza, el deporte y la cultura

Desde sus inicios en 1965, el Colegio Cisneros Alter se convirtió en un referente gracias a la visión de Antonio López Bonillo, hombre hecho a sí mismo

Antonio López Bonillo, referente de la educación, el deportes y la cultura en Canarias.

Antonio López Bonillo, referente de la educación, el deportes y la cultura en Canarias. / Alex Rosa (Fundación CajaCanarias)

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

«Hay que trabajar para ser los mejores. Y si no es posible, por lo menos para ser buenos», «el profesor es el reflejo en donde se miran los alumnos», «en medio de las actividades desearás vivir 100 años», «damos clases para todos, no solo para algunos»... Son algunas de las frases lapidarias del legado que dejó Antonio López Bonillo, referente de la educación, el deporte y la cultura en Canarias, que se han quedado como ideario del Colegio Cisneros Alter que fundó en 1965, primero como una escuela en la calle Veremundo Perera, en el santacrucero barrio del Perú, hasta sus inicios en la actual sede de Vistabella, desde 1967.

Un hombre hecho a sí mismo

Detrás de esas máximas se encontraba un hombre hecho a sí mismo, como lo define su hijo Antonio López, quien recuerda a su padre como «una persona osada, un genio a nivel de cabeza y alguien que arriesgó muchísimo para conseguir cosas en todos los campos en los que se metió».

Antonio López Bonillo nació en Almería en 1942, en el seno de una familia humilde marcada por la vocación docente. Su padre, maestro formado en la etapa de la República, fue destinado a La Gomera tras la Guerra Civil. Allí comenzó la infancia de quien acabaría convirtiéndose en uno de los grandes impulsores de la enseñanza privada en Canarias.

«Las dificultades le marcaron desde pequeño; mi padre decía que o eras osado o morías», recuerda su hijo

«Las dificultades le marcaron desde pequeño», y casi fueron el embrión de la emprendiduría que acabó como proyecto de vida basado en la enseñanza y el deporte, recuerda su hijo. Fue el mayor de diez hermanos y desde muy joven tuvo que buscarse la vida. Con apenas 16 años se trasladó a Tenerife para intentar ingresar en la academia militar. No lo consiguió y decidió enrolarse en el Ejército, pidiendo destino en el Sáhara, donde permaneció tres años.

Aquella experiencia moldeó su carácter. «Mi padre siempre decía que o eras osado o morías», explica Antonio López. Tras regresar a Tenerife volvió a intentar la carrera militar, pero acabó encontrando su verdadero camino en la educación.

El nacimiento del Colegio Cisneros Alter

Mientras impartía clases particulares de matemáticas descubrió una oportunidad de futuro. Compró un pequeño colegio, casi academia, en la calle Veremundo Perera de Santa Cruz de Tenerife con apenas diez alumnos. Corría el año 1965.

Con los cambios normativos de la época, el centro tuvo que adaptarse a nuevas exigencias. López Bonillo y su esposa, María Inmaculada Izquierdo, encontraron entonces una finca en Vistabella, donde levantaron el proyecto definitivo del Colegio Cisneros Alter.

«Mi padre pedía préstamos, construía aulas y hacía de todo: daba clases y ponía un microbús para recoger a los alumnos por Santa Cruz», rememora su hijo.

La innovación educativa fue una de sus señas de identidad. Implantó métodos pedagógicos avanzados para la época, como el sistema de regletas de colores para matemáticas y técnicas de lectoescritura que permitían a los niños aprender a leer en pocos meses. Desde el origen del colegio, López Bonillo entendió el deporte como una extensión de la enseñanza. «El voleibol triunfó porque fomentaba el compañerismo y el sentido de grupo», explica su hijo.

El voleibol y la élite deportiva

Junto a Rafael y Antonio Navajas impulsó el proyecto deportivo del Cisneros. En 1976 nació el equipo sénior y pocos años después alcanzó la élite nacional. El Cisneros llegó a disputar la Superliga de voleibol y se convirtió en una referencia de cantera en España. El crecimiento deportivo obligó incluso a construir un pabellón propio en tiempo récord. «Mi padre decía: ustedes suban al equipo y yo hago el pabellón», recuerda Antonio López.

Su capacidad organizativa llamó la atención de dirigentes de ATI, embrión de Coalición Canaria. Manuel Hermoso y Adán Martín le incorporaron al proyecto político como responsable de organización. Posteriormente fue consejero de Museos del Cabildo de Tenerife, de la mano de Adán Martín. Durante aquella etapa impulsó proyectos emblemáticos como el Museo de la Ciencia y el Cosmos o el Museo de la Naturaleza y el Hombre, entre otros.

«Mi padre no era político al uso. Funcionaba por principios y por proyectos», sostiene su hijo.

Un legado en Canarias

En 1990 sufrió un grave infarto que estuvo a punto de costarle la vida. A partir de entonces dejó de fumar y moderó el ritmo, aunque nunca abandonó del todo sus responsabilidades.

Continuó ligado al Colegio Cisneros Alter, al deporte y al mundo educativo hasta sus últimos años. «No faltó ni un solo día al colegio», recuerda su hijo. Paseaba por las aulas, hablaba con profesores y alumnos y seguía de cerca los entrenamientos deportivos.

Antonio López Bonillo falleció el 29 de abril de 2025. Poco antes de cumplirse un año de su muerte, el Gobierno de Canarias comunicó a la familia la concesión de la Medalla de Oro de Canarias, reconocimiento a una trayectoria que transformó la educación y el deporte del Archipiélago.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents