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Entrevista | Nacho Vegas Cantautor

Nacho Vegas (cantautor): "Me interesa reivindicar las vidas normales, lo profundamente humano"

El músico asturiano actuará en Lanzarote y Tenerife para presentar su último trabajo, un disco que reivindica la fragilidad y la belleza de las vidas cotidianas

Nacho Vegas.

Nacho Vegas. / Eneko Caos

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

Nacho Vegas, uno de los nombres más reconocidos de la canción de autor y la escena independiente española, llega a Canarias su nuevo trabajo, Vidas semipreciosas, publicado este mismo año. Las citas previstas serán este jueves 21 de mayo en el Teatro Víctor Fernández Gopar El Salinero de Lanzarote, a las 20:00 horas, y un día más tarde en el Teatro Leal de La Laguna, a las 20:30 horas. Tras varios meses de carretera y escenarios, el artista llega a las Islas en uno de los momentos más sólidos de la gira de presentación de este nuevo trabajo, en el que mezcla intimidad, reflexión política y apertura sonora.

Llega a Canarias tras varios meses de gira. ¿En qué punto se encuentra ahora mismo este espectáculo y qué se va a encontrar el público en los dos conciertos que tiene previstos en Lanzarote y Tenerife?

Llegamos en un momento muy bonito de la gira. Estos tours siempre son un poco un work in progress. Al principio vas probando cosas, viendo cómo respira el repertorio y qué canciones funcionan de una manera distinta a como las habías imaginado. Poco a poco todo se va asentando y creo que ahora mismo estamos más cómodos sobre el escenario. Además, tocar en las Islas siempre tiene algo especial porque no es tan fácil venir como nos gustaría, por la logística. En Tenerife ya habíamos tocado alguna vez y guardamos un recuerdo muy bonito, así que regresar ahora, con este disco y con el concierto tan rodado, nos hace especialmente felices. El público va a encontrarse canciones de Vidas semipreciosas y también de discos anteriores. Las giras tienen de bonito que nos permiten volver a mirar temas que escribiste hace diez o quince años desde el lugar en el que estás hoy. Hay canciones que, incluso sin cambiarles una palabra, adquieren un significado distinto porque tú ya no eres la misma persona que las escribió. Las interpretas desde otra emoción y otra experiencia vital, y eso hace que vuelvan a nacer.

El título del disco es muy sugerente, Vidas semipreciosas. ¿Qué significa?

El disco nace de una necesidad de reivindicar la semipreciosura. Vivimos en una época en la que parece que todo tiene que ser brillante, perfecto, exitoso y espectacular. Y yo creo que la vida de la mayoría de nosotros no tiene nada que ver con eso. Nuestras vidas son frágiles, vulnerables y contradictorias. Hay heridas, cansancio e incertidumbre. Pero precisamente ahí está lo valioso. Las piedras preciosas son pocas, muy duras y exclusivas y de alguna forma representan a esas élites que concentran poder y que muchas veces viven alejadas de la realidad cotidiana de la mayoría. Frente a eso, me interesaba reivindicar las vidas normales, las vidas compartidas que se sostienen gracias a los afectos, los cuidados, la empatía y las redes que tejemos entre nosotros. Creo sinceramente que la semipreciosura es mucho más hermosa que la perfección. Porque en esa fragilidad está también nuestra capacidad de necesitarnos mutuamente. Y eso es profundamente humano.

Da la sensación de que es un disco muy conectado con lo cotidiano y la vida real.

Sí, totalmente. Es música para la gente que pisa la calle, para quienes viven en barrios, pueblos y ciudades reales, con problemas y alegría reales. A veces parece que el discurso dominante intenta convencernos de que la vida buena consiste en acumular cosas, en consumir y mostrar constantemente felicidad. Pero la realidad no funciona así porque la vida está llena de contradicciones y días malos, y también de pequeños milagros cotidianos. Creo que quienes viven instalados en ciertos espacios de poder muchas veces han perdido la capacidad de entender eso. Sin embargo, cuando compartimos miedos y cuidados, la vida se vuelve más soportable y más bella. El disco habla de todo eso.

Habla de compartir, de comunidad, de emociones colectivas. ¿Qué papel juega la música en todo eso?

Para mí las canciones son actos emocionales. Cuando una canción funciona de verdad, lo que hace es revelar una verdad emocional que probablemente compartimos muchos, aunque no sepamos expresarla. Vivimos en una sociedad que nos empuja continuamente a aparentar satisfacción y parece que siempre tenemos que estar felices, consumiendo, produciendo y sonriendo. Pero eso es imposible porque también hay momentos de tristeza, ansiedad, miedo e infelicidad. Hablar de eso no es algo negativo; al contrario, nos permite confrontarlo y compartirlo. Cuando una canción pone palabras a algo que tú sentías y no sabías nombrar, sucede algo muy poderoso porque descubres que no estás solo. La música también habla del asombro y de las cosas que nos maravillan y nos recuerdan que estar vivos merece la pena. El mundo tiene cosas espantosas y cosas hermosas, y ambas forman parte de la experiencia humana.

Precisamente vivimos tiempos convulsos. ¿Eso influye inevitablemente en las canciones?

Claro. Las canciones tienen que ser permeables a lo que sucede alrededor. Ahora mismo estamos viviendo una época muy oscura. Ves las noticias y da la sensación de que todo puede derrumbarse en cualquier momento. Estamos asistiendo en directo a un genocidio en Gaza, a guerras ilegítimas, al auge de discursos fascistas y racistas que intentan normalizarse y a una deshumanización constante. Todo eso inevitablemente atraviesa a quienes hacemos canciones. No creo que la música vaya a cambiar el mundo por sí sola, pero sí puede servir como altavoz y lugar de encuentro. Las luchas colectivas son las que realmente pueden transformar las cosas, y la música puede acompañar esas luchas.

Entonces, ¿es optimista o pesimista respecto al momento actual?

Creo que soy un pesimista con esperanza. Veo el mundo y sería absurdo negar la gravedad de muchas cosas que están ocurriendo. Pero también creo que el pesimismo puede ser movilizador. A veces pensamos que el optimismo consiste en fingir que todo va bien, y yo no lo veo así. Hay momentos en los que es necesario mirar de frente la realidad y reconocer que hay mucho dolor y mucha injusticia. Pero precisamente porque vemos eso, sentimos la necesidad de actuar. Mientras exista capacidad de organizarse, de cuidarse mutuamente y de imaginar un mundo diferente, hay esperanza.

Más allá del mensaje, este disco también destaca por cierta apertura musical. ¿Era algo buscado?

No fue algo calculado. Creo que sucede de forma natural cuando llevas años haciendo música y mantienes la curiosidad viva. He tenido la suerte de viajar mucho y conocer otras culturas y músicas populares, y todo eso acaba filtrándose en las canciones. También vas perdiendo prejuicios. Cuando eres más joven, puedes tener una visión más rígida de lo que debe ser tu música. Con los años, aprendes que las fronteras musicales son absurdas y que lo interesante es dejarse afectar por aquello que te emociona. En este disco hay una canción, por ejemplo, inspirada en una melodía colombiana. He pedido reinterpretarla con permiso del compositor y he descubierto que había un ritmo común entre ella y cierta música tradicional asturiana. Esas chispas son maravillosas. Son momentos en los que entiendes que la música conecta territorios, historias y emociones que parecían separadas.

Nacho Vegas.

Nacho Vegas. / Eneko Caos

Tras tantos años de carrera, ¿sigue existiendo esa sensación de descubrimiento?

Tiene que existir. Si no, todo pierde sentido. Hay que seguir abierto a que la vida y la música te sorprendan. Conozco compañeros de profesión que llegan a un punto en el que parecen cansados de todo, como si ya nada pudiera conmoverlos y creo que eso es peligrosísimo para un artista. Es verdad que la edad puede traerte cansancio o cierta dureza, pero creo que hay que cuidar la vulnerabilidad y mantener la capacidad de emocionarte y dejarte atravesar por algo inesperado. Los grandes temas universales son pocos: el amor, la pérdida, el miedo, la esperanza, el deseo, la muerte… Lo importante no es qué cuentas, sino desde dónde lo cuentas. Y ese lugar cambia constantemente porque tú cambias y porque el mundo cambia.

Hablando de esos temas universales, ¿cómo construye el repertorio de un concierto? ¿Se deja llevar por lo que pide el público?

Es una pregunta complicada. Recuerdo una frase, creo que era de un director de cine, que decía que la única manera de respetar realmente al público es no darle poder sobre lo que haces. Y entiendo lo que quiere decir, porque si intentas agradar constantemente, corres el riesgo de dejar de ser sincero. Pero también es verdad que la música tiene algo muy especial, y es el diálogo directo con la gente. Hay canciones que el público siente muy y eso hay que escucharlo, por eso a veces pregunto en redes qué temas les gustaría recuperar y descubro canciones que ni siquiera me había planteado tocar. Así que el repertorio de la gira cambia constantemente, porque vamos probando cosas y eso mantiene vivo el espectáculo.

¿Entonces que cada concierto es irrepetible?

Sí, completamente. Hay una parte de incertidumbre que no debería perderse nunca. Aunque llevemos meses tocando las mismas canciones, seguimos dándoles vueltas en cada prueba de sonido e intentamos que cada concierto tenga algo único. En el caso de las Islas, además, esa sensación es todavía más fuerte porque no podemos venir tan a menudo como nos gustaría. Por eso queremos que estos conciertos sean realmente especiales.

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