Binta, la niña que desafió al viento para llegar a Canarias
La joven salió de Senegal y alcanzó Canarias tras diez días de travesía en patera. Ahora ha convertido su historia en el libro La hija del viento. Mi voz, mi historia, mi lucha, un relato en el que reconstruye el viaje, su experiencia en las Islas y la lucha que ha marcado su vida.

Binta junto a su libro ‘La hija del viento. Mi voz, mi historia, mi lucha’. / J.PEREZ CURBELO
A Binta el viento la trajo a Canarias. Un viento que la impulsó a arriesgar su vida a bordo de una patera para perseguir sus sueños. Un viento que la acompañó durante los diez días de travesía por el Atlántico, pero que también la liberó. Un viento que ondea como escaparate de una historia: su historia, la historia de su vida, que hoy se transforma en libro y toma forma en relatos que cuentan a Binta, la hija del viento.
Fue hace casi tres años - con apenas 12 - cuando Binta dejó atrás todo lo que conocía en busca de un futuro mejor. Vivía en Coulibantang, una pequeña aldea de Senegal. Un lugar —relata en su libro La hija del viento. Mi voz, mi historia, mi lucha — "entre caminos de polvo rojo, donde las niñas aprenden pronto a ser mujeres" y donde el viento era un habitante más. "Representa mi vida. Desde pequeña, sentía que había algo dentro de mí que me empujaba a seguir adelante incluso cuando todo parecía imposible", cuenta. Con el tiempo, reconoce, comprendió que el viento también puede significar libertad, miedo, esperanza y cambio. Una fuerza que la "arrancó" de su tierra, pero que también la condujo hasta el Archipiélago.
Es "la niña que se atrevió a soñar, a volar y a no callar nunca más". Y lo hizo lejos de su hogar, impulsada por la realidad que contemplaba cada día entre las paredes de su casa y por las historias de quienes emigraron antes que ella. "Yo quería ayudar, quería cambiar algo. En casa había demasiado sufrimiento y muy pocas oportunidades", confiesa. La posibilidad de embarcarse en una patera "parecía un sueño inalcanzable, pero poco a poco terminó convirtiéndose en una necesidad". En Coulibantang, hablaban del viaje "como la única salida posible".
"Había cosas decididas por ti incluso antes de nacer"
Antes de emprender la ruta canaria, pasó varios días en la ciudad de Thies, esperando el momento de partir hacia un destino desconocido. Fueron días, recuerda, "de mucha tensión e incertidumbre". En la casa donde aguardaba comenzaron a llegar personas procedentes de Gambia, Guinea o Mali. Todas compartían el mismo anhelo: cruzar el mar. "Había miedo y esperanza. Recuerdo mirar a las personas que estaban allí conmigo y pensar que todos cargábamos historias muy duras, aunque casi nadie hablara de ellas. Todos estábamos esperando una llamada, una noticia, una oportunidad", rememora Binta. Y aquella oportunidad apareció.
Cuando llegó el momento de entregar el dinero para poder viajar, lo que Binta llevaba no era suficiente. No podía costear el trayecto en patera con "lo poco" que entregó. Pero entonces irrumpió una patrulla policial que precipitó la recogida del dinero y, en medio de las prisas, logró subir al camión que los conduciría hasta Mbour, la ciudad desde la que partiría el cayuco que la traería a Canarias. "A veces me pregunto si habría seguido intentando viajar en cayuco si aquella vez no hubiese podido hacerlo, o si mi vida habría tomado un rumbo completamente distinto. Quizá habría vuelto a ver a mi padre apagarse delante de mí, igual que terminó haciéndolo en la distancia", confiesa. Su padre murió mientras ella ya se encontraba en las Islas. No pudo despedirse de él. Parte de su libro está dedicada a él que "sigue vivo" en su memoria, a su madre, por enseñarle a "resistir" el viento, y a todas las niñas de África "que luchan en silencio".

Binta junto a su libro ‘La hija del viento. Mi voz, mi historia, mi lucha’. / J.PEREZ CURBELO
Crecer siendo niña en un entorno como el de Binta no fue sencillo: "Había cosas decididas por ti incluso antes de nacer". Su sueño siempre fue convertirse en futbolista, con todo lo que ese deseo implicaba mientras vivía en Senegal. La primera vez que pudo jugar al fútbol fue ya en Canarias. Y fue precisamente junto al balón cuando se sintió libre. "No importaba de dónde venía ni todo lo que había vivido. El fútbol me ayudó a integrarme y a recuperar la confianza en mí misma. Me dio un lugar al que pertenecer cuando todavía me sentía perdida", relata.
"Escuchaba más de lo que hablabla"
Era la más pequeña de la patera, como también lo era en su familia. Eso le enseñó a "observar mucho y a madurar antes de tiempo, porque escuchaba más de lo que hablaba". Su corta edad no le impidió hacerse una promesa: regresar algún día a su pueblo con algo capaz de cambiar la vida de los suyos. Ese 'algo' que ella misma traduce en oportunidades: "Significa poder darle a mi familia una vida más digna, ayudar a mi madre, permitir que mis hermanos tengan un futuro mejor. Nunca fue solamente dinero, era la idea de romper un ciclo de pobreza y sufrimiento".

Binta junto a su libro ‘La hija del viento. Mi voz, mi historia, mi lucha’. / J.PEREZ CURBELO
Cuando llegó a Canarias, tras diez días de travesía, comenzó otra batalla. "Empezó otra lucha: entrevistas, documentos, miedo, incertidumbre… Muchas veces no entendía qué estaba pasando ni qué iba a ser de mí", recuerda. Llegar a Europa "no fue ganar", aunque el continente represente tanto para quienes sueñan con alcanzarlo. En Coulibantang hablan de Binta con orgullo por haber llegado a el continente. Un lugar que se percibe como el sitio "donde todo es posible". Pero no se habla de "la soledad o del racismo", reconoce, aunque admite que "cuando en tu país faltan oportunidades, incluso una posibilidad pequeña parece enorme". Europa no ha sido la victoria, para Binta ganar ha significado "vivir sin miedo y no olvidar quién soy ni de dónde vengo".
"La esperanza fue lo único que nunca perdí del todo, ni siquiera en el mar"
La esperanza, dice, fue lo único que no perdió del todo, "ni siquiera en el mar". El camino no ha sido fácil, pero en él ha encontrado faros de luz. Ahora tiene una familia de acogida que le ha abierto las puertas de su hogar y que ella ha hecho suyo. Ellos le dieron "cariño, estabilidad y seguridad" en un momento en el que ella se sentía "completamente sola". Con ellos aprendió "que una familia también puede construirse desde el amor y no solo desde la sangre".
Binta quiere ser médica, "ayudar a otras personas y demostrar que después del dolor también se puede encontrar esperanza". Hace ya tiempo que emprendió el viaje, y desde entonces "nunca" ha dejado de avanzar. En su vuelo la acompaña el viento. Y la guía. Ahora su vida vuela "hacia el futuro, hacia la libertad y hacia nuevos sueños".
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