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Entrevista | David Ramos Martel Director de la Escuela Municipal de Música Guillermo González de La Laguna

La música en La Laguna a través de David Ramos Martel: una vida dedicada a la enseñanza y la cultura

El director de la Escuela Municipal de Música Guillermo González de La Laguna defiende su papel como motor cultural y espacio de experiencias más allá de la enseñanza instrumental

El director de la escuela municipal lagunera David Ramos Martel.

El director de la escuela municipal lagunera David Ramos Martel. / Andrés Gutiérrez

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

Nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1971 y afincado desde hace décadas en La Laguna, David Ramos Martel es el director de la Escuela Municipal de Música Guillermo González de La Laguna. Pianista y docente, ha convertido una vocación temprana en toda una vida dedicada a la música y la enseñanza. Defiende el papel de estos centros como motores culturales y espacios de experiencias que van más allá de aprender a tocar un instrumento.

¿Cómo entró en contacto con la música?

Empezó muy temprano y de forma accidental. Con cuatro años vi a un pianista tocando en un hotel de Puerto de la Cruz, donde mi padre, que era futbolista, estaba en ese momento. Recuerdo vagamente la escena, pero sí que me impactó la melodía. A partir de ahí, algo se encendió en mí y con seis años empecé a tocar el piano de forma autodidacta. En mi familia no había antecedentes musicales.

¿Y cómo reaccionó su entorno ante esa vocación que después se convirtió trabajo?

Siempre tuve apoyo en casa, aunque es verdad que existía ese estigma de que la música no era una profesión segura. Recuerdo a mi abuelo diciéndolo medio en broma, medio en serio. Era una idea bastante extendida, y en parte todavía lo es, aunque cada vez menos.

¿Cuándo decidió que la música se convertiría en su profesión?

Realmente no lo decides de pequeño. Cuando eres niño, lo que quieres es ser el mejor, como quien sueña con ser Messi en el fútbol. No piensas en ganarte la vida con ello. Con el tiempo entiendes que vivir solo de la interpretación es complicado, y ahí aparece la docencia de forma natural, como sustento y como una experiencia muy enriquecedora.

¿Qué le aporta enseñar ahora?

Enseñar es como mirarte en un espejo cada día. Te obliga a reflexionar, a mejorar y a entender lo que haces. Además, cuanto más estás en la práctica musical, más enriquecedora es la enseñanza que puedes ofrecer.

Pero su trayectoria no siempre se han desarrollado en Canarias.

Sí, estuve varios años en Madrid completando mis estudios superiores. Allí también trabajé dando clases, porque de algo había que vivir. Regresé a Tenerife a finales de la década de 1990, cuando empezaban a consolidarse las escuelas municipales de música.

¿Cómo fue ese cambio hacia las escuelas municipales actuales?

Al principio fue un choque para muchos. Veníamos de un modelo más académico y profesionalizador, y las escuelas proponían otra forma de entender la enseñanza porque tienen un potencial enorme. Para mí, una escuela de música es más que un lugar donde aprender un instrumento. Es una agencia cultural en del municipio y aglutina distintas disciplinas artísticas.

Habla mucho de la conexión de las escuelas con su entorno.

Es fundamental. Cada escuela debe vincularse a su municipio y su identidad cultural. La música es el vehículo, pero el objetivo es generar proyectos que tengan sentido para la comunidad. Eso favorece la motivación, especialmente en edades tempranas.

David Ramos Martel en una clase.

David Ramos Martel en una clase. / Andrés Gutiérrez

Precisamente, uno de los rasgos de estas escuelas es la diversidad de edades.

Sí, y es algo muy positivo. Puedes tener en un mismo proyecto a personas de distintas generaciones: abuelos y nietos en una misma clase. Esa convivencia es muy enriquecedora, tanto musical como personalmente.

También se están generando conexiones entre municipios.

Sí. Hay proyectos intercentros, agrupaciones que reúnen alumnado de diferentes escuelas e incluso iniciativas que empiezan a tener proyección insular. Son experiencias muy valiosas, más allá del resultado final.

Repite mucho la palabra ‘experiencias’.

Sí, es nuestro fin, proporcionar experiencias con la música. Y no solo para los que estudian en la escuela, también para la sociedad. Generamos un retorno hacia el municipio.

A nivel personal, ¿qué significa para usted dar clase?

Más allá de la enseñanza musical, es una relación muy cercana. En una clase se genera un vínculo donde aparece de todo y la música se convierte en un canal de expresión.

¿Le queda tiempo para tocar?

Poco, la verdad. La gestión ocupa mucho tiempo. Pero sigo vinculado a la música, también a través de la composición. Al final, es algo que forma parte de mí mismo desde niño.

¿Qué le sigue moviendo después de tantos años?

La sensación de construir algo. Ya sea tocando, componiendo o desarrollando un proyecto, hay una parte creativa que sigue ahí. Y cuando ves que hay una conexión emocional con el alumnado, que algo les llega, todo merece la pena.

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