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Entrevista | Ian de la Rosa Director de cine

'Iván & Hadoum': la historia de amor trans que triunfa en la Berlinale y el Festival de Málaga llega a Tenerife

La cinta, primer trabajo en solitario de Ian de la Rosa, se podrá ver este sábado 16 de mayo en la Isla antes de su estreno comercial en España el próximo 19 de junio

El actor Silver Chicón junto al director Ian de la Rosa.

El actor Silver Chicón junto al director Ian de la Rosa. / Lluís Tudela

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

Iván & Hadoum es la película encargada de cerrar este sábado 16 de mayo la quinta edición de CinemaTrans en Multicines Tenerife, y lo hará anticipándose a su estreno comercial en España, previsto para el 19 de junio. Es el primer largometraje en solitario de Ian de la Rosa. Protagonizada por Herminia Loh y Silver Chicón –quien también acudirá a Tenerife para encontrarse con el público–, cuenta la historia de amor entre Iván, un hombre trans que trabaja como carretillero en los almacenes de unos invernaderos de Almería, y Hadoum, una compañera hispano-marroquí de la cinta envasadora. La película se podrá ver en la Isla tras ganar el Teddy Award al Mejor largometraje en la Berlinale, además del Premio Especial del Jurado Biznaga de Plata y el premio a Mejor guion en el Festival de Cine de Málaga.

¿Qué opinión le merecen este tipo de muestras de cine y la oportunidad de compartir la película con nuevos públicos como el de Tenerife?

Me parece tremendamente positivo. Cuando supimos que la película había sido seleccionada para participar en esta muestra, tanto Silver como yo nos llevamos una alegría enorme. Poder asistir a una muestra dedicada cien por cien a historias con personajes y vivencias trans es algo muy especial. Además, siento mucho agradecimiento hacia quienes organizan este tipo de iniciativas, porque sé que no son fáciles de mantener. Hay mucho esfuerzo detrás y es una lucha constante. Así que solo puedo decir que vamos con muchas ganas de compartir la película allí.

Al final, hace cine para el público. ¿Es importante precisamente este contacto directo que se ofrece en esta ocasión más allá del visionado?

Totalmente. El cine no termina cuando acabas de rodar o montar una película. Termina cuando el público la ve. Ese momento en el que la historia llega a alguien, en el que se generan emociones y reflexiones supone el cierre real del proceso. Y poder hablar con la gente después, conocer sus lecturas y sus interpretaciones, es fundamental. Ahí es donde la película cobra vida de verdad.

Hasta ahora, ¿qué le han aportado las reacciones del público en los distintos lugares donde ya se ha proyectado la cinta?

He tenido la suerte de presentar la película en lugares como Berlín, Málaga, Barcelona o incluso en países de Latinoamérica como Colombia o México, y la respuesta ha sido muy positiva. Pero lo más interesante es que, con el paso del tiempo, he visto cómo la película genera lecturas que incluso superan lo que yo imaginaba, y eso es muy bonito. A veces el público ve cosas que tú no habías previsto, y eso enriquece muchísimo la obra. Es una especie de diálogo continuo.

La historia está situada en Almería, un entorno muy concreto, pero ha viajado por medio mundo. ¿Cómo se explica esa conexión tan universal?

Porque, en el fondo, es una historia de amor. Y el amor es universal. Pero no solo eso, también hablamos de obstáculos muy reconocibles, como la familia, el dinero, el trabajo, las expectativas sociales. Son conflictos que cualquier persona puede entender, más allá del contexto concreto o de la identidad de los personajes. Ese es el corazón de la película: cómo un amor puede cambiarte la vida, abrirte los ojos y hacerte ver el mundo de otra manera.

Ian de la Rosa junto a Herminia Loh durante el rodaje.

Ian de la Rosa junto a Herminia Loh durante el rodaje. / Esther Boyarizo

El proceso de trabajo con los actores ha llamado la atención, especialmente por el uso de la improvisación. ¿Cómo fue realmente?

El guion siempre estuvo completamente escrito, eso es importante aclararlo. Lo que hicimos fue trabajar los ensayos sin que los actores tuvieran acceso al texto. Sabían la historia, claro, porque se la contábamos, pero no tenían las líneas escritas. Eso nos permitía trabajar desde la naturalidad y lo orgánico. Cada actor conocía solo la información de su personaje, pero no la de los demás, y trabajábamos con improvisaciones dentro de situaciones muy concretas que ya estaban definidas en el guion. Es un proceso más largo y exigente, pero ayuda a que el resultado sea más real y menos rígido. Además, los protagonistas rodaron sin conocer el final porque queríamos descubrírselo el último día de rodaje. Queríamos que esa emoción fuera auténtica y no estuviera anticipada.

Este es su primer largometraje y ha tenido una gran acogida. ¿Cómo está viviendo este momento?

Con mucha alegría y agradecimiento, pero también con los pies en la tierra. Han sido años de trabajo muy intensos, y ver que la película tiene recorrido es muy gratificante. Pero la realidad de la industria es complicada y una ópera prima no garantiza nada. Se trata de un sector precario y difícil, donde cuesta mucho mantenerse. Eso sí, ahora tengo más visibilidad y espero que eso facilite el camino para futuros proyectos. Pero nadie te asegura nada, así que hay que seguir trabajando.

La película aborda una historia de amor con personajes trans. ¿Cree que eso ha influido en su alcance internacional?

Creo que durante mucho tiempo ha existido una tendencia en la industria a encasillar estas historias como cine de nicho, pero no es cierto. Cuando ves muchas de las películas de temática trans, te das cuenta de que hablan de cosas universales. El problema es cómo se presentan y se distribuyen. Si desde el principio se dice que se trata de una película solo para cierto colectivo, se está limitando su alcance. Pero el público está abierto a mucho más de lo que se cree. Creo que hay una herencia de prejuicios dentro de la industria que poco a poco se está rompiendo. Aun así, queda mucho camino por recorrer, no solo en la representación trans, sino en muchos otros aspectos.

«La película ha generado lecturas que incluso superan lo que yo imaginaba, y eso es muy bonito»

¿Qué visión tiene para el futuro? ¿Por dónde le gustaría seguir trabajando a partir de ahora?

Me gustaría seguir desarrollando mi lenguaje como cineasta y contar historias que conecten con la gente. Ya estoy trabajando en la siguiente película, aunque todavía no puedo adelantar mucho. Mi objetivo es seguir siendo un espejo de la sociedad y hacer cine que tenga sentido para quienes lo ven. Y, si puede ser, que cada proyecto sea un poco menos duro de sacar adelante. Aunque eso nunca se sabe.

¿Cómo resumiría esta película que ha supuesto su estreno por todo lo alto en la dirección en solitario?

Es una historia de amor universal, clásica en su esencia, pero con personajes que no lo son tanto. Es una película que habla del deseo, del amor y del descubrimiento personal. Por lo que hemos visto hasta ahora, el público conecta mucho con ella y sale con una sensación positiva de las salas de cine. Así que la invitación que hago a la gente es que se deje llevar por la experiencia. Además, tanto Silver como yo estaremos encantados, en el caso de Tenerife, de compartir, escuchar y dialogar con quienes quieran acercarse después de la proyección.

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