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'El cuerpo contenido': el ensayo de Nayra Sanz Fuentes que conecta la propaganda histórica con las dinámicas de poder contemporáneas

La autora canaria investiga durante una década cómo la sociedad pudo derivar en el régimen nazi y la persistencia de sus lógicas en el presente y muestra este jueves 14 de mayo su resultado en TEA

Nayra Sanz Fuentes.

Nayra Sanz Fuentes. / Patri Cámpora

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge este jueves 14 de mayo, a las 19:00 horas, la presentación del libro El cuerpo nazi. El cuerpo contenido: La estética del poder en el cine de Leni Riefenstahl, de la canaria Nayra Sanz Fuentes. Este ensayo sobre la imagen, el cuerpo y el poder centra la mirada en la dimensión estética y simbólica de la política. La autora establecerá un diálogo abierto alrededor de la cultura visual, la ideología y la memoria, conectando el análisis histórico del libro con problemáticas contemporáneas de la imagen, y estará acompañada por el también escritor Alejandro Krawietz y el profesor de Historia contemporánea de la Universidad de La Laguna Alejandro Pérez Olivares. Escrito con un lenguaje accesible, pensado para un público amplio, la autora reconoce que esta publicación exige de una lectura atenta. En cualquier caso, su objetivo no es tan solo académico, sino también social, ya que trata de contribuir a una comprensión más profunda de cómo se construyen las sociedades.

En un momento en el que la actualidad internacional vuelve a tensionarse y las imágenes dominan la conversación pública, la publicación de El cuerpo nazi sitúa en el centro del debate una pregunta incómoda porque ¿cómo es posible que determinadas formas de poder sigan reproduciéndose, incluso después de haber sido derrotadas históricamente? La cineasta y escritora Nayra Sanz Fuentes trata de responder a esta pregunta a través de un ensayo en el que realiza una lectura profunda del nacionalsocialismo y sitúa al cuerpo como territorio político. De este modo, su trabajo no se limita únicamente a revisar el pasado, sino que interpela directamente al presente desde una perspectiva crítica y transversal.

Largo proceso

El punto de partida del libro nace de una inquietud que ha acompañado a su autora durante más de una década, un tiempo en el que ha tratado de entender cómo una sociedad que había atravesado procesos como la Ilustración o las revoluciones sociales del siglo XIX pudo derivar en uno de los regímenes más violentos de la historia. A pesar de que el régimen liderado por Adolf Hitler apenas se mantuvo doce años en el poder, dejó una huella devastadora con más de 55 millones de muertes ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Sanz Fuentes subraya que «el verdadero problema no es solo su violencia, sino la persistencia de algunas de sus lógicas».

La portada del libro.

La portada del libro. / El Día

De este modo, muchas de las ideas que se desarrollaron en aquel periodo no desaparecieron, sino que perviven de forma disuelta en las sociedades actuales. Por eso, esta investigación se convierte en un ejercicio profundamente contemporáneo. El ensayo, desarrollado a lo largo de diez años, se ha construido lentamente y ahora encuentra un paralelismo inquietante en un contexto global marcado por el auge de los discursos autoritarios y la polarización.

Cuerpo contenido

Sin embargo, uno de los aportes más originales de esta publicación es la noción de cuerpo contenido. Sanz Fuentes no entiende el cuerpo como una realidad meramente biológica, sino que lo sitúa como un espacio donde se inscribe la ideología, las normas y las relaciones de poder. En el contexto nazi, esta construcción alcanzó una intensidad extrema puesto que el cuerpo debía responder a un ideal concreto y ser fuerte, disciplinado y estar orientado a la acción.

El régimen de Hitler desarrolló políticas como la eugenesia o la profilaxis social, sustentadas en una pseudociencia que otorgaba un peso determinante a la biología. Sin embargo, Sanz Fuentes subraya que esa dimensión no puede entenderse sin el componente cultural ya que la ideología se inculcaba y terminaba configurando las diferentes identidades. El resultado es lo que la autora define como cuerpo contenido, un organismo atravesado por un contenido ideológico que lo modela desde fuera, pero que termina interiorizándose como una forma natural de ser.

El poder del cine

Pero, si el cuerpo era el soporte dentro de esta concepción, la imagen era el vehículo. Por eso, este ensayo dedica una parte fundamental al análisis del papel del cine en la consolidación del imaginario nazi, especialmente a través de la figura de Leni Riefenstahl, una cineasta, fotógrafa y actriz alemana cuyo talento visual quedó ligado a la propaganda del régimen nazi tras dirigir El triunfo de la voluntad y Olympia. Esas cintas no solo documentaron el régimen, sino que contribuyeron activamente a construir su estética y les concedieron legitimidad puesto que, aunque se presentaban como una representación aparentemente fiel de la realidad, estaban profundamente manipuladas.

Una de las páginas del libro.

Una de las páginas del libro. / El Día

Sanz Fuentes pone como ejemplo que esas cintas, lejos de mostrar la diversidad social o las consecuencias de la guerra, se centraban en construir una imagen homogénea, idealizada y cuidadosamente escenificada. «La ausencia de cuerpos no normativos, como ancianos, heridos o discapacitados, no era casual, sino parte de una estrategia visual», resume.

Conexión actual

Uno de los aspectos más inquietantes de El cuerpo nazi. El cuerpo contenido es su conexión con el presente. El régimen nazi fue pionero en la creación del Ministerio para la Propaganda como eje central del poder, ya que el Gobierno sostenía que las masas piensan en imágenes y no en palabras. Más allá de aquellos años, esa intuición parece haberse intensificado en la actualidad puesto que, recuerda la autora, el ecosistema digital contemporáneo provoca que plataformas como Facebook, Instagram o TikTok sean protagonistas de una comunicación visual sin precedentes. En cualquiera de los casos, la sobreexposición a las imágenes y la velocidad del consumo reducen el espacio para el pensamiento crítico. «La imagen no solo informa, sino que moldea», sugiere la autora de este ensayo.

Inevitablemente ligado a regímenes como el de Adolf Hitler aparece el papel desempeñado por países como España. Aunque no participó directamente en la Segunda Guerra Mundial, durante la Guerra Civil y los años posteriores, existieron vínculos ideológicos y espacios de colaboración entre ambas naciones y, tras el conflicto, algunas zonas del territorio español –especialmente en áreas costeras– se convirtieron en refugio para figuras vinculadas al nazismo. Estos episodios, aún poco explorados en profundidad, forman parte de lo que la autora considera una «memoria incómoda», necesaria para comprender la complejidad del pasado.

Memoria

En cualquier caso, la canaria insiste en la importancia de la memoria como acto activo puesto que recordar no supone únicamente mirar hacia atrás, sino que también se basa en evitar que determinadas lógicas se repitan.

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