Entrevista | Paula Dinamarca Actriz
Paula Dinamarca presenta en Tenerife 'La misteriosa mirada del flamenco', ganadora en Cannes de la sección 'Un certain regard'
CinemaTrans de Tenerife exhibe la ópera prima del chileno Diego Céspedes el viernes 15 de mayo en Multicines Tenerife

Paula Dinamarca. / El Día

CinemaTrans, la Muestra de Cine Trans de Tenerife se celebra en Multicines Tenerife y TEA Tenerife Espacio de las Artes desde este miércoles 13 de mayo y hasta el sábado día 16. Entre las numerosas películas que se podrán ver estos días destaca la chilena La misteriosa mirada del flamenco. La ópera prima de Diego Céspedes, estrenada en el Festival Internacional de Cine de Cannes de 2025, ganó la sección Un certain regard y fue seleccionada por la Academia de Cine de Chile para representar al país en las categorías de Mejor película internacional en los Premios Oscar y Mejor película iberoamericana en los Premios Goya de 2026. La actriz, tarotista y activista por los derechos trans Paula Dinamarca interpreta a Mamá Boca y visita el viernes día 15 la Isla para presentar la cinta que transcurre en el norte de Chile, en 1982, y está protagonizada por una niña que es testigo de la llegada y propagación del sida en el país. La situación afecta especialmente a su madre adoptiva, una travesti llamada Flamenco.
La misteriosa mirada del flamenco ha viajado por todo el mundo y ha llegado hasta espacios como esta Muestra de Cine Trans de Tenerife. ¿Qué supone para usted y para la cinta todo este recorrido?
Para mí ha sido completamente impactante. Nunca dimensioné lo que iba a ocurrir con esta película. Yo disfruté cada etapa, desde el casting, al trabajo de guion y el rodaje. Incluso cuando llegamos al Festival de Cannes pensé que ahí era el final pero, contra todo pronóstico, la película siguió creciendo, comenzó a viajar, a ganar reconocimiento y a conectar con la gente de una forma que no imaginábamos. En Chile, por ejemplo, decimos que la película ‘tiene la escoba’, en el buen sentido, porque ha generado un fenómeno colectivo. La gente ama esta historia, ama el mensaje que trasmite la cinta, y eso es algo que supera cualquier expectativa inicial.

Paula Dinamarca (segunda por la izquierda) junto a compañeras de la película en un fotograma. / El Día
Durante mucho tiempo, historias como esta se encasillaban dentro de un colectivo concreto, el colectivo Lgtbiq+. Sin embargo, su éxito demuestra que interesan a un público amplio. ¿Por qué crees que ocurre esto?
Porque en realidad estamos hablando de historias universales. Lo que pasa es que existe mucho desconocimiento. No lo llamaría ignorancia, sino una especie de falta de información sobre cómo vivimos las personas trans. Las historias trans no son marginales, sino profundamente humanas. Esta película es de época, pero demuestra algo muy claro, que la historia es cíclica y evolutiva a la vez. Evolucionamos en ciertos aspectos, como la tecnología o los derechos, pero seguimos repitiendo dinámicas humanas muy básicas. Seguimos creando comunidad porque seguimos agrupándonos. A mí me gusta hablar de ‘tribu’ más que de ‘familia’. La familia es un concepto muy ligado a estructuras tradicionales, pero la tribu es un espacio donde nos reunimos a partir de experiencias compartidas, muchas veces por el dolor de la discriminación, pero también por la necesidad de sanarnos y apoyarnos.
Su personaje en la película es Mamá Boa, que representa precisamente esa idea de comunidad. ¿Cómo lo construyó y qué supuso para usted ponerse en su piel?
Lo trabajé desde el amor más puro. Y cuando digo amor, me refiero a una emoción tan intensa como cualquier otra, incluso el odio. Mamá Boa tiene esa dualidad porque puede ser profundamente maternal, pero también muy dura cuando es necesario. Es una figura que protege, que organiza y que sostiene a las demás pero no desde la imposición, sino desde la inteligencia. Es una líder que sugiere y guía, pero al final consigue que todo funcione. También es un personaje marcado por su historia. Es la mayor de la tribu, ha sobrevivido a muchas situaciones difíciles y eso le ha dado esa fortaleza. Pero al mismo tiempo conserva una cierta inocencia, muy poética, que la hace profundamente humana.
En la película también hay una reflexión sobre la identidad y los modelos heredados, como el matrimonio tradicional.
Sí, totalmente. Mamá Boa representa a una generación que creció intentando encajar en modelos heteronormativos. Por ejemplo, ese deseo de casarse de blanco y de reproducir ciertos rituales, en su caso, es algo muy simbólico porque acepta casarse porque su pareja fue la única persona que creyó en ella, en una parte de su historia que nadie más validaba. Eso habla de una necesidad muy profunda de reconocimiento. Hoy en día, muchas personas trans ya no necesitan reproducir esos modelos, pero en esa época era una forma de supervivencia emocional.
¿Qué lugar ocupa este papel en su carrera como actriz?
Todo eso ha supuesto un punto de inflexión total. Yo hago cine desde 2009, pero este proyecto ha sido como mi examen de grado. No tengo formación académica en interpretación, soy una actriz de lo que yo llamo ‘corriente natural’ y el impacto de un personaje como Mamá Boa ha sido enorme. Por primera vez, la gente me reconoce en la calle y me pide fotos. Son cosas que nunca pensé que me pasarían. Pero también intento vivirlo con mucha lucidez porque sé que este momento es efímero y puede durar muy poco. A mí me gusta considerarlo ‘visibilización’, y no ‘fama’. A pesar de todo, estoy profundamente agradecida, pero sigo con los pies en la tierra.
Precisamente, ¿cómo está reaccionando el público al mensaje que trata de trasmitir esta película? ¿Le ha sorprendido algo en especial?
Muchísimas cosas. Hace poco me ocurrió algo muy fuerte porque una mujer me reconoció en el metro en Santiago de Chile. Me dijo que había sido una persona homófoba y transfóbica toda su vida, y que la película le cambió completamente esa visión. Eso es impresionante, que alguien transforme su forma de pensar con tan solo ver una película demuestra el poder que tiene el cine cuando cuenta bien las historias. Todavía existen muchos prejuicios, siguen prevaleciendo ideas muy antiguas que son incluso peligrosas. Pero cuando muestras humanidad, cuando cuentas desde la verdad, algo se mueve en las personas.
«La gente ama esta historia, ama el mensaje que trasmite, y eso es supera cualquier expectativa»
«La gente ama esta historia, ama el mensaje que trasmite, y eso es supera cualquier expectativa»
En esa línea, ¿cómo invitaría al público a ver la película?
Les diría que vayan sin prejuicios. Con la mente abierta y los sentidos atentos. Que no intenten encasillar lo que van a ver. Es una historia que trae sabiduría del pasado, reinterpretada en el presente y proyectada hacia el futuro. Y después, me encantaría que compartieran lo que sintieron porque ahí es donde realmente ocurre la magia, cuando la historia continúa en el diálogo con el público.
En ese sentido, ¿diría que el cine sigue siendo una herramienta de transformación social?
Absolutamente. El cine es un medio mágico. Nos permite reconocernos en el otro, entender realidades que no son la nuestra. En nuestra comunidad trans, por ejemplo, usamos mucho el humor, a veces humor negro, como mecanismo de defensa. Nos reunimos, compartimos y sanamos juntas. Aún así, eso no es exclusivo de las personas trans, porque lo hacen todos los grupos humanos. Al final, todos nos congregamos para sanar o para celebrar. Y esta película muestra precisamente eso: cómo un grupo de personas se reúne para sobrevivir emocionalmente.
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