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Kamila Ferreira, superviviente de explotación sexual y activista: "Hay zonas de Canarias plagadas de pisos en los que se ejerce la prostitución"

La brasileña, víctima de trata y tráfico de personas, cayó en manos de unos proxenetas a los 14 años y, a los 27, ya era «muy mayor para ejercer».; ahora, desde fuera, habla sin tapujos de un sistema que le robó su libertad

Kamilia Ferreira, una mujer víctima de trata y prostitución.

Kamilia Ferreira, una mujer víctima de trata y prostitución. / Andrés Gutiérrez Taberne

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Claudia Morín

Claudia Morín

Santa Cruz de Tenerife

La brasileña Kamila Ferreira creció rodeada de miseria, en el seno de una familia pobre. Su hermano falleció con solo siete años y su madre, que era quien mantenía la casa, enfermó después de perder a su hijo. La joven, que por ese entonces tenía solo 14 años, tuvo que hacerse cargo de un hogar que carecía de ingresos. Un día, unos hombres tocaron en su puerta para ofrecerle un empleo como niñera. Ella aceptó y se fue de casa. Para sus abuelos, su nieta se había ido a otra provincia para ejercer como cuidadora interna, pero la realidad es que estaba en la misma ciudad, como prostituta, en una de las muchas casas de citas que existían. "Los proxenetas no solo me robaban a mí, también le quitaban dinero a mis seres queridos porque sé que no les daban todas las ganancias que tenían conmigo", relata la víctima.

En esos primeros momentos, ni siquiera era consciente de que estaba siendo víctima de trata, una violación de derechos humanos y un delito grave que consiste en captar personas mediante la fuerza o el engaño con fines de explotación. "Yo no sabía y menos en aquella época -en la década de los 90-, fui realmente consciente cuando comencé con el activismo; hasta hace muy poco se decía trata de blancas y yo no soy blanca, soy una mujer racializada", señala.

Según subraya, su primer episodio violento no se produjo cuando entró en la prostitución, pues antes de eso hubo un familiar que abusó de ella. "Para mí no era agradable estar con hombres mayores, muchos de ellos podían haber sido mis padres o mis abuelos, pero fue mucho más desagradable ser abusada por una persona cercana que por un desconocido", confiesa. Por ese entonces, apunta, parece que el proxeneta incluso "te hace un favor" porque las recoge y les proporciona un techo y un plato de comida. Sin embargo, la realidad es que son ellas mismas, con su cuerpo, las que pagan todo eso.

Kamilia Ferreira, una mujer víctima de trata y prostitución.

Kamilia Ferreira, una mujer víctima de trata y prostitución. / Andrés Gutiérrez Taberne

Tráfico de personas

Los hombres que explotan a mujeres como ella también se coordinan entre sí para hacer intercambios. "Ahora sé que eso se llama tráfico de personas y que es un delito, pero en ese momento yo no era consciente y eso es lo que ocurre con muchas víctimas que, por falta de conocimiento, ni siquiera diferencian la trata del tráfico", advierte. Ella, en concreto, en 1993 fue trasladada hasta las afueras de Valencia, donde continuaría ejerciendo hasta los 27 años.

Para los proxenetas, rozar los 30 años era envejecer: "Están acostumbrados a explotar niñas de 14 y 15 años, una mujer de 27 ya era muy mayor para ellos". Cuando consideraron que Ferreira estaba "muy vieja", la bajaron de categoría y la vendieron a otra gente. Fue así como llegó a Tenerife, donde la metieron en un chalet con otras mujeres de distintas nacionalidades.

Sin tiempo para vivir

La brasileña destaca que la vida de una meretriz no es una vida normal. "La casa funciona las 24 horas, los siete días de la semana y tú estás ahí encerrada. La madrugada es el momento de mayor actividad, por lo que cuando todo se tranquiliza solo tienes ganas de dormir", detalla. A su parecer, las mujeres víctimas de explotación sexual son "una manada de leonas hambrientas". Por este motivo, cuando aparece una suculenta gacela -o, en este caso, un putero- intentan matarse entre sí, no por él, sino por el dinero que tiene. "En estos pisos prevalece la ley del más fuerte", reconoce.

También son mujeres con mucha carga. "Yo, con solo 14 años, me convertí en proveedora de mi familia y tuve que mantener a una madre enferma, a mis abuelos que ya eran ancianos y al resto de integrantes", recuerda. En este sentido, precisa que en Latinoamérica tienen un concepto distinto de familia que incluye desde tíos y primos lejanos hasta vecinos de toda la vida. "Todos vivían de mí y yo lo tenía normalizado, creía que era un oficio como otro cualquiera, pero al convertirme en feminista y abolicionista descubrí que la prostitución es la esclavitud del siglo XXI y que el sistema en sí fue creado para explotar a mujeres como yo", afirma.

Nada similar a las películas

A diferencia de lo que se ve en las películas, la prostitución nunca podrá romantizarse: "Es una mentira, todas las mujeres que están dentro pertenecen a la clase obrera, vienen de familias pobres". Así, argumenta que la guerra y los fracasos políticos también las empujan a este mundo. "En las casas de citas de España se ven muchas mujeres venezolanas y ucranianas", añade.

Muchas afectadas ni siquiera llegan a ver la luz al final del túnel. A Ferreira, como ella misma dice, le ha pasado "de todo y un poco más", pues ha sido víctima de "todo tipo de abusos". Su vida era un infierno e incluso intentó suicidarse varias veces. Su suerte cambió en 2018, cuando salió en un reportaje en el que hablaban del cierre de los prostíbulos de la calle Miraflores, en la capital chicharrera. En esa época, todas tenían miedo de que las sacaran de ahí y, por ello, se animó a participar.

Una mano amiga

Tras ese reportaje, una conocida política salió del Parlamento de Canarias, ubicado a un par de metros de distancia de la casa en la que ella ejercía, en su búsqueda. Le contó cómo era su vida y le animó a empezar a dar charlas. Durante los primeros encuentros todavía estaba en situación de prostitución, pero todo cambió cuando se topó con la que ahora es su mejor amiga, una española que trabajaba en una ONG que atendía a perfiles como el suyo. "Cuando me conoció me invitó a un café y le resumí mi historia en dos horas, fue entonces cuando me ofreció un trabajo, más bien, me dio la caña y me enseñó a pescar para que yo pasara de estar marginada a tener una vida digna", revela.

En 2019, casi un año después de su primera charla, empieza su segunda vida. La brasileña consiguió un contrato para trabajar en la limpieza y se agarró a esa oportunidad "con uñas y dientes". En estos momentos, compagina ese empleo con la escritura de su segundo libro. Ferreira dejó atrás la prostitución, pero no quiso olvidarse de ella. Al contrario, se ha convertido en activista porque quiere hablar sin tapujos de este sistema para que "ninguna mujer sufra lo que ella vivió y para que ningún niño sea un depredador sexual en un futuro". Su primera obra, España, la Tailandia europea, es "bastante incómoda" porque cuenta lo que nadie cuenta sobre los proxenetas, las madames y los puteros.

La realidad de Canarias

En este segundo libro habla de prácticas sexuales poco comunes y de cuestiones como que muchos jóvenes reúnen dinero para irse de putas y de cómo en España hay familias en las que cogen al niño y lo llevan a prostíbulos para que "aprendan a ser hombres". Desde su perspectiva, en Canarias hay un gran problema con la prostitución. "En Santa Cruz de Tenerife, por ejemplo, paseas por el centro y muchos pisos son casas de citas; las cuentas no cuadran, yo creo que ocho de cada diez hombres son consumidores", defiende.

La activista tiene un don para recordar caras. "Me acuerdo del rostro de todas mis compañeras y de todos los puteros, además, es una isla pequeña y es muy fácil verlos por la calle", asevera. En esta línea, también considera que son muy pocas las mujeres que, como ella, logran salir de ese sistema porque no es nada sencillo. "Ahora estoy en contacto con una chica que quiere recorrer el mismo camino que yo ya hice, le estoy enseñando todo lo que aprendí porque cuantas más seamos mejor; para acabar con esta explotación hay que contar todo lo que sufrimos y todo lo que vemos dentro, eso sí, siempre desde el respeto", concluye.

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