El escritor Antonio Cabanas narra la vida cotidiana en Egipto durante la construcción de la Gran Pirámide
'El hijo de la pirámide' es la nueva novela del escritor de origen canario que sale a la venta el jueves 7 de mayo, y está ambientada en el reinado de Keops

El escritor de 'El hijo de la pirámide'. / El Día

El escritor de origen grancanario Antonio Cabanas regresa a las librerías este jueves 7 de mayo con El hijo de la pirámide, una novela que traslada al lector al corazón del Antiguo Egipto, en pleno reinado de Keops. A través de unas páginas cargadas de emoción, rigor histórico y personajes profundamente humanos, el autor propone un viaje a la construcción de la Gran Pirámide, aunque desde una perspectiva poco habitual, la de aquellos que levantaron esta imponente construcción. Con esta novela, Cabanas vuelve a demostrar su capacidad para convertir la historia en una experiencia cercana y emocionante y, aunque desde la distancia del tiempo, habla de una realidad más cercana de lo que parece, de las pasiones, los sueños y la eterna necesidad del ser humano de dejar huella.
El hijo de la pirámide llega a las librerías este jueves. ¿Cómo definiría este nuevo libro y qué encontrará el lector en sus páginas?
Se trata, ante todo, de una novela de aventuras con un fuerte componente histórico. El lector va a viajar 4.500 años atrás, en torno al año 2600 antes de Cristo, durante el reinado de Keops en Egipto. Pero no se trata solo de contemplar la construcción de la Gran Pirámide, sino de vivirla desde dentro. He querido crear un marco histórico absolutamente riguroso, basado en todo lo que hoy sabemos, para que el lector se sienta dentro de esa época. Pero, al mismo tiempo, es una historia muy humana porque también hay relaciones personales, conflictos, ambiciones y luchas de poder. Es decir, todo lo que forma parte de la vida, independientemente del momento histórico del que estemos hablando.
Habla de rigor histórico. ¿Cuánto hay de documentación y cuánto de imaginación en la novela?
La documentación ha ocupado una parte fundamental del proceso. En este caso, estuve aproximadamente un año investigando antes de empezar a escribir. Es una época complicada porque nos remontamos a los orígenes de la historia escrita, pero aun así hay muchas evidencias arqueológicas que nos permiten reconstruir ese mundo con bastante precisión. Por ejemplo, sabemos cómo era la ciudad que se construyó para los trabajadores que levantaron la pirámide, cómo se organizaban las cuadrillas, qué comían y hasta qué salario recibían. A partir de ahí, introduzco personajes ficticios que se mueven dentro de ese escenario real. También aparecen personajes históricos, sobre todo relacionados con la familia del faraón, aunque ahí hay muchas lagunas y también espacio para la interpretación.
Uno de los elementos más sorprendentes del libro es la descripción de la vida cotidiana en torno a la pirámide.
Sí, porque rompe muchos tópicos. Tendemos a imaginar a los constructores como esclavos, pero no era así. Estamos hablando de una sociedad organizada, con trabajadores especializados y bien alimentados. Se calcula que llegaron a vivir unas 25.000 personas en la ciudad levantada para la obra. Y no todos trabajaban directamente en la pirámide porque también había panaderos, carpinteros, artesanos o médicos y tenían todo lo necesario para sostener una comunidad de ese tamaño. Y hay un dato que siempre llama la atención y es que había un médico por cada cien habitantes. Eso nos da una idea del nivel de desarrollo y de la importancia que se daba al bienestar de la población en aquella época.
¿Cree que esa parte más cotidiana es lo que más va a sorprender al lector?
Sin duda. La logística de aquella obra es impresionante. Antes de colocar la primera piedra, el faraón tuvo que organizar una ciudad entera, planificar suministros y coordinar a miles de personas. Es un ejemplo de planificación a gran escala que sigue asombrando hoy, y todo eso está documentado. Sabemos incluso cómo se llamaban las cuadrillas de trabajadores, cuánto recibían de salario, muchas veces en alimentos, y cómo se organizaban.
La construcción de la Gran Pirámide sigue generando teorías de todo tipo. ¿Cómo aborda ese tema en la novela?
Con mucho respeto por la evidencia. Yo no entro en teorías extravagantes. Me baso en lo que sabemos y en lo que resulta razonable a partir de los estudios existentes. La clave es la logística y la observación. Los egipcios eran grandes observadores del entorno, del cielo y de la naturaleza. Eso les permitió lograr cosas que hoy pueden parecer increíbles, pero que tienen una explicación. En el libro se cuenta, por ejemplo, cómo orientaron la pirámide o cómo nivelaron el terreno y son procesos que están documentados y que muestran una gran inteligencia técnica.

La portada de la nueva novela de Antonio Cabanas. / El Día
Aun así, El hijo de la pirámide no es un libro técnico.
No, en absoluto. Yo huyo de eso. No quiero dar una lección de arquitectura ni de ingeniería porque lo importante son los personajes, sus emociones, sus decisiones y sus conflictos. Eso es lo que engancha al lector y lo que hace que la historia cobre vida.
De hecho, usted ha dicho en varias ocasiones que escribe sobre el ser humano más que sobre la historia.
Exactamente. Yo siempre digo que soy un ‘furibundo seguidor del ser humano’. Lo que me interesa es contar historias de personas. La historia es el escenario, el contexto. Pero lo que realmente mueve mis novelas son los personajes. Intento que el lector se identifique con ellos y que los sienta cercanos, aunque vivieran hace miles de años.
¿Quién es el protagonista de El hijo de la pirámide?
Un hombre del pueblo, un picapedrero. A través de su mirada conocemos el mundo que lo rodea. Es alguien que vive, trabaja, se enamora y sufre como cualquiera de nosotros. Y es precisamente esa mirada la que permite entender la magnitud de lo que estaban haciendo. No desde el poder, sino desde la experiencia cotidiana.
Pero también hay espacio para las intrigas en la corte.
Sí, porque fueron muy intensas. La familia de Keops es un terreno complicado desde el punto de vista histórico, pero sabemos que hubo luchas de poder importantes. Y ahí las mujeres tenían un papel clave. En el Antiguo Egipto, las mujeres tenían una posición mucho más relevante de lo que solemos imaginar. De hecho, eran ellas las que transmitían la sangre real. Eso generaba conflictos muy fuertes entre las reinas para colocar a sus hijos en la línea de sucesión.

Atnonio Cabanas en Egipto. / El Día
¿Cómo ha sido el proceso de escritura de esta novela?
Largo. Entre la investigación y la escritura, se ha prolongado durante unos dos años. Además, yo escribo primero a mano, lo que hace que el proceso sea más lento. Pero también es una forma de conectar más con la historia. Luego viene el trabajo de pasar el texto, revisarlo y pulirlo. Es un proceso exigente, pero necesario.
¿Necesita descansar después de un proyecto así?
Muchísimo. Cuando termino un libro, necesito desconectar. Borrar mi disco duro para no repetir ideas ni personajes. Intento que cada novela sea independiente, que el lector pueda leerla sin necesidad de conocer las anteriores. Y para eso es importante tomar distancia.
Tras tantos años escribiendo sobre Egipto, ¿aún le quedan historias que contar?
Siempre. Egipto es una fuente inagotable. Cada periodo, cada personaje y cada rincón tiene algo que contar. Pero lo importante no es tanto el lugar como la historia que quieres narrar. Yo parto de los personajes, de lo que quiero contar sobre ellos, y luego busco el escenario adecuado.
¿Qué trata de transmitir al lector con esta novela?
Quiero que disfrute, se emocione y viaje, y que mire la Gran Pirámide con otros ojos para que entienda que detrás de esa obra hay miles de personas con sus historias y sus vidas.
Si no me equivoco, hay una historia muy curiosa sobre el final del libro.
Sí, es algo que recordaré siempre. Terminé la novela dentro de la Gran Pirámide. Fue de madrugada, completamente solo. Pedí permiso para entrar y, en ese silencio tan especial, escribí la última página. Fue una experiencia muy intensa, casi mágica.
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