Rosana: «La fama no te cambia, la fama te delata»
La cantautora lanzaroteña regresa a la esfera pública con ‘OMOW’ un proyecto que busca acercar la música a la gente y romper las barreras impuestas por la industria. En plena gira la artista reflexiona sobre su camino, su relación con la fama y el sentido de volver.

Rosana / La Provincia
Maria Muñoz
OMOW es propósito y destino. La artista nació con una semilla en el fondo de su alma y solo han bastado 62 años para que ella, desde la madurez y el sosiego, le pudiera dar forma. Por eso el parón. Por eso se bajó de los escenarios. Quiere llevar la música a la calle; romper barreras y acercarse al público. Quiere cambiar el mundo. Ese que un día se lo dio todo. «Deseo compartir más cosas, no solamente terminar de borrar esas pequeñas barreras que hay entre el escenario y la gente. El plan es focalizarnos en el encuentro, ¿no? En eso que hace posible saber que eso a lo que llamamos público es en realidad gente con nombre propio, apellido, familia, amigos y vida».
Hablar de Rosana es hablar de honestidad, de despojo de lo artificioso, de canariedad y, sobre todo, de regreso; aunque ella asegura no haberse ido nunca.
Son las siete y diez de la tarde en el Archipiélago y a pesar de que la artista está de gira internacional presentando OMOW nos atiende in extremis desde Colombia, con una diferencia horaria de seis horas. Sorprenden la afabilidad, cercanía y sinceridad con la que habla.
La entrevista comienza hablando precisamente de eso. De la fama y de su público. No se siente en deuda con ellos pero sí eternamente agradecida «Todo se lo debo a la gente». La cantautora confiesa que una de las primeras broncas que tuvo fue cuando le dijeron -probablemente alguien del mundillo de la música- que el artista tenía que ser más inaccesible, más inalcanzable. Una idea egótica del «yo» de la que sin dudarlo Rosana se deshizo: «Eso no va conmigo».
Y el devenir de la conversación nos lleva a un tema de actualidad: Quevedo. El joven artista canario, de 24 años, acaba de lanzar su nuevo disco.
En una de sus nuevas canciones, la que canta junto a los Gofiones, Quevedo se refiere a la fama con estas palabras: «Hace mucho tiempo se me cayeron mis ídolos, por eso ustedes nunca me van a conocer, no me les quiero caer». ¿Qué le parece su reflexión?

Universo OMOW, el nuevo proyecto de la cantautora lanzaroteña Rosana Arbelo / La Provincia
Todavía no he tenido la suerte de escucharlo, en cuanto me den unos segundos lo haré pero según lo que me has leído, veo fundamentalmente dos cosas: la primera es miedo. Y ese miedo uno lo tiene que enfrentar. Y por otro lado, habla de gente, del mundo de la música o de otro ámbito, que cambia su forma de ser según con quién esté. A mí eso no me ocurre. Yo no me desdoblo. Soy la misma delante y detrás, así que no me importa que la gente me conozca porque encontrarán siempre a la misma persona. Se suele dar por hecho que la fama cambia a las personas pero no es verdad. Siempre digo lo mismo y lo seguiré diciendo: la fama no te cambia, la fama te delata.
Desde luego estamos, como diría Eduardo Galeano, una de las voces más influyentes de América Latina en el siglo XX, ante una mujer «sentipensante»: piensa sintiendo y siente pensando. Sentir y pensar a la vez sin divorciar la cabeza del cuerpo ni la emoción de la razón es de una gran sensibilidad y quizás fue esa percepción tan fina la que hizo que colonizase el centro neurálgico del pop castellano en los años 90.
Pero esperen, retrocedamos un poco en el tiempo.
Unos años antes de aquel pistoletazo de salida, en 1963, Rosana Arbelo Gopar nacía en el seno de una familia conejera -gentilicio popular de los lanzaroteños-. En Arrecife. Ella, hermana menor de siete, recibió un buen día el mejor regalo que su padre, pescador de la zona, podía hacerle: una guitarra.
Así, y aquí, empezó su historia.
A la eda de ocho años , la pequeña empezó a componer sus propias canciones y con ellas nació su lenguaje musical. Un estilo único, emocional y relajado, en el que el ritmo de las mareas y la quietud volcánica formaron su gramática. Aunque seguramente si Rosana echara la vista atrás también recordaría lo que su familia asegura que fueron sus primeros pinitos musicales: la interpretación de El Danubio azul, a la tierna edad de tres años.
Es el 30º aniversario de ‘Lunas Rotas’, el disco debut de mayor éxito de la historia de la música española, que vendió más de tres millones de copias en todo el mundo
Años más tarde, a los veinte, la canaria viajó maleta en mano a Madrid con el objetivo de profesionalizar su intuición melódica. Y, efectivamente lo consiguió, pero no de la manera en la que muchos creen. Antes de que el público conociera su rostro, la industria musical ya dependía, y mucho, de su tinta. En 1994, compuso Ladrón de amores para el dúo Azúcar Moreno, un exitazo que demostró su capacidad para generar ritmos pegadizos y de gran calidad lírica.
Ese mismo año, todavía desde el anonimato, Rosana volvió a demostrar su talento. Los televisores de los españoles sincronizaron la televisión pública para disfrutar del Festival de Benidorm. Una edición que ganó Esmeralda Grao cantando, vestida de negro y con coleta bien arriba, el tema Fuego y miel compuesto por la lanzaroteña. «Juegas a ser sal y dulzura; llenas mi piel de fuego y miel» cantaba Grao, con gran entonación en el Auditorio Julio Iglesias.
Por cierto, hablando de fuego: «a fuego lento tu mirada». ¿Se acuerdan, no? Es una de las letras que escribió en 1996, se cumplen ahora 30 años, para su álbum Lunas Rotas. Ahora sí, cantada por ella misma. Fue su primer salto a la esfera pública como cantante y, por supuesto, su publicación provocó una onda expansiva en el mercado discográfico sin parangón hasta el momento. Se convirtió en el disco debut más exitoso de la historia de la música española, y alcanzó la certificación de disco de diamante, vendiendo más de un millón de copias en el mercado nacional y superando los tres millones de copias a nivel mundial. Aunque, si hay que destacar una canción de ese primer disco, sería El Talismán:
Yo soy la tierra de tus raíces / El talismán de tu piel lo dice / Yo soy la tierra de tus raíces / Lo dice el corazón y el fuego de tu piel, ay / Yo soy la tierra de tus raíces / El talismán de tu piel lo dice / Yo soy la tierra de tus raíces / A ver que dices tú.
El tema se alzó como un himno generacional, alcanzó el número uno de las listas de éxitos en agosto de 1996 y se mantuvo en esa posición durante catorce semanas consecutivas. Una absoluta revolución musical.
La conejera, que entonces tenia solo 32 años pasó de ser una desconocida a ser una superventas aclamada por la crítica y por el público. De hecho así rezaban algunos titulares de la época: «La apoteosis de una voz anónima» (La Vanguardia), «Ni los más veteranos del negocio musical recuerdan un fenómeno similar» (Tiempo), «Melodías sencillas y sinceras pero sobre todo cantadas desde el alma» (ABC), «Un éxito de andar por casa» (El Periódico).
Su fama, traspasó fronteras y pantallas. Tanto, que hasta la esfera cinematográfica cayó rendida a su arte. El director y productor estadounidense Quentin Tarantino seleccionó dos de sus temas, Lunas rotas y El talismán, para la banda sonora de la película Curdled -en español: Tú, asesina, que nosotros limpiamos la sangre-. Un gesto que, aparte de validarla en la esfera musical, le abría las puertas del mercado anglosajón y europeo. Pero, ¿a qué precio?
El nuevo plan de Rosana, ‘OMOW’, no se crea para ser entendido, se crea para ser vivido a través de una docuserie, una gira musical y un proyecto social
Cinco meses después de su primer lanzamiento la cantante confesó a un medio de comunicación español estar abrumada y agotada por el boom. «Mi vida era trabajar el disco y compaginarlo con el deporte, algo que empiezo a hacer ahora después de cinco meses de locura». En esa entrevista, también confesaba ser perfeccionista. «Gasto muchas hojas, porque escribo en una y como no me guste, en vez de escribir abajo, tiro la hoja y empiezo con otra. Soy condenadamente perfeccionista, he estado a punto de tirar muchos temas de este disco». ¡Suerte que no lo hizo!
Los años pasan y en 2001 lanza su homónimo Rosana, grabado entre Los Ángeles y España. Con él abre una nueva línea artística; un pop-rock más contundente pero sin abandonar el peso del ritmo latino. La artista se justificó y habló de este cambio como un «enamoramiento» de nuevos sonidos. Las ventas, aunque menores que las astronómicas de su primer trabajo, se mantuvieron en cifras muy respetables dentro del panorama musical español.
Así era Rosana, una de las artistas más rentables y respetadas de la industria y tremendamente celosa de su privacidad.
Pero ¿quién dice que personaje y vida privada no pueden ir de la mano? Rosana, lo tuvo claro. En su vida privada no se colaba nadie. Si entrabas era por invitación y cercanía. «Yo a la gente le quiero vender sólo y exclusivamente música [..] Cuando quieres compartir tu vida creo que debes decidir con quién o con quiénes».
En esos años de éxtasis y fervor protegió sus espacios con absoluta ferocidad; se negó a mostrar sus rincones favoritos de Lanzarote y tampoco permitió que las cámaras entraran en su cotidianidad madrileña.
Esta impenetrabilidad también alcanza lo económico. Preguntas como «¿Cuánto dinero tienes en tu cuenta bancaria» caerían en saco roto. Entre otras cosas porque ni ella lo sabe. No por soberbia sino por humildad y por fidelidad a su personalidad antiheliogabálica. Para ejemplo un botón: Rosana le pidió a su representante que nunca le dijera cuánto dinero tenía en el banco; su única condición era que solo la avisara si un día iba a comprar un instrumento y no podía pagarlo.
Sobra decir que esta dicotomía entre la transparencia emocional de sus canciones y el hermetismo de su vida más privada hizo de Rosana una mujer con mucho magnetismo y misterio. Una postura que ha mantenido hasta hoy día. Pocas pinceladas personales ofrece. En esta ocasión, mantiene la misma línea argumental. Un discurso pensado y estudiado. No se sale del guion profesional.
En 2019 la conejera finalizó su gira Como en casa tras tres años de duración y cientos de ciudades visitadas. El cierre dio paso también a una retirada temporal de los escenarios. Hoy sabemos el por qué.
Durante estos siete años, la compositora se alejó de los focos para reconectar con su origen y reflexionar sobre la función que tiene la música en un mundo emocionalmente fragmentado. La artista confiesa que solo espera conseguir una reducción del suicidio infantil y de la soledad no elegida: «No quiero que exista tanto suicidio en los niños ni que haya tanta gente sola. Me gustaría que las cosas se encauzaran un poquito más para el ser humano. Se lo merece. No es justo todo lo que está pasando. Los cimientos de las emociones humanas se tambalean y eso me parece una putada del tamaño del universo».
Con estas palabras está haciendo referencia a su plan, así quiere ella que lo llamemos. Lo ha bautizado como OMOW (Otro mundo, Nuestro mundo). Cualquier adjetivo se hace chico para describir lo que la artista ha creado en estos años de silencio. OMOW se aleja de lo preconcebido, de lo creado. Ni es un disco, ni una gira. Es, en su definición más llana y compleja a la vez, un universo creativo que busca devolverle a la gente todo lo que le ha dado durante estos años.
El regreso de Rosana en este 2026, converge sobre tres realidades tangibles: arte, tecnología y compromiso social. Por un lado se encuentra la docuserie ¡Mejor Vivir Sin Miedo!. Un viaje íntimo a sus orígenes y a su filosofía que, seguro, no dejará indiferente a nadie. En junio de este año se emitirá en Amazon Prime; un proyecto que, además, viene con novedad porque en este trabajo Rosana se estrena como guionista y directora: «No es que yo me crea ahora directora de nada, pero sí sabía que, de alguna manera, había una parte que tenía que gestar yo. Tenía muy claro cómo lo quería y cómo debía hacerlo».
El plan prosigue con la gira musical Vamos a Star, concebida como un espacio de encuentro. Al menos así lo describe ella. Busca que la música recupere su esencia como conector. El tour comenzará este verano en España.
Y por último, el proyecto social Más que Barrios. Una de las facetas más innovadoras de OMOW. Una idea que bebe de la tradición canaria del encuentro en la plaza y en la calle. Como los de su época en el Charco de San Ginés.
Hablar de Rosana es hablar de desnudo, en sentido literal y en sentido figurado. En su gramática musical se rasga las vestiduras y nos muestra lo más profundo de su ser. Ahora, toca seguir disfrutándola pero desde otro plano. Desde uno más humano, más cercano.
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