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'En la paz de mis desiertos': Julio Blancas desafía los ritmos acelerados con su arte en grafito en el Círculo de Bellas Artes

El espacio chicharrero celebra su centenario con un programa que reivindica el arte local de la mano del comisario Octavio Zaya

Varias de las piezas que forman parte de ‘En la paz de mis desiertos’.

Varias de las piezas que forman parte de ‘En la paz de mis desiertos’. / Arturo Jiménez

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

Una propuesta que mira al presente del arte insular sin perder de vista su memoria. Eso es todo lo que condensa En la paz de mis desiertos, la nueva propuesta del artista Julio Blancas en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, que se podrá visitar hasta el 6 de junio, y que estos días convive con otros proyectos expositivos en el enclave chicharrero ubicado en la calle Castillo. Octavio Zaya se encuentra al frente del proyecto curatorial. Precisamente él ha sido clave en la articulación del centenario que el Círculo de Bellas Artes celebra estos meses con un rico programa de actos y, expresa, ha planteado un giro estratégico. Así, frente a la tentación de apostar por grandes exposiciones internacionales, ha decidido centrar la mirada en el territorio de Canarias. Y ahí, Julio Blancas era una firma difícil de eludir.

«Celebrar este centenario implicaba también celebrar el arte de Canarias», indica Zaya quien añade que el programa, articulado bajo el lema Eso era antes, esto es ahora, se compone de seis exposiciones individuales y cinco colectivas, concebidas como un mapa de las prácticas artísticas contemporáneas en el Archipiélago. Lejos de ser una simple retrospectiva, la propuesta busca activar el presente creativo de Canarias, poniendo en diálogo a artistas emergentes con figuras consolidadas.

'La paz de mis desiertos'

En ese contexto, la exposición de Julio Blancas, La paz de mis desiertos, ocupa un lugar central. Considerado uno de los artistas más sólidos del panorama canario de las últimas décadas, su trabajo propone una experiencia estética que desafía los ritmos acelerados de la contemporaneidad. Tal y como señala Zaya, «en la obra de Blancas, el grafito deja de ser un medio para convertirse en materia viva». De este modo, los dibujos del artista grancanario, construidos a partir de la repetición paciente del trazo, generan superficies densas en las que el tiempo parece sedimentarse para crear las más variadas formas.

La referencia al territorio a través de barrancos, rocas o formaciones volcánicas está presente en estas piezas, aunque se plasma desde una visión más interior del propio artista. Las imágenes reconocibles se diluyen entre el negro del material elegido, que aporta profundidad, luz y memoria. Asimismo, Zaya insiste en que el desierto al que alude el título de la muestra no hace referencia al vacío, sino a un espacio de posibilidad, «un lugar de recogimiento donde lo esencial emerge».

Calma

El comisario insiste en que recorrer la exposición exige una actitud distinta puesto que las obras de Blancas invitan a una mirada lenta, casi táctil, que se detiene en los detalles y se deja absorber por la trama del grafito. «Cada pieza pide tiempo», subraya Zaya, quien añade que se trata de una «experiencia que va a contracorriente del ritmo habitual de nuestras vidas en la actualidad».

El gran mural que preside la exposición de Julio Blancas.

El gran mural que preside la exposición de Julio Blancas. / Arturo Jiménez

Lejos de producir su obra para exposiciones concretas, Julio Blancas desarrolla su práctica de manera constante, en un proceso continuo, por lo que las piezas presentadas en el Círculo de Bellas Artes son fruto de ese trabajo sostenido, especialmente de los últimos años, y han sido seleccionadas en diálogo entre el artista y los organizadores de la exposición. Entre ellas destaca una obra de gran formato que ocupa el fondo de la planta baja del espacio expositivo chicharrero. Zaya desvela que, más que una pieza concebida como tal, se trata del resultado de un proceso acumulativo. Así, durante más de cuatro años, distintos lienzos trabajados por el artista fueron dejando su huella en una tela que actuaba como soporte secundario. El resultado es una superficie cargada de imágenes, una especie de archivo material del propio acto de dibujar que ahora se convierte en protagonista. Así pues, esta pieza ha sido incorporada a la muestra por decisión de Zaya, quien vio en ella una oportunidad para revelar aspectos menos visibles del proceso creativo de Blancas.

Larga trayectoria

La trayectoria del artista grancanario, con presencia en colecciones internacionales y exposiciones en países como Alemania, Italia, Francia o Suiza, se caracteriza por una dedicación absoluta a la práctica artística. Su estudio es un espacio de trabajo constante que se encuentra ajeno a las dinámicas del mercado o a los calendarios expositivos. Precisamente, esa actitud se traduce en una obra que propone una relación diferente con el tiempo, y que es, como insiste Zaya, «más lenta, más densa y más consciente». Para Blancas, tras tantos años, el dibujo se ha convertido en un acto de permanencia, una forma de habitar el mundo desde la atención.

De este modo, el centenario del Círculo de Bellas Artes se plantea como una oportunidad para repensar el papel de esta institución en el presente de la ciudad. En ese sentido, propuestas como la de Julio Blancas no solo enriquecen la programación de este año de celebración, sino que invitan a detenerse, a mirar de otra manera y, quizás, a reconciliarse con el tiempo.

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