'Materia muda', de Atilio Doreste: el silencio como elemento clave en la percepción del arte
El artista explora la relación entre paisaje, sonido y materia en una muestra que busca despertar sensaciones más allá de la contemplación visual

Atilio Doreste junto a varias de sus obras en el Espacio Bronzo de La Laguna. / María Pisaca

Materia muda no es una exposición para ser contemplada sin más, sino que también busca ser percibida y, en ella, el silencio es una pieza más. El artista grancanario Atilio Doreste firma esta propuesta que nace de su experiencia íntima con el territorio que habita y con la que busca transformar lo intangible en materia. La muestra, abierta al público hasta el viernes 8 de mayo en el Espacio Bronzo de La Laguna, reúne dos años de trabajo en los que el artista ha profundizado en una línea de investigación que ya es una constante en su trayectoria y que no es otra que la relación entre el paisaje, el sonido y la materia.
Catedrático de Pintura en la Universidad de La Laguna (ULL), Doreste ha desarrollado una práctica híbrida en la que confluyen pintura, cerámica, instalación y arte sonoro. Todas estas disciplinas ahora dialogan sin jerarquías en la sala de arte lagunera. «Quien me conoce sabe que tengo tendencia a transitar los paisajes más descuidados, los llamados no lugares», explica el grancanario, quien no solo busca imágenes con su obra, sino también despertar sensaciones en el público a través del color de la tierra, la textura de los materiales e, incluso, el sonido ambiente.
Mapa Sonoro de Canarias
Durante años, el trabajo de Doreste se ha canalizado a través del arte sonoro, especialmente en proyectos como el Mapa Sonoro de Canarias, donde se registran manifestaciones del patrimonio cultural inmaterial del Archipiélago. En Materia muda, sin embargo, el sonido se transforma en objeto, volumen y superficie. En Bronzo, esa idea se traduce en un conjunto de piezas donde conviven cerámicas, pinturas y dispositivos sonoros que, en algunos casos, remiten directamente a instalaciones anteriores del creador a través de altavoces, subwoofers o estructuras que evocan auténticas vibraciones telúricas. Otras obras proceden de hallazgos en el territorio, como raíces secas de plantas que han quedado moldeadas por macetas abandonadas.
Todos esos restos orgánicos reaparecen en esta propuesta transformados en piezas de cerámica y, reflexiona Doreste, el paso por el fuego, un proceso indispensable para dar forma a la obra cerámica, convierte lo efímero en algo aparentemente estable.
Resonancia
Materia muda plantea, así, una continuidad entre procesos naturales y artísticos ya que el calor o la erosión encuentran su equivalente en el trabajo del horno, el esmalte o la manipulación del barro, relata el artista de origen grancanario, quien articula toda su propuesta a través de la idea de la resonancia. Gracias a ello, las piezas no están dispuestas al azar, sino que dialogan entre sí. Esa coordinación se percibe en la manera en que los objetos se distribuyen en la sala, creando tensiones, equilibrios y recorridos para el espectador. El resultado es una instalación que funciona como un organismo unitario.
Aunque su práctica artística se ha diversificado, Atilio Doreste sigue definiéndose como pintor. Esa raíz se hace visible en toda la exposición, incluso en las piezas tridimensionales ya que la superficie, el color y la textura atraviesan cada obra. Más allá de un gran cuadro que preside la muestra, en algunas piezas, el óleo se convierte en volumen, dando lugar a lo que él denomina «oleotaxonomías», es decir, composiciones en tres dimensiones que funcionan como una especie de «arqueología pictórica» y en las que combina incluso la cerámica o metal, difuminando los límites entre disciplinas.
Retrato
Así pues, en ese gran cuadro también hay espacio para formatos más reconocibles, como el retrato. En él aparecen jóvenes en tránsito hacia la edad adulta, figuras que simbolizan un momento de cambio y de definición personal que tanto interesan al creador y que, como en el resto de la muestra, convierten lo individual en una metáfora de aspectos mucho más amplios.

Varias de las piezas de Doreste en Bronzo. / María Pisaca
El proceso creativo de Doreste, en lo que se refiere al tiempo, dista mucho de ser lineal. Frente a la inmediatez que caracteriza a la pintura –aunque la finalización de algunos de sus cuadros le lleva semanas–, la cerámica introduce una temporalidad distinta, marcada por la espera y la incertidumbre. Así, una pieza puede tardar meses en completarse e, incluso, romperse en el horno en cuestión de segundos sin llegar a estar finalizada. «Es una relación entre acierto y error, entre caos y orden», resume el grancanario.
Complejidad técnica
Y a todo ese arduo proceso se suma el coste de los materiales, la complejidad técnica y la necesidad de un espacio de trabajo adecuado. En la actualidad, el artista desarrolla su práctica en su propio taller de Tenerife, donde conviven pintura, cerámica y experimentación sonora.
Materia muda propone una forma distinta de relacionarse con el arte y con el entorno y trata de que el público sea capaz de percibir lo que normalmente pasa desapercibido, las huellas del tiempo y los restos. Además, cada una de las piezas de Doreste está condicionada por el paisaje que lo rodea, por lo que está profundamente marcado por la actividad volcánica y la presencia del mar. Sin embargo, sus piezas condensan esa identidad sin recurrir a representaciones literales. Con todo ello, Materia muda invita, en el Espacio Bronzo, a que el público se detenga a mirar con atención y a reconocer en la materia una memoria latente. En tiempos de saturación visual como los actuales, esta muestra plantea una experiencia más lenta y más densa para el visitante, donde el silencio no es ausencia, sino otra forma de presencia.
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