Mujeres canarias que se abren camino en trabajos ‘masculinos’
Las mujeres son minoría en aquellos ciclos que implican una inserción laboral más rápida, como la carpintería, la electricidad o la automoción; mientras llenan las aulas en la formación textil, sanitaria y química

Un aula de Formación Profesional en el CIFP Los Gladiolos de Santa Cruz de Tenerife. / La Provincia
Noelia Naya cursaba Bachillerato en un instituto de Tenerife y se decantó por la rama tecnológica. Fue la única alumna en su clase. La situación se repitió cuando decidió matricularse en dos grados superiores tradicionalmente masculinizados y, hoy, es una de las dos únicas mujeres de su empresa que ejercen como técnicas de mantenimiento. Carmen González se convirtió en la primera chica en estudiar el ciclo de Instalaciones Térmicas, animada porque su padre había regentado durante años una empresa de frío. Gloria Cáceres y Virginia Plasencia dejaron atrás sus trabajos en el Ejército y en una estación de servicio para alimentar sus intereses por la carpintería y la informática. Y Sara Gil sorteó obstáculos mientras veía cómo sus compañeros recibían más tareas de soldadura que ella.
Son algunos de los nombres de mujeres que se abren camino en profesiones donde los hombres son mayoría. La brecha de género se evidencia en las aulas de la Formación Profesional (FP) pues en el sector industrial, que requiere mano de obra urgente, las mujeres solo representan un 5%, según los datos de 2024. En cambio, son mayoría en las formaciones sanitarias, químicas y en ciclos como Administración y Gestión, Imagen Personal, Servicios Socioculturales y a la Comunidad, y Textil, Confección y Piel.
Así lo vivió también Noelia Naya, una joven tinerfeña de 26 años a quien siempre le interesaron las asignaturas técnicas y que decidió empezar una carrera de Ingeniería Electrónica. Pronto se dio cuenta de que había otras alternativas que le atraían más y decidió formarse en dos ciclos de Sistemas Electrotécnicos y Automatizados y Energías Renovables en el CIFP César Manrique y en el IES San Matías. «Nunca me he sentido sola, al final siempre hay alguna persona que te hace el típico comentario machista, pero son muy pocos», asegura.

Noelia Caya - Técnica de mantenimiento / La Provincia
Las personas que conocen a Noelia Naya, tinerfeña de 26 años, siempre se sorprenden cuando les revela que dedica su día a día a subirse a aerogeneradores para comprobar que todo esté en orden. La técnica de mantenimiento llega a su puesto de trabajo a las siete de la mañana y no pone reparos para dirigirse a las imponentes máquinas y revisar sus conexiones. «En ningún momento he tenido que demostrar ni más fuerza ni más valentía que nadie. No sé si es porque he tenido suerte, pero siempre he trabajado igual que mis compañeros», confiesa.
La técnica atribuye la falta de mujeres en estas profesiones a los prejuicios de algunas personas que creen que no tienen el «aguante físico» para realizar las tareas. «Cuando cuento en lo que trabajo, la gente se asombra porque ven que soy una persona muy femenina y me encanta el maquillaje», explica.
En la familia profesional de Instalación y Mantenimiento, las aulas están repletas de varones: la presencia femenina en sus estudios no llega al 5%. En el caso del ciclo de Mantenimiento de Instalaciones Térmicas y de Fluidos del CIFP San Cristóbal, en Las Palmas de Gran Canaria, Carmen González, de 26 años, fue la primera en inscribirse en toda su historia. «Me llevé una sorpresa muy grande cuando me lo contaron, pero la verdad es que tuve mucho apoyo y todos se volcaron conmigo», recuerda.
Carmen González - Oficial de mantenimiento: «Ser la única me hace autoexigirme para demostrar mi valía»
Carmen González es oficial de mantenimiento de instalaciones en Clece, una prestigiosa empresa del sector. Su llegada se remonta al final de sus estudios, cuando es contactada para realizar las prácticas con ellos. «Nada más terminar las prácticas, me ofrecieron un puesto», recuerda. Durante dos años y medio, trabajó en un puesto de mantenimiento, pero con el tiempo fue escalando en la empresa hasta llegar a su posición actual. «El camino fue tedioso, pero gané muchos otros conocimientos por el camino», valora la oficial.
Las tareas que realizan en la empresa son muy variadas y dependen de los contratos que tenga. «Trabajamos con maquinaria. Las inspeccionamos para comprobar que todo está bien, limpieza, seguimiento de su estado, toma de datos, instalaciones o reparaciones», relata González.
Ser la primera mujer en estudiar esta formación y trabajar en una empresa predominantemente masculina ha terminado por crear en ella una autoexigencia para demostrara su valía: «Si necesito que me ayuden en algo, siento que debo compensarlo haciendo bien las cosas, que no me puedo permitir un error», cuenta. Sin embargo, la exigencia es propia y «no es que realmente tus compañeros te exijan, sino una cuestión personal».
González lo ejemplifica con una situación anecdótica: al ir a por mercancía a algún proveedor, a ella le «suelen ayudar más»: «A lo mejor me cargan el coche o me atienden más. Mis compañeros me dicen que en 30 años nunca le han cargado el coche». La oficial cuenta que, tal vez, «a otra mujer le pueda molestar, al pensar que lo hacen porque creen que ella no puede. Sin embargo, yo me lo tomo como una simple ayuda». A las jóvenes que dudan en acceder al sector, las anima a intentarlo, porque «nunca sabes si te gusta hasta que estás ahí».
González no lo tuvo claro desde el principio y se fue guiando por su hermano, estudiante de Ingeniería, y por su padre, que fue empresario del sector. «Entré un poco sin saberlo, pero me gustó desde el primer momento». La joven cree que la falta de información sobre los FP en los institutos es una de las causas que derivan en la falta de presencia femenina en estos estudios: «Yo no lo descubrí hasta que no me topé con intentar estudiar una carrera, que es lo que te suelen inculcar desde pequeña», cuenta.
En el caso de las formaciones relacionadas con la madera, si bien la presencia femenina se duplica respecto a la familia de la Instalación, continúa sin llegar a los dos dígitos y representa solo un 8%. Gloria Cáceres, de 49 años, estudió un ciclo de Carpintería y Mueble en el CIFP Tony Gallardo de la capital grancanaria. Cuenta que, a pesar de que en su clase solo había tres mujeres, nunca le supuso un problema: «Vengo de un mundo en el que hay más chicos: antes fui militar y estoy acostumbrada a tratar más con hombres que con mujeres».

Gloria Cáceres - Corte de madera y construcción / La Provincia
Gloria Cáceres realizó las prácticas del ciclo en la empresa teldense Maderas Vega Rocha hace cuatro años. Desde entonces, trabaja con dedicación en su pasión, la creación de muebles a partir de la materia prima. «Estoy muy cómoda aquí, la verdad es que es la empresa en la que me gustaría jubilarme», cuenta la grancanaria. Valora positivamente el ambiente de trabajo en el que desarrolla su actividad, en el que, a pesar de haber pocas mujeres, todos son iguales y se apoyan los unos a los otros. En ese sentido, afirma que, «aunque hay más hombres que mujeres», trabajar la madera «no es una profesión solo de chicos», y anima a aquellas jóvenes que dudan si entrar por el qué dirán a que «si les gusta, que vivan sus sueños».
En su caso, eligió el sector de la carpintería por su afán por el trabajo manual y por la sensación que tiene durante el proceso «de construir algo desde cero hasta desarrollar el producto final». Sin embargo, entiende que puede no llamar la atención de algunas mujeres, pues «muchas se decantan por ramas como la sanitaria».
Giros profesionales
En el caso de Virginia Plasencia, de 40 años natural de Tenerife, la decisión de dejar la estación de servicio en la que trabajaba desde hacía una década para estudiar un ciclo formativo de Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma en el CIFP César Manrique causó «bastante sorpresa y muchas dudas» en su entorno. Algunos no entendían por qué quería dar un giro en su rumbo profesional y apostar por un sector tecnológico que sigue siendo bastante masculinizado.

Virginia Plasencia - Desarrolladora Cloud / La Provincia
Virginia Plasencia, una tinerfeña de 40 años, no se arrepiente de haber dejado su puesto en una estación de servicio para convertirse en una desarrolladora cloud. Cada mañana entra a las siete a la oficina, donde es una de las dos únicas mujeres que integran un equipo de 16 informáticos. Participa en reuniones de coordinación, mejora los sistemas y resuelve las incidencias, entre otras tareas. Desde siempre reconoce que le «atraía la tecnología, aunque sea un sector tradicionalmente dominado por los hombres» y no tuvo miedo de dar el salto.
A pesar de los prejuicios, no nota que haya tenido que demostrar más que sus compañeros para avanzar en el sector. «El ambiente de trabajo es bastante colaborativo y cada vez se oye más interés por parte de las empresas en fomentar equipos diversos dentro del ámbito tecnológico», admite. Ahora, su objetivo es continuar con la especialización y la formación profesional, algo que considera «primordial» para poder alcanzar nuevas metas.
«Decidí intentarlo porque siempre me habían gustado los ordenadores y la tecnología y sentí que era el momento de formarme en algo que me motivara», dice. En clase eran cuatro mujeres frente a 29 hombres. «Deberíamos perder ese miedo y darle visibilidad a las profesiones tecnológicas porque somos igual de capaces», subraya.
Sara Gil es una ingeniera mecánica de 25 años de Gran Canaria. Su atracción por el sector del frío y la climatización no fue satisfecha durante la carrera, por lo que decide ingresar en un ciclo medio de Instalaciones Frigoríficas en el CIFP San Cristóbal. «Al principio, mi pareja me comentaba que iba a tener problemas al entrar en un ciclo en el que son todos hombres. Yo ni me lo planteé», recuerda Gil.

Sara Gil - Ingeniera calculista / La Provincia
«He tenido compañeros que no están acostumbrados a estar con una mujer»
Sara Gil lleva un año trabajando como ingeniera calculista en una empresa del sector del frío industrial y comercial. Concretamente, realiza cálculos en instalaciones frigoríficas, elabora proyectos de ingeniería, presupuestos y se encarga de las peticiones de material. A pesar de que se trata de un puesto de máxima responsabilidad, eso no la ha librado de vivir situaciones machistas en su entorno laboral. «En una reunión a la que asistí, hice una corrección sobre una obra que se estaba realizando. El jefe de obra me dijo, literalmente, que no sabía para qué había venido yo, que yo ahí no servía de nada». Cuando sus compañeros han hecho correcciones similares, no han sufrido ese mismo trato, critica la ingeniera. Sin embargo, anima a que las chicas que estén interesadas en trabajar en su sector lo hagan sin miedo, porque «se van a encontrar con situaciones machistas en todos los ámbitos de su vida, y no pueden dejar que eso las haga renunciar a la vida que quieren».
En su caso, era la única mujer en una clase de seis alumnos, lo que la llevó a sufrir situaciones machistas tanto por parte de sus compañeros como de algunos profesores. «En las clases de taller, yo veía cómo a mis compañeros les mandaban a hacer cosas chulas, como soldar, mientras que yo estuve todo el mes barriendo», cuenta la ingeniera. Son cinco de las historias de mujeres que rompen barreras en mundos que -otrora- eran para hombres.
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