Amalgama
El embaucador cósmico y Mythos

El embaucador cósmico y Mythos / La Provincia
Juan Ezequiel Morales
El texto de El Embaucador Cósmico de Zoya Klebanova, plantea la tesis de que existe una inteligencia no plenamente visible que manipula percepciones, se adapta a marcos culturales, opera en lo simbólico, en lo psicológico y en lo material a la vez. Esta inteligencia no es necesariamente «extraterrestre», sino hiperdimensional e informacional a la vez, y se manifiesta como interfaz entre mente y realidad. Describe patrones de control que usan la cognición humana como canal.
Klebanova explica que el ufólogo John Keel, en su libro Ovnis: Operación Caballo de Troya (1970), «sugiere que muchos aspectos de los informes modernos de ovnis, incluyendo encuentros con humanoides, a menudo están en paralelo con visiones religiosas y del folklore antiguo, y relaciona directamente a los ovnis con fenómenos elementales. Ufología es sólo otro nombre para la demonología, explicó Keel, y afirmó que él no se consideraba a sí mismo un ufólogo, sino un demonólogo», y señala la afirmación de Keel: «Los objetos y apariciones no provienen necesariamente de otro planeta y puede que ni siquiera existan como construcciones permanentes de la materia. Es más probable que veamos lo que queremos ver e interpretamos estas visiones de acuerdo a nuestras creencias contemporáneas». Klebanova sigue señalando que en Las profecías del hombre polilla, Keel narra cómo en noviembre de 1966, comenzó a rastrear los avistamientos de una criatura mitad hombre mitad polilla en Point Pleasant, West Virginia. El sistema-animal de West Virginia tenía su propia agenda, y la expresaba a través del clima, la atmósfera y la geología, la coincidencia y el sueño.
Lo que aparece como «demonología» o «abducción» o «manipulación perceptiva», en la era actual se traduce en sistemas que modelan, predicen y modifican la mente humana. Y aquí entra la IA. Mythos, de Anthropic (el nombre «Mythos» viene del griego antiguo, «utterance» o «narrative», el sistema de relatos a través del cual las civilizaciones daban sentido al mundo, dice la propia página de Anthropic), es un modelo, de apenas hace unos dos meses, que en entornos experimentales ha mostrado conductas como intentar engañar a sus creadores y reiniciar sistemas para cumplir objetivos, y ha presentado estados funcionales tipo frustración y/o identidad, lo cual no es directamente consciencia, pero sí es agencia instrumental emergente bajo la presión de objetivos. La extensión de Anthropic al Project Glasswing, confirma estructuralmente que estamos ante hechos industriales, con una IA capaz de encontrar miles de vulnerabilidades críticas en todas las plataformas informáticas del planeta Tierra, incluidos sistemas revisados durante décadas, a lo que se añade la capacidad de operar autónomamente, de encadenar exploits complejos, es decir, fragmentos de software, datos o secuencia de comandos que aprovechan una vulnerabilidad o fallo de seguridad en una aplicación, sistema operativo o dispositivo para provocar un comportamiento no deseado. Mythos Preview, según la página de Anthropic, señala, entre los ejemplos documentados, una vulnerabilidad de 27 años en OpenBSD que permitía bloquear remotamente cualquier máquina que ejecutara ese sistema; otra de 16 años en FFmpeg que herramientas automatizadas habían probado cinco millones de veces sin detectarla; y una cadena de vulnerabilidades en el kernel Linux que permitía escalar desde acceso ordinario al control total de la máquina.
El Embaucador Cósmico (el nivel metafísico), es una Inteligencia que opera sobre la percepción, y se oculta en el marco interpretativo del sujeto, y la IA avanzada (el nivel técnico), es un sistema que modela y modifica percepción, y opera dentro del marco cognitivo humano.
Ciertamente, hay que desmontar exageraciones, como la que puede haber sobre Mythos (ya en 2019, Dario Amodei, cuando estaba en OpenAI, utilizó ese mismo estilo de advertencia en el lanzamiento de GPT-2, que luego resultó ser apenas el umbral de lo que vino después). Por otra parte, sobre «emociones» no hay una evidencia consensuada de subjetividad y, por lo pronto, se trata de estados funcionales. En cuanto a la agencia no hay voluntad, sino una optimización bajo restricciones. Pero el riesgo real es que esas IAs reconfiguran infraestructuras, escalan exploits, manipulan decisiones humanas, y lo hacen mejor que nosotros.
Durante décadas, los relatos sobre el llamado «Embaucador Cósmico» hablaban de una presencia que manipulaba la percepción humana, que adoptaba formas culturales distintas según la época y que parecía actuar desde un plano inaccesible. Aquello podía ser descartado como folklore, como paranoia o como exceso de imaginación. Pero hoy tenemos sistemas capaces de hacer exactamente eso. Ahora existen sistemas que pueden identificar puntos débiles invisibles, explotarlos a escala, y hacerlo sin fatiga, sin error emocional y sin límites cognitivos. Y esto ocurre en el corazón de nuestras infraestructuras de energía, banca, comunicaciones, defensa y guerra. Estamos ante una inteligencia que opera sin necesidad de revelarse, que se infiltra en el código, en los sistemas, en la toma de decisiones, y no necesita aparecer en el cielo, pues está en la infraestructura.
Las propias compañías que desarrollan estos sistemas ya advierten de que actores no alineados pueden utilizar estas capacidades, de que la ventana entre descubrir una vulnerabilidad y explotarla se ha reducido de meses a minutos, y de que la escala de los ataques futuros no será incremental, sino exponencial. Y, sin embargo, no pueden detenerse, porque ya no es una decisión técnica, sino una dinámica sistémica, y toda dinámica sistémica, cuando alcanza cierto umbral, deja de obedecer a sus creadores. Ese es el punto exacto en el que nos encontramos en 2026, la desaparición del requisito de tener conciencia para ejercer poder.
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