Matadero Madrid acogerá los proyectos de las jóvenes tinerfeñas Lucía Dorta Abad y Oumaima Manchit Laroussi
Ambos proyectos, seleccionados e impulsados por TEA, coinciden en su interés por la construcción de la memoria, con la oralidad como principal vehículo de transmisión

Las jóvenes Oumaima Manchit y Lucía Dorta durante los primeros días de trabajo en Matadero Madrid. / El Día

El TEA Tenerife Espacio de las Artes da un paso más en su apuesta por la creación contemporánea y selecciona a la comisaria Lucía Dorta Abad (Los Silos, 1998) y a la artista Oumaima Manchit Laroussi (Boujdour, 2001) para trabajar durante tres meses en el Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid. Esta es la primera vez que se desarrolla una iniciativa de estas características y permitirá a las creadoras desarrollar sus propios proyectos en un entorno profesional que combina producción, investigación y acompañamiento institucional.
Cada una de las seleccionadas –dos perfiles jóvenes pero con trayectorias ya consolidadas en el ámbito cultural– recibirá 7.500 euros, además de la cobertura de sus traslados y el acceso a espacios de trabajo, zonas comunes y asesoramiento especializado. Sus progresos podrán verse en las Jornadas de Puertas Abiertas previstas para el 12 y 13 de junio. Para ambas, esta oportunidad supone un punto de inflexión puesto que esta oportunidad llega en un momento muy importante las dos.
Investigación colectiva
Aunque seleccionadas en categorías diferentes, ambos proyectos dialogan entre sí. Por un lado, Lucía Dorta Abad desarrollará Cuentos de fantasmas para antes de dormir, una investigación colectiva –en el que curiosamente también participa Manchit Laroussi junto a Narelys Hernández y Sofía Martín Digiuni– que entiende la curaduría como un espacio de encuentro y acompañamiento. Por otro lado, Oumaima Manchit Laroussi abordará un proyecto artístico centrado en la memoria oral y las narrativas heredadas en contextos africanos. «Son dos proyectos distintos, pero están muy impregnados entre sí», explica Manchit Laroussi, quien añade que «participo también en procesos vinculados a la propuesta de Lucía, así que hay una contaminación constante entre ambos trabajos».

Oumaima Manchit Laroussi / El Día
En su caso concreto, su investigación se centra en cómo los relatos orales –especialmente aquellos transmitidos en espacios íntimos y nocturnos– han construido imaginarios sobre los cuerpos femeninos en comunidades del norte de África. «Trabajo sobre esas historias que, muchas veces, han demonizado o convertido en monstruo a las mujeres. Son narrativas atravesadas por la colonización, que esconden capas de violencia», señala la joven de 25 años nacida en el Sáhara.
Oralidad
Aunque es la primera vez que aborda este tema de forma tan específica, su trayectoria artística siempre ha estado vinculada al lenguaje y la oralidad. «Siempre he intentado generar afecto y cercanía hacia los cuerpos femeninos a través de la palabra», añade. Ahora, el traslado a Madrid, lejos de suponer un obstáculo, puede ser una ventaja para su propuesta, ya que en la capital «hay más generaciones de familias de origen africano y estas conversaciones han empezado antes, lo que facilita mucho el trabajo y el contacto con las comunidades». Su propuesta plantea la creación de un archivo vivo que no busca cerrar heridas, sino habitarlas: «Queremos preguntarnos qué parte del miedo pertenece al mito y cuál a la historia, qué cuerpos han sido convertidos en leyenda para no nombrar la violencia que los atravesó». Este enfoque conecta con debates contemporáneos sobre colonialidad, representación y construcción de identidades que sitúan además la práctica artística como una herramienta crítica.
«Para mí, la curaduría es una práctica artística en sí misma, una forma de mediación»
De este modo, los dos proyectos seleccionados para protagonizar estas residencias en Matadero Madrid coinciden en un mismo tema: la construcción de la memoria y los relatos que la sostienen. En el caso concreto de Manchit Laroussi, ubica esta reflexión en las comunidades donde la oralidad ha sido históricamente el principal vehículo de transmisión del conocimiento. «Mi trabajo se sitúa entre el lenguaje, la memoria y la resistencia porque me interesa recoger saberes que han sido desplazados por la imposición del lenguaje escrito como única forma válida de historia», explica la artista, quien también ha comenzado a trabajar en su tesis doctoral.
Curaduría
En paralelo, Lucía Dorta Abad plantea su proyecto desde una concepción expandida de la curaduría, porque la entiende «como una práctica artística en sí misma, una forma de mediación que genera encuentros y acompaña procesos». Su propuesta se articula como un laboratorio colectivo de escritura, lectura y escucha y explica que «investigamos la autorrepresentación de las disidencias desde la escritura colaborativa, contaminándonos unas a otras desde perspectivas feministas interseccionales y teorías queer».

Lucía Dorta Abad. / El Día
Cuentos de fantasmas para antes de dormir adopta, así, la forma de un club de lectura-escritura en el que los relatos se construyen de manera compartida, desdibujando la autoría individual. «Nos interesa entender cómo se cuentan las historias, no solo qué se cuenta. El texto se convierte en imagen, en un dispositivo narrativo que cuestiona los marcos tradicionales del conocimiento», añade.
Oportunidad
En el caso de Dorta Abad, la residencia en Matadero permitirá mejorar las condiciones materiales del trabajo colectivo. «Llevamos tiempo trabajando desde ciudades distintas. Ahora, Matadero nos ofrece recursos para cuidar mejor los procesos, desde los honorarios hasta la posibilidad de materializar los relatos en publicaciones autoeditadas».
«Trabajo sobre historias que han demonizado a las mujeres, que están atravesadas por la colonización»
De este modo, las dos seleccionadas para realizar estas residencias en Matadero Madrid forman parte de una generación de creadoras que aborda el pasado, no como un archivo cerrado, sino como un campo de tensiones que sigue operando en el presente. «Volver al pasado nos permite entender por qué se siguen produciendo ciertas persecuciones o violencias que muchas veces se consideran justificables», apuntan las jóvenes.
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