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El rodaje de 'Golpes a mi puerta' encara sus últimos días en la Isla y aborda los límites entre la fe, la ley y la conciencia

Patricia Ortega dirige la película que se centra en un conflicto interno y cuenta con un reparto encabezado por Mimi Lazo, Bárbara Cuesta y Daniel Arias

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

El rodaje de Golpes a mi puerta avanza en su recta final y, después de pasar por Toledo, hace suya estos días la antigua fábrica de tabacos Philip Morris de Santa Cruz de Tenerife. Dirigida por Patricia Ortega y con un guion del oscarizado Nicolás Giacobone (premio al Mejor guion original por Birdman) junto a Cecilia Libster, la película ha instalado su núcleo de producción en Tenerife hasta este viernes 17 de abril, ya que también ha rodado en diferentes enclaves de La Laguna y de la capital.

El proyecto arrancó el pasado 4 de marzo en Toledo y se ha desarrollado durante seis semanas de trabajo con un equipo técnico y artístico que ronda los 55 profesionales. La propuesta narrativa de la película se adentra en un terreno moral complejo puesto que la historia se centra en dos religiosas que deben decidir el destino de un hombre acusado de terrorismo que llama a su puerta en mitad de la noche. Mientras que darle refugio implica convertirse en cómplices, entregarlo es una condena a muerte. Este dilema abre una reflexión sobre los límites entre la ley, la fe y la conciencia en un contexto político marcado por la polarización ideológica. El reparto está encabezado por Mimi Lazo, Bárbara Cuesta, Daniel Arias y Ramiro Blas, con la participación especial de Neus Sanz y Vladimir Cruz. Cada uno de ellos encarna una posición ética frente al conflicto.

Las monjas

La actriz Bárbara Cuesta, una de las voces emergentes del reparto, da vida a Úrsula, la más joven de las dos religiosas que reciben al presunto terrorista. La intérprete, recién llegada del Miami Film Festival, donde acaba de presentar Eva y Adán en Miami, afirma que su papel está marcado por la intensidad emocional y la inexperiencia vital. Durante el rodaje en Tenerife, describe su personaje como «una persona profundamente pasional, que vive todo con intensidad pero desde la contención que implica su vocación». Esa dualidad entre impulso y disciplina se convierte en uno de los motores dramáticos de la historia.

La intérprete, que llega al proyecto tras el estreno de otro largometraje, destaca el ambiente de trabajo en la Isla, con jornadas intensas que comienzan temprano y con ensayos constantes con la directora, una dinámica de equipo que define como «muy humana». En ese sentido, Cuesta subraya el aprendizaje que le está aportando compartir escena con intérpretes de larga trayectoria como Mimi Lazo o Daniel Arias, ya que «estoy aprendiendo sobre todo humildad porque son actores muy grandes, pero también con una calidad humana enorme».

Conflicto moral

Cuesta también habla del reto que supone encarnar a una monja en un contexto tan cargado de conflicto moral. Lejos de abordarlo desde la distancia, la joven actriz madrileña busca puntos de conexión personal con su personaje y explica que «no se trata tanto de la fe religiosa, sino de aquello en lo que uno cree profundamente. Desde ahí he construido el personaje de Úrsula».

La directora Patricia Ortega durante el rodaje en Tenerife.

La directora Patricia Ortega durante el rodaje en Tenerife. / Andrés Gutiérrez

Por su parte, Vladimir Cruz asume un papel breve pero decisivo en la trama. Su personaje, el padre Emilio, aparece hacia el final de la cinta como una figura clave en el conflicto interno de Ana, la monja interpretada por Mimi Lazo. «Se habla de él durante toda la película, y cuando aparece no resuelve el conflicto, sino que lo expone con mayor claridad», resume el actor con una dilatada carrera internacional. El intérprete habla de la complejidad de preparar un personaje que se concentra en una única jornada de rodaje puesto que la escena es extensa, de gran carga dramática y exige precisión y síntesis. «Tienes menos tiempo en pantalla para explicarte, así que todo debe estar muy condensado. Pero el esfuerzo es el mismo que en cualquier otro papel», afirma ya caracterizado del padre Emilio.

Moralidad

El actor hispano-cubano también reflexiona sobre la construcción de personajes moralmente ambiguos. En su caso, el cura que interpreta presiona a la protagonista para que tome una decisión concreta, lo que podría situarlo como el antagonista de la historia. Sin embargo, matiza que «ningún personaje cree que está haciendo el mal y siempre encuentra razones para justificar sus actos», por eso reflexiona y sentencia: «Ese es el trabajo del actor, entender todas las razones».

En ese contexto, Golpes a mi puerta se perfila como una película con una fuerte carga ética y política, que apuesta por un cine de conflicto interior más que por la acción externa. Se trata de una historia donde los personajes no solo enfrentan decisiones extremas, sino que se ven obligados a redefinir sus propias creencias en un mundo donde las certezas parecen desmoronarse.

Obra coral

A pocos días de finalizar el rodaje en Tenerife, el equipo encara la última fase de producción con la sensación de haber construido una obra coral, donde cada pieza contribuye a un relato que busca interpelar al espectador. Patricia Ortega se pone al frente de esta empresa para la que, no obstante, ya tiene cierta experiencia, puesto que en su ópera prima, Yo, imposible, ya abordó temas complejos y obtuvo la Espiga Arcoíris en la Seminci. Consolidó su presencia internacional con Mamacruz, estrenada en el Festival de Sundance. Ahora, con este nuevo largometraje, Ortega profundiza en su interés por los dilemas humanos en contextos límite puesto que aborda una historia incómoda, sin respuestas fáciles, que coloca al público frente a la misma pregunta que persigue a sus protagonistas.

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