El tinerfeño Leandro Pérez, entre los primeros pacientes que logran adaptar su puesto de trabajo al párkinson
El usuario de Párkinson Tenerife, al dar la bienvenida al medio siglo, también dejó entrar en su día a día a un okupa, como él mismo se refiere a la enfermedad que limita su carrera profesional, sus actividades más cotidianas y sus sueños de futuro

El tinerfeño Leandro Pérez en la asociación Párkinson Tenerife / Arturo Jiménez
Leandro Pérez es uno de los muchos ejemplos dentro de la asociación Párkinson Tenerife de que la enfermedad no tiene edad. En su caso, empezó a notar los síntomas en las tareas más cotidianas. «Yo me cepillaba los dientes y llegaba un momento en que, haciendo ese movimiento repetitivo, no podía parar», asegura. Su familia notaba que arrastraba un pie y, en el trabajo, los compañeros también sospechaban que algo no iba bien.
Esas pequeñas alertas le motivaron a visitar a su médico de cabecera, que le derivó al neurólogo. Seis meses después de esa primera consulta recibió la noticia: tenía párkinson con solo 53 años. «Lo primero que sientes es negación, te preguntas cómo es posible que te esté ocurriendo a ti, pero luego empiezas a pensar quién te puede ayudar», detalla.
El tinerfeño cree que el trabajo de la administración pública se queda corto. «Sobre todo necesitaba información, me metí en Google, encontré la asociación, vi que casualmente su sede estaba cerca de donde yo vivía y decidí acercarme. Tuve una primera reunión con la psicóloga y, a partir de ahí, se me abrió un mundo nuevo, tenía a alguien hablando el mismo idioma que yo», resalta.

Leandro Pérez junto a María Candelaria, una compañera de Párkinson Tenerife / Arturo Jiménez
Sin ir más lejos, la semana pasada acudió a un taller en la entidad para hablar sobre la incapacidad laboral, uno de los grandes quebraderos de cabeza cuando la enfermedad llega antes que la jubilación. Pérez, por ejemplo, recibió la baja al mismo tiempo que el diagnóstico y tuvo que esperar por una resolución 18 meses que, como él mismo destaca, se hicieron eternos.
Cambio en la normativa
Su caso es curioso porque en ese periodo cambió la normativa. «Antes, si tenías una incapacidad permanente la empresa estaba obligada a darte el finiquito y te quedabas sin trabajo; ahora, en cambio, te pueden adaptar el puesto», explica. Él, por tanto, fue una de las primeras personas en solicitar este reajuste para evitar que su economía limitara su vida. «Son meses de mucha incertidumbre, en todos los sentidos», detalla.
En palabras de Pérez, conocer las vivencias y los testimonios de sus compañeros en la entidad le ha ayudado a no sentirse solo en este recorrido. Así, añade, los jóvenes de la asociación tienen un grupo y hacen sesiones de terapia en las que «nadie juzga a nadie». Pese al fuerte estigma que aún arrastra el párkinson, estos usuarios han logrado sacar una importante lección de vida: «Tenemos que adelantar todo lo que queremos hacer porque quizás mañana sea tarde».
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