La guerra de Trump asfixia a las constructoras en Canarias
La escalada del conflicto en Irán encarece los materiales, desborda los presupuestos y amenaza con ralentizar y paralizar las obras en el Archipiélago

Trabajadores de la construcción en un edificio en Canarias. / Andrés Cruz
La expresión ‘el tiempo es oro’ nunca fue tan literal para el sector de la construcción. El mercado inmobiliario vive un periodo de «caos, mucha preocupación e incertidumbre», explica María Salud Gil, presidenta de la Asociación de Constructores de la provincia de Las Palmas, debido a la guerra en Irán. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha provocado el encarecimiento de toda la cadena productiva, desde el transporte de los materiales, el gasoil que emplea la maquinaria en las obras y la inflación en la compra de productos que empeora con el paso del tiempo. En este contexto en el que apenas este lunes Trump amenazaba con «la muerte de toda una civilización», y finalmente el mundo despertó con un alto el fuego que da una tregua de dos semanas para el «paso seguro» por el canal, los expertos esperan un fuerte aumento en los costes, paralizaciones y la ralentización de proyectos. Mientras, los más afectados serán los propios ciudadanos.
El aluminio, uno de los principales materiales para la creación de casas, está cambiando su precio en el mercado hasta tres veces en un mismo día. Pero no solo el aluminio, otros productos derivados del petróleo como el PVC, el polietileno y el poliestireno también sufren esta variación de precios en cuestión de 24 horas. Y donde antes se elaboraban presupuestos mensuales, ahora se deben modificar de media cada dos días. ¿Pero, en qué se traduce esta situación? Pues que el sector vive en una incertidumbre constante, y es incapaz de aproximar los costes de las obras que tienen en marcha, convirtiendo la idea de iniciar un nuevo proyecto prácticamente en una utopía.
«Es un disparate. Ya no tenemos seguridad al presentar ninguna estimación de los costes», asegura Isidro Martín, delegado en Canarias de la Asociación Profesional de Expertos Inmobiliarios (APEI). En este sentido la decisión de las constructoras puede variar entre adelantar los proyectos para esquivar el encarecimiento de los materiales o, por el contrario, en la paralización de las obras por la preocupación de no poder asumir los gastos.
El cierre del estrecho de Ormuz, a causa de la guerra que inició Estados Unidos junto a Israel, se traduce en el bloqueo de uno de los canales más importantes del comercio internacional por el que pasa una quinta parte del petróleo mundial. Con los combustibles al alza se ha encarecido el transporte marítimo por el que llegaban los materiales de fabricación. En concreto los fletes desde China se han encarecido un 30% y los procedentes de África, un 13%.
Rentabilidad de la construcción
A todo ello se suma que los costes de construcción ya venían encareciendo en más de un 30% desde 2020. Solo el año pasado, el incremento se situó entre el 5% y el 6%, y la escalada del conflicto hace prever subidas aún mayores. Las consecuencias son claras: un sector cada vez más tensionado, que ya apenas registraba una rentabilidad del 3,1% en la edificación de viviendas. En este contexto, la falta de oferta en las Islas se agrava ante los problemas de viabilidad y rentabilidad del sector, lo que termina frenando la inversión y el desarrollo de nuevas promociones. Si a esta realidad se le añade la incertidumbre sobre los precios derivada de la guerra, la situación, tal y como advierten los especialistas en la materia, resulta «preocupante».
Una de las soluciones más inmediatas que está adoptando el sector es la construcción de viviendas de menor tamaño. Y no tanto porque el modelo familiar tienda a reducir su número de miembros, sino por una cuestión presupuestaria. Con el precio del metro cuadrado situado en 3.269 euros en el Archipiélago, según el portal inmobiliario Idealista, resulta evidente que cuanto menor sea la superficie construida, más fácil será ajustar unos presupuestos que pueden dispararse en cualquier momento. Por ello, las propias promotoras empiezan a recomendar viviendas de dimensiones más reducidas y, en el caso de que sea posible, soluciones que permitan optimizar al máximo el espacio disponible.
Obra pública
En cuanto a la obra pública, la situación es de parálisis casi total. La razón principal es que los costes no se han adaptado a la realidad actual, ni en 2026 ni en los años previos. El resultado es que las licitaciones quedan desiertas o apenas despiertan interés porque las condiciones no ofrecen una rentabilidad que haga viables los proyectos.
¿Y quién sufre el efecto de la guerra en el sector? Pues los compradores y la ciudadanía en general. El conflicto pone el foco en una falta de oferta de inmuebles en las Islas que potencia una crisis habitacional con precios que van a seguir aumentando.
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