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Las fibras de la ropa "amenazan" el ecosistema marino canario

Un estudio de la ULL alerta de que al poner la lavadora se filtran microplásticos de las fibras textiles que van a parar al océano

Presencia de microplásticos en la costa de Tenerife

Presencia de microplásticos en la costa de Tenerife / Andrés Gutiérrez

Virginia Reyes

Santa Cruz de Tenerife

La ropa con la que nos vestimos cada día es una «amenaza invisible» para el ecosistema marino canario. Las fibras de las que están hechas nuestras prendas, la mayoría formadas por una ingente cantidad de microplásticos, están llegando a nuestros mares sin que ni siquiera nos percatemos de ello. Lo hacen a través de la lavadora, que las escupe hacia las depuradoras que estas diminutas partículas invasoras atraviesan sin dificultad, llegando casi intactas al océano.

Así lo concluye un reciente estudio que forma parte de la tesis doctoral de la química de la Universidad de La Laguna (ULL), Cristina Villanova Solano, que ha encontrado por primera vez en Canarias, de que los microplásticos no solo se desprenden de los tejidos en cada lavado doméstico, sino que están truncando la vida en el mar.

El origen de este problema se debe al tipo de «partículas que forman las fibras textiles», tal y como explica Vilanova. Varios estudios previos estiman que un solo ciclo de lavado de seis kilos de ropa puede liberar unas 700.000 fibras. «El agua de nuestras lavadoras va directa a las depuradoras que, por el momento, no son capaces de retener todas las partículas», insiste Villanova.

Las diminutas partículas se cuelan en el organismo de los animales marinos

Para llevar a cabo este estudio, Villanova analizó sedimentos, organismos marinos y el agua de treinta localidades canarias costeras que recogió ella misma. Ninguno de los puntos de costa analizados estaba tan afectadas por la contaminación de microplásticos como Caleta de Sebo en La Graciosa y La Restinga en El Hierro. Según la investigadora, esto se debe a que ambas localidades se encuentran «dentro de un puerto» lo que genera «más residuos». Tras este primer sondeo, Villanova pretende ampliar el estudio a zonas portuarias en las que se den las «mismas condiciones» para «contrastar» estos datos y comprobar si estas partículas se generan sólo allí. De ser así, se confirmaría que los residuos no provienen de «las corrientes», sino que se trata de un problema de «contaminación local».

Las ballenas son las principales víctimas

Además de detectar los puntos más contaminados de las Islas, el estudio ha tratado de mostrar su impacto en la vida marina. En concreto, la investigación demuestra, por primera vez, que el impacto del microplástico en animales marinos como los pepinos de mar y los erizos no solo se debe a que «comen» plástico por error.

Las partículas también se adentran en sus organismos durante el «intercambio gaseoso». Un proceso común en estas especies que consiste en «bombear agua del entorno hacia su interior» para obtener oxígeno. Según declara la investigadora, esto provoca que las fibras textiles queden retenidas en sus túbulos de cuvier. El órgano de defensa de estas especies.

Un erizo de mar envuelto en plásticos.

Un erizo de mar envuelto en plásticos. / E. D.

Este proceso de contaminación también afecta al krill, que es el principal alimento de las ballenas. Tras analizar casi un millar de ejemplares de este pequeño animal la investigadora confirma que «una sola ballena puede ingerir hasta 16 millones de estos organismos». Estos cetáceos, por tanto, «bioacumulan» una cantidad ingente de microplásticos en su interior. Y la «megafauna marina» se convierte así en una de las principales víctimas de los residuos que generamos al lavar la ropa.

Para llevar a cabo este estudio en condiciones óptimas, los investigadores realizaron un protocolo estricto para evitar la contaminación cruzada. En concreto, el equipo del estudio utilizó batas de color naranja porque la literatura científica no describe partículas de dicha tonalidad. De esta forma, la experta podía descartar la «fibra de ese color» sabiendo que procedía de su propia vestimenta y no del ecosistema marino. Pese al avance normativo en lo que se refiere al control de la contaminación por microplásticos, los investigadores consideran que no es suficiente. «Hoy en día se le está dando más importancia a la problemática de los microplásticos en la Unión Europea», explica Villanova, quien sin embargo exige una «legislación mundial». De ahí que reivindique la necesidad de «establecer políticas que permitan comparar datos de diferentes partes del mundo de forma eficaz».

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