Entrevista | JL Martín Historietista, fundador de ‘El jueves’
JL Martín (cofundador de 'El jueves') celebra 50 años de humor gráfico: «Ahora es bastante más difícil hacer humor que en 1977»
El dibujante celebra medio siglo en el humor gráfico con una exposición en Santa Cruz de Tenerife y la publicación de un libro

JL Martín frente a algunos de los dibujos que componen la exposición en Santa Cruz de Tenerife. / María Pisaca

José Luis Martín Zabala, más conocido como JL Martín, es uno de los fundadores de la revista El jueves y estos días cumple 50 años en el sector del humor gráfico en España. La Fundación Cine+Cómics le rinde homenaje con una exposición que se podrá visitar hasta el mes de junio en la nueva sede de la institución en Santa Cruz de Tenerife y la publicación de un libro.
¿Qué importancia tiene para el sector contar en España con una organización como la Fundación Cine+Cómics que existe en Tenerife?
No puedo tener mejor opinión sobre la Fundación. De hecho, me fascina que exista gente con las ganas, la perseverancia y el impulso de Francisco Pomares, su presidente, y su equipo porque hacer una cosa así no es sencillo. Además, creo que hacerlo en Santa Cruz de Tenerife es bastante más difícil que hacerlo en Madrid o en Barcelona, por lo que tienen mi admiración infinita. Es un trabajo que hay que apoyar y por eso estoy encantado cada vez que asisto.
Precisamente el trabajo que realizan le ha permitir a usted ahora viajar por sus 50 años de trayectoria artística gracias al libro que han editado y a la exposición que ser podrá visitar hasta junio en Santa Cruz de Tenerife.
Sí. Yo pensaba autoeditarme un librito pero Pomares me dijo que había que hacer un libro como Dios manda y ha salido algo magnífico.
¿Le han venido muchos recuerdos a la mente preparando esta publicación?
He sentido un poco de vértigo. Esto lo considero un oficio modesto, artesano, y estoy infinitamente agradecido porque me ha ido bien. Estamos ante un trabajo inseguro en el que no solo dependemos de nuestro talento, sino de que la gente aprecie lo que hacemos. Incluso dependemos del ecosistema del papel, que se está yendo al garete ahora mismo. Tras 50 años en todo esto no dejo de sorprenderme de encontrar a gente a la que le gusta lo que hago porque para mí son solo unos dibujitos y me parece increíble que conecten con la gente. Me parece un pequeño y maravilloso milagro. Cuando alguien se acerca y me dice que le gusta lo que hago siento una felicidad extrema y que mi trabajo tiene sentido.
Desde que empezó a dibujar, ¿siempre lo ha hecho con el objetivo de que alguien vea esas historias o lo hacía por el mero placer de dibujar?
No, quiero que la gente vea lo que hago. Pertenezco a una generación que dibujaba para llegar a la gente, no para explicar mis problemas, angustias o temas vitales. Yo quería que me leyeran y me dijeran que lo que habían visto les había gustado.
¿Y cómo ha llevado las críticas, sobre todo las malas opiniones?
Bien porque soy un apasionado de la libertad de expresión. Una persona tiene el perfecto derecho a decirme que no le gusta lo que yo hago por uno u otro motivo y yo me tengo que aguantar. También te digo que siempre he distinguido dos tipos de críticos. Por un lado, están los que compran El jueves, por ejemplo, aquellos que son clientes, que hacen un esfuerzo económico por leer lo que hago y al que creo que hay que tener en cuenta. Luego están las críticas del resto de personas, de las que digo que su opinión me es ajena.
«Tras 50 años no dejo de sorprenderme de encontrar a gente a la que le gusta lo que hago; me parece un maravilloso milagro»
«Tras 50 años no dejo de sorprenderme de encontrar a gente a la que le gusta lo que hago; me parece un maravilloso milagro»
Hablando de críticas, su pluma está detrás de la primera portada de El jueves. ¿Cómo recuerda aquel primer lanzamiento?
Fue muy vertiginoso. Todo aquello sucedió en 1977, cuando estaba naciendo la democracia y aparecían muchas revistas nuevas. Yo había empezado a publicar mis historias en 1976 y al año siguiente ya estaba haciendo una revista con dos señores a los que yo admiraba muchísimo. Al final no recuerdo por qué fui yo el encargado de hacer la portada del primer número y mucho menos era consciente de que estaba haciendo un dibujo que pasaría a la historia de este país.
Como usted dice El jueves se fundó en un momento crucial de la historia reciente de España. Dada la situación actual, ¿sería posible volver a fundar la revista hoy en día?
Creo que ahora es bastante más difícil hacer humor. En 1977 todos nos sabíamos la lección: la democracia consistía en respetar la opinión de los demás, respetar las minorías y escuchar la opinión del que teníamos enfrente. Pero todo eso se está perdiendo y el humor gráfico está sometido a cada persona, que es un juez del Tribunal Supremo. Todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre lo que hacen los demás y eso es producto de las redes. Así que creo que ahora sería bastante más difícil hacer El jueves.

Un detalle de la exposición. / María Pisaca
Y ahora, cuando se pone a dibujar, ¿tiene en cuenta más condicionantes que antes por esa misma situación que está relatando?
Ahora solo dibujo para La Vanguardia y creo que tengo un margen de libertad fantástico. Aún así, tengo en cuenta que estoy trabajando para lectores de un diario de toda la vida, que tienen una edad. Precisamente entré en ese diario porque creo que es mi ecosistema actual. Trabajo con referencias que mis lectores potenciales conocen porque comparten mi generación.
Y eso se ve reflejado en la evolución de sus personajes, como Quico el progre, que luego pasó a ser Quico jubilata.
Claro. El progre fue un personaje que me funcionó muy bien. Lo publiqué entre 1980 y 1990 y es una parodia de mi generación. En ese momento pensábamos que éramos nosotros los que íbamos a cambiar el mundo pero después de terminar la universidad entramos en la vida adulta y no encontramos con los problemas del trabajo, la pareja y los hijos y todas aquellas proclamas revolucionarias se perdieron para adaptarnos a la realidad. Fue el momento de darnos cuenta de que no íbamos a cambiar el mundo sino que el mundo ya nos había cambiado a nosotros. Me lo pasé muy bien haciendo todo aquello porque hacía humor para unos lectores que tenían mis propias referencias y creo que eso es lo más importante.
Antes del humor gráfico se dedicó a banca. ¿Aquel periodo lo inspiró de algún modo?
Entré a trabajar en el banco con 14 años y para mí fue un descubrimiento. Yo vivía en el extrarradio de Barcelona y visitar el centro para mí fue maravilloso. Fue entonces cuando realmente empecé a conocer lo que era la vida y las responsabilidades. Conocí a gente muy interesante y tomé nota de todo para hacer mis primeros dibujos. De hecho, a mí me gusta hacer dibujos de economía.
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