Educación
La falta de personal pone en jaque una residencia escolar para niños con discapacidad severa en Tenerife: "Es un sinvivir"
La Consejería de Educación reconoce que encontrar profesionales sanitarios y educativos dispuestos a trabajar en el CEE Hermano Pedro es casi una misión imposible

Una representación de las familias que, de manera conjunta, denuncian las carencias del recurso / María Pisaca
La falta de personal está poniendo en peligro la asistencia a una treintena de niños con discapacidad severa en la residencia escolar Hermano Pedro, en Santa Cruz de Tenerife. Este recurso alojativo es el único dependiente de la Consejería de Educación que atiende a menores con gran dependencia en la Isla, por lo que para muchos padres es un servicio –y una medida de respiro familiar– vital. Precisamente, son estos progenitores quienes se han unido para denunciar que la plantilla está «saturada» porque no se cubren las bajas desde principio de curso.
Lo que comenzó como un problema puntual ha comenzado a cronificarse. La tinerfeña Rosa María Adsuara, madre de uno de los niños que utiliza el recurso, señala que, tanto las familias como el propio personal, están «quemados» con la situación. «Cuando llegamos a un límite casi insostenible, los trabajadores nos comentaron lo que estaba pasando y como padres planteamos llevarnos a los niños a casa, pero incluso ellos pensaron que sería puntual y que, por tanto, podrían hacer un esfuerzo extra para cubrir esas carencias», relata. Sin embargo, han pasado ya varios meses y, según sostiene, no se han cubierto las bajas ni las vacantes.
En concreto, detalla, faltan cinco auxiliares educativas, una persona de servicio complementario de asistencia y dos auxiliares de enfermería: una de ellas está de baja y la otra se jubiló en septiembre y aún no se ha encontrado reemplazo. Con las enfermeras también ocurre algo similar, pues una se encuentra de baja y a la otra se le acaba el contrato dentro de un mes. Ante tanta ausencia –faltan nueve profesionales en un recurso relativamente pequeño–, los que todavía permanecen en sus puestos jornada tras jornada tienen que encargarse de otras tareas que no les competen, como administrar la medicación.
Los auxiliares educativos, por ejemplo, hacen las veces de personal sanitario, una práctica que consideran «muy peligrosa». Al respecto, las familias reconocen que, «aunque sean profesionales maravillosos», están sobrecargados y no llegan a cubrir todo el servicio, por lo que se han visto obligados a repartirse para cubrir todos los turnos, en especial, el de la noche. «Lo que ha colmado el vaso son las bajas sanitarias; es un sinvivir, se ha tenido que reducir el turno de tarde para llegar a la noche y la medicación se prepara por el día, pero no es solo eso, hay crisis, heridas... y los padres están cansados», destacan desde el centro.
Un problema que trae de cabeza a Educación
El secretario general técnico de la Consejería de Educación, Manuel Peinado, explica que este recurso es uno de los centros que más tiempo le ha llevado al área de Recursos Humanos. «Cuesta muchísimo encontrar, sobre todo, personal sanitario y auxiliares educativos que estén dispuestos a trabajar allí; es un centro con turnos complicados y alumnado con muchas necesidades», argumenta.
Dentro del recurso hay alumnos con discapacidad que tienen entre siete y 21 años. Todos ellos son grandes dependientes y necesitan cuidados especializados las 24 horas del día, ya que no solo precisan curas o medicación, sino que muchos de ellos pueden tener crisis. «Es un problema bastante grave, algunos de ellos ya son hombres, no es como tratar con niños, que también es complicado», advierte Adsuara.
Quejas de las familias
Este espacio, junto a la residencia escolar San Miguel (La Palma), es el único de toda la provincia que acoge a este sector del alumnado incluso durante la noche. Para los padres, se trata de una medida de respiro familiar en la que los chicos ganan cierta autonomía. «Nos dicen que allí van a estar mejor, pero después no dan los recursos necesarios», critica.
El problema se agrava aún más, subraya, porque muchos de estos niños no pueden comunicarse, es decir, no verbalizan sus necesidades y tampoco se quejan: «Por eso somos nosotros, como familias, los que estamos poniendo voz a su situación». Según defiende, han enviado varios escritos a Educación sin obtener respuesta y también se han puesto en contacto con otras entidades como el Defensor del Alumnado en Canarias o la diputada del Común. «Incluso hemos intentado dirigirnos directamente al consejero Poli Suárez y, de todas formas, nos han ignorado», asegura.
La Consejería, por su parte, afirma que la comunicación con el equipo directivo es permanente. «Hemos hablado mucho, pero el problema que tenemos es que no encontramos a gente que esté interesada en cubrir esos puestos», añade. En el caso de enfermería, han pedido «una vez más» la colaboración de la Consejería de Sanidad para cubrir cuatro puestos. De ellos, solo consiguieron dos que se incorporaron en Gran Canaria y las dos restantes –una para el centro Hermano Pedro– siguen pendientes para Tenerife. «La situación es complicada y además continua porque ya no sabemos qué más hacer, lo hemos intentado incluso vía oferta de empleo y ni por esas encontramos candidatos», detalla.
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