¿Y si Canarias dejara de recibir migración?
90 colegios cerrados, 1.600 aulas menos, un campo en retroceso, cientos de mayores aislados y la mitad de los bares desaparecidos. Esta es la realidad que podría enfrentar el Archipiélago si cerrara la puerta a la migración, un factor clave para sostener su población, su economía y su pulso vital

Personas caminando por la calle Castillo de la capital tinerfeña. / María Pisaca
Una España casi distópica y una Canarias que pierde pulso. Colegios cerrados, un sector primario debilitado, millones de ancianos solos y una industria del ocio cada vez más resentida. No se trata de un escenario imaginario, sino de la situación a la que podría enfrentarse el país si cerrara la puerta a la migración. Un fenómeno que en los últimos años ha resultado determinante para evitar una fase de descenso sostenida. Los datos lo respaldan. Entre 2000 y 2010, la llegada de población extranjera a España permitió sostener el crecimiento económico y rejuvenecer la pirámide poblacional. Hoy, la migración continúa siendo uno de los principales factores que amortiguan el envejecimiento demográfico y la pérdida de población activa, especialmente en territorios como Canarias.
Así lo refleja el informe España ante el reto migratorio: dos futuros posibles, elaborado por la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia. El documento apunta a una realidad clara: las restricciones migratorias amenazan el crecimiento económico en múltiples frentes. Con una menor llegada de población migrante, la renta de España podría ser un 22% inferior en 2075, lo que significaría que el país dejaría de ingresar una cantidad equivalente a cuatro veces lo que genera el turismo. El escenario golpearía con especial dureza a Canarias, donde la llegada de población extranjera resulta clave para sostener sectores económicos esenciales.
La importancia de la migración se entiende en un contexto del cambio demográfico. Desde mediados de la década de 2010, las muertes superan a los nacimientos, lo que ha provocado un mayor peso de los grupos de edad más avanzados frente a una base joven reducida. En un escenario con menor llegada de población migrante, España avanzaría hacia una reducción de habitantes. «Menos nacimientos, una mayor esperanza de vida y la pérdida de población en muchos territorios dibujarían una transición silenciosa hacia un país más pequeño», argumenta el informe. Una tesis que gana fuerza si se tiene en cuenta que el crecimiento demográfico de el país se sostiene gracias a la llegada de personas procedentes del exterior.
En el caso de Canarias, casi uno de cada cuatro residentes en las Islas –545.225 personas, el 23,9% del total–nació fuera de España. El crecimiento de la población extranjera sigue superando con claridad al del resto de grupos: entre abril de 2025 y enero de 2026, los residentes de origen foráneo aumentaron un 2,1%, mientras que la población nacida en el país apenas registró un mínimo avance del 0,02%.
La educación y la sanidad pública
Mientras que con la migración España podría mantener un perfil dinámico, sin ella se enfrenta a importantes desafíos que pondrían en riesgo sectores como el primario, especialmente relevante en Canarias. La falta de mano de obra amenazaría la sostenibilidad de estas actividades, con un posible encarecimiento de productos como frutas y verduras. Según el informe, para 2075 podrían abandonarse más de 220.000 explotaciones agrícolas, lo que supone tres de cada diez de las que existen ahora.
Las restricciones migratorias también tendrían un fuerte impacto en el sector de los cuidados. Millones de personas mayores podrían quedarse solas y sin atención suficiente en un contexto de envejecimiento acelerado. «La oferta de cuidados podría caer cerca de un 28%, justo cuando el número de mayores dependientes podría aumentar un 60%», subraya el documento. El impacto también alcanzaría a la hostelería. Según el informe, cerca de 90.000 bares y restaurantes podrían desaparecer en las próximas décadas, lo que supondría la pérdida de casi la mitad de los establecimientos existentes.
Otro sector que se vería afectado es la educación. La vuelta al cole podría verse marcada por el cierre progresivo de centros ante la escasez de nuevas familias con hijos en edad escolar. De cara a 2075, el mapa educativo podría experimentar un cambio profundo, con 32.000 aulas menos de primaria y 18.000 menos de secundaria. En Canarias, esto se traduciría en la pérdida de unos 90 colegios y 1.600 aulas de primaria.
A esto se suma la sanidad pública que podría enfrentar una pérdida de 63.000 médicos. Para 2075, cada médico tendría que atender a un 4% más de pacientes que en la actualidad, dejando a millones de personas con dificultades para recibir atención oportuna. Esta situación pondría además una presión adicional sobre el Estado de bienestar. La conclusión es evidente: «La relación entre migración y mercado laboral es bidireccional». Una de las características más relevantes de la migración en España es su perfil joven y activo laboralmente, ya que el 44% de los extranjeros se encuentra entre los 20 y 39 años. En el caso de Canarias, esta tendencia se refleja de manera notable: en 2024, el número de afiliados extranjeros a la Seguridad Social creció un 7,4%, alcanzando los 132.497 trabajadores, consolidando su papel como uno de los principales motores del empleo en el Archipiélago.
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