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Canarias recupera el sol tras la borrasca más «persistente»

David Suárez, delegado de la Aemet en Canarias, destaca su persistencia como un fenómeno meteorológico inusual, que ha generado nieve, inundaciones y fuertes vientos en las islas en un corto período de tiempo

Un operario limpia una zona de derrumbes en el litoral de Tacoronte.

Un operario limpia una zona de derrumbes en el litoral de Tacoronte. / Andrés Gutiérrez

Jorge Dávila

Jorge Dávila

Santa Cruz de Tenerife

Therese ha sido una borrasca difícil de derrotar. El sol ha regresado a Canarias y con él un modelo meteorológico más reconocible por los habitantes del Archipiélago. Esta vez sí, lo peor ha pasado. El centro de bajas presiones viaja con rumbo al continente africano y está previsto que el anticiclón se ancle durante unos días en unas coordenadas muy próximas a las Azores y la Península. En la hemeroteca quedará una semana de viento, nieve e intensas lluvias, en algunos casos en un grado de torrenciales. Uno de los últimos ejemplos de esa virulencia se vivió en las últimas horas de la noche del martes con acumulaciones de casi 60 libros por metros cuadrado en medidores situados en los municipios tinerfeños de Tacoronte y Puerto de la Cruz.

«Hacía tiempo que no vivíamos una borrasca tan larga», comenta el delegado de la Agencia Estatal Meteorológica en Canarias (Aemet), David Suárez, del largo «paseo» que se ha dado Therese por las Islas. Uno de los sucesos «más persistentes» que se recuerda desde que hay datos oficiales. Más de una semana de exposición «intensa y severa» que ha complicado las predicciones y que tuvo dos fases diferenciadas. La primera se dio al final de la pasada semana provocada por los impactos de las estructuras frontales [vientos, temporales marítimos e inundaciones en zonas de costa] y, posteriormente, a partir del pasado sábado y domingo se acumularon las precipitaciones más abundantes motivada por la cercanía de la baja presión sobre la vertical del Archipiélago.

«Nos ha costado mucho ajustar los modelos porque en una isla estaba ocurriendo una cosa y en otra la situación era diferente», explica Suárez cuando habla de las importantes variantes meteorológicas que se han registrado en los últimos días.

Una borrasca estacionaria

Contrariamente a lo que se pueda pensar, la borrasca Therese se ha movido con mucha lentitud. La rapidez con la que se acumulaban los sucesos no estaban conectados con su carácter estacionario. Sobre todo, cuando se posicionó durante 24 horas justo sobre las Islas. Ahí llegó el caos que se tradujo en un sinfín de situaciones de emergencias en Gran Canaria, durante buena parte de la mañana del martes, y Tenerife, ya con el anochecer. Uno de los instantes más complicados llegó cuando se emitió un aviso rojo por lluvias en la capital de la provincia occidental. «Este tipo de alertas, que se pueden activar durante unas horas, nos da la posibilidad de poner en preaviso a la población para que extreme las precauciones en situaciones muy graves», precisa David Suárez.

«Nos ha costado mucho ajustar los modelos porque en una isla estaba ocurriendo una cosa y en otra la situación era diferente»,

David Suárez

— Delegado de la Agencia Estatal de Meteorología en Canarias (Aemet)

A pesar de los problemas que ha generado Therese para confeccionar los modelos, los expertos han «podido emitir los avisos naranja con más de 72 horas de antelación y, además, nos pudimos anticipar en una hora y media o dos cuando se produjo el cambio de amarillo a naranja en GranCanaria, ya en la madrugada del martes».

Una cadena de borrascas

La borrasca Therese ha confirmado que el pasado invierno ha sido distinto. Canarias ha encadenado cinco de gran impacto cuatro meses. «El patrón sinóptico propició que el chorro polar tuviera una circulación que ha llegado más al sur meridional y, por lo tanto, ha favorecido estas formaciones», precisa sobre un calendario de alteraciones meteorológicas en el que destacan las borrascas Claudia (10 de noviembre de 2025); Emilia (11 de diciembre de 2025); Francis (29 de diciembre de 2025), Regina (1 de marzo de 2026) y Therese.

La «persistencia» de la borrasca que está a punto de decir adiós ha tenido un enorme valor desde el punto de vista meteorológico porque en un tiempo relativamente corto [algo que es compatible con la semana de incidencias] se cubrió un amplio espectro de fenómenos: nieve en cumbres de Tenerife, La Palma y Gran Canaria; inundaciones en núcleos poblacionales próximos a la costa; afecciones asociadas con fuertes rachas de viento que condicionaron la actividad en aeropuertos y puertos y desbordamientos de barrancos debido a las lluvias torrenciales.

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