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El pergamino de Clío

La primera huelga de la historia

La primera huelga de la historia

La primera huelga de la historia / La Provincia

Lara de Armas Moreno

El estrés y las malas condiciones laborales no son un sufrimiento exclusivo de nuestro tiempo. Ya en época de Ramsés III, allá por 1152 a.C., los trabajadores tuvieron que luchar por sus derechos. Este evento se registró en el Papiro de la Huelga que está conservado en el Museo de Turín y que refleja el momento en el que los trabajadores lucharon para terminar con las condiciones de trabajo precarias impuestas.

El ma’at era el concepto de equilibrio universal que permitía que todo funcionara según la voluntad de los dioses. Por lo tanto, la labor del faraón era mantener el equilibrio entre los dioses y el pueblo y debía asegurarse que todos sus súbditos estuviesen cuidados. En los momentos en los que el faraón no podía garantizar el bienestar del pueblo, los trabajadores se encargaban de recordarle cumplir con su tarea.

Ramsés se enfrentaba, por aquel entonces, a dificultades políticas y económicas derivadas de varias guerras y también por la presión del clero de Amón. Además, el faraón tuvo que enfrentarse a la huelga de los trabajadores de Deir el-Medina, un pueblo de obreros y artesanos que trabajaban en las tumbas del Valle de los Reyes. Estos decidieron manifestarse para dejar en evidencia el impago de sus salarios. El faraón tenía 62 años y ya llevaba 29 de reinado a sus espaldas.

Carpinteros, picapedreros y dibujantes demandaron el salario alimenticio que les correspondía, así como ropa adecuada y suministros necesarios para realizar sus labores. En el anteriormente mencionado papiro, los huelguistas registraron su malestar por el hambre: «Año 29, segundo mes de la Inundación, día 10. Hoy el escuadrón de trabajo traspasó los muros de la necrópolis [el puesto de control] gritando: ‘¡Tenemos hambre!’. Van dieciocho días de este mes que [los hombres] se sientan detrás del templo funerario de Tutmosis III [...] Si hemos llegado a este punto es por culpa del hambre y la sed; no hay ropa, no hay ungüentos, no hay pescado, no hay verduras… Escribe al faraón nuestro perfecto señor, toma nota de nuestras palabras y escribe al visir, nuestro superior, porque necesitamos nuestras provisiones».

Los huelguistas se manifestaron durante varios días y realizaron sentadas en lugares como el templo mortuorio de Ramsés III. Los funcionarios intentaron aliviar el malestar general proveyendo alimentos, pero los manifestantes vieron esto como una solución temporal e insuficiente. Estos, descontentos con el remedio propuesto por el estado, decidieron ser más agresivos y bloquearon el acceso al Valle de los Reyes a sacerdotes y familiares de los muertos enterrados en las tumbas que solían venir con ofrendas. Tal era la determinación de los huelguistas que ni el propio jefe del cuerpo de seguridad, Montumes, fue capaz de contenerlos.

A los responsables no les quedó más remedio que negociar con los trabajadores. Se llegó a un acuerdo temporal y pagaron los salarios retrasados. Sin embargo, la lucha no terminó aquí. Los trabajadores siguieron luchando por mejorar sus condiciones laborales.

Hay que decir que esta huelga no fue de ámbito local, sino que impactó en toda la sociedad egipcia del momento. Los trabajadores de Deir el-Medina se convirtieron en los más respetados del país y fueron desde entonces un símbolo de valentía y resistencia que inspiró a otros grupos de Egipto para reclamar sus derechos laborales y a luchar contra la opresión del estado. Esta fue la primera vez, de la que se tiene constancia, en que los trabajadores se organizaron colectivamente para exigir justicia y demandar unas mejores condiciones laborales.

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