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Imprudencias en plena alerta meteorológica en Canarias: jugarse la vida por una foto para Instagram

La historia se repite: las personas que se saltan las alertas e incluso las vallas y los carteles que prohíben los accesos a zonas peligrosas entorpecen los operativos de emergencia e incluso ponen en peligro a sus integrantes

La borrasca deja una larga lista de imprudencias en Canarias: parapentistas, turistas y windsurfistas ignoran las alertas

Andrés Gutiérrez

Daniel Millet

Daniel Millet

Santa Cruz de Tenerife

Ni los avisos sistemáticos en todas las redes sociales -y además en varios idiomas-, ni las permanentes peticiones de responsabilidad por parte de las autoridades, ni los partes meteorológicos, ni las vallas y carteles de advertencia, ni las banderas rojas en las playas, ni los graves antecedentes de los últimos meses... La borrasca Therese, que se aleja de las Islas, deja una larga lista de imprudencias que alteran la labor de los operativos de emergencia e incluso llegan a poner en riesgo a su personal.

Un parapentista al que no se le ocurre otra cosa que volar en plena tormenta con fuertes rachas de viento, turistas que se saltan las indicaciones del cierre de los senderos, visitantes que se la juegan en un precipicio para sacar una foto espectacular que subir a las redes, una pescadora que se salta las vallas mientras el mar golpea la costa con bravura...

Lo peor es que si hay rescate, todo el dispositivo les cuesta gratis y todo lo tienen que pagar los canarios con sus impuestos debido a que el Gobierno de Canarias no ha podido aplicar la tasa por problemas administrativos, un problema en el que está trabajando para encontrar una solución legal.

El último caso se ha conocido gracias a los socorristas de Puerto de la Cruz. En sus perfiles de las redes, el cuerpo de salvavidas del municipio turístico tinerfeño expone: "Las personas irresponsables nos obligan a tomar medidas extras para evitar accidentes".

Acompañan el texto con imágenes de una persona que se saltó las vallas y las cintas del cierre de los accesos a la costa para pescar, mientras el fuerte oleaje golpeaba la orilla volcánica y amenazaba con entrar a las viviendas. En una de las imágenes, que lo dice todo, se ve a esta persona con la caña a escasos cinco metros de una bandera roja en medio del fuerte oleaje.

No fue ni mucho menos el único episodio. El más grave ocurrió este viernes 20 de marzo, en el peor momento de una borrasca que trajo vientos huracanados, intensas lluvias y mala mal. Un parapentista se lanzó a volar desde el mirador de la Punta del Hidalgo, en el municipio tinerfeño de La Laguna.

Un golpe de viento, en una jornada en la que las peores rachas superaron los 100 kilómetros por hora, desestabilizó el parapente, cuyo ocupante se precipitó sobre el terreno en la costa de este enclave lagunero.

Los equipos de emergencia, movilizados por el temporal, tuvieron que desplazar efectivos del Servicio de Urgencias Canario (SUC), los bomberos de Tenerife y la Policía Local de La Laguna para asistir a este parapentista. Tuvo mucha suerte pues por poco cae al mar, en medio del fuerte oleaje. Finalmente sufrió varias fracturas en las piernas que obligaron a trasladarlo a un centro hospitalario.

El incremento de accidentes graves de parapente en Tenerife destapa la falta total de normas y controles para garantizar la seguridad de esta actividad deportiva. Lo reconoce la Federación Canaria de Deportes Aéreos, cuyos responsables acaban de ser convocados por el Gobierno de Canarias en busca de una solución a un problema que ha hecho saltar todas las alarmas.

Tres personas han perdido la vida en estos aparatos de vuelo libre sin motor en la Isla en un año. En total, desde febrero de 2025 se han producido 11 accidentes graves de parapentes, con el saldo de tres muertos y nueve heridos. No se recuerda un balance tan nefasto desde que empezó a practicarse esta disciplina en Tenerife hace más de 30 años.

Un día antes, el jueves 19 de marzo, con toda Canarias ya en alerta y con las clases suspendidas en todos los niveles educativos, varios windsurfistas intentaron capear las olas por fuera de la piscina de Los Silos, también en Tenerife, sin demasiado éxito. Tres personas estaban en el mar junto a una moto de agua que los empujó, en primer lugar, orilla adentro y más tarde tuvo que remolcarlos de nuevo a la zona conocida como El Puertito al no poder levantar la vela.

Uno de ellos logró surfear en varias ocasiones las olas que Therese llevó a la costa noroeste de Tenerife, mientras que los otros dos flotaban en el agua sin más. No se trata de simples aficionados, sino de deportistas profesionales que aprovecharon el oleaje para desplegar las velas a pesar de las prohibiciones. En el litoral silense ondeaba la bandera roja y la señalización no permitía el baño en el mar. La Policía Local cerraba horas antes la carretera de la costa que se encuentra a un kilómetro escaso de donde los windsurfistas decidieron practicar esta disciplina.

La temeridad también llegó a los montes de Anaga. Grupos de turistas ignoraron las advertencias y alertas por la borrasca Therese adentrándose en los senderos del parque rural, que se encontraban cerrados. Al inicio de los caminos existe señalización clara que prohíbe el paso, pero los visitantes deciden emprender el camino.

Turistas se aprestan a recorrer los senderos de Anaga, cerrados en plena borrasca Therese.

Turistas se aprestan a recorrer los senderos de Anaga, cerrados en plena borrasca Therese. / E. D.

Algunos vecinos de la zona mostraron su indignación con la situación: "Los senderos están cerrados, pero el turismo sigue subiendo a Anaga. Sin respeto a nada. Anaga sin alertas y sin ley", se quejaron. "Si ocurriera una emergencia, tendríamos que estar pendientes de que toda esta gente saliera de aquí. Ponen una alerta y la alerta es que suba todo el mundo al macizo", añadieron.

En Lanzarote, otros turistas desoyeron las alertas y las banderas rojas y se alongaron a los 'balcones' de 'Los Hervideros', en el municipio lanzaroteño de Yaiza, una zona que ya de por sí entraña un gran riesgo.

Varios agentes de la Policía Local de Yaiza tuvieron que desplazarse a la zona para, junto a efectivos del Consorcio de Seguridad y Emergencias, para desalojar tanto a los turistas como incluso los vehículos estacionados en el entorno. Las imágenes salieron en los informativos locales y nacionales.

En Radazul, en la costa del municipio tinerfeño de El Rosario, la Policía Local tuvo que desalojar a un grupo de bañistas que se habían saltado las vallas y los paneles informativos que prohibían el paso debido a los fenómenos costeros adversos.

Bañistas se saltan la cinta de prohibido pasar en la costa de Radazul durante la alerta por la borrasca Therese.

Bañistas se saltan la cinta de prohibido pasar en la costa de Radazul durante la alerta por la borrasca Therese. / Andrés Gutiérrez / t

La cuestión es que en caso de que haya que organizar un rescate, a estas personas la temeridad les sale gratis. De ahí que el Gobierno de Canarias haya anunciado que prepara un cambio legal para evitar que los isleños sigan pagando el alto coste de los rescates por negligencias con el dinero que aportan a las arcas públicas.

La nueva Ley de Protección Civil, con la que el Ejecutivo regional quiere modernizar la gestión de las emergencias, incluirá un régimen sancionador para aquellos operativos que desarrollen sus equipos de socorrismo como consecuencia de una imprudencia o temeridad de los afectados. 

La Ley de Medidas Administrativas y Fiscales de Canarias, que entró en vigor en 2012, contempla una tasa por la prestación de los servicios de búsqueda, rescate y salvamento. El fin es que aquella persona que cometa una negligencia y precise una asistencia urgente asuma su responsabilidad y corra con los gastos.

Incluye los siguientes precios: 36 euros por hora y cada integrante del GES movilizado, 2.000 euros por cada hora de helicóptero, 40 euros la hora por cada vehículo, 300 euros la hora por la movilización del vehículo de puesto de mando avanzado y 300 euros la hora por cada embarcación.

Sin embargo, la tasa nunca se ha cobrado, además de que ha quedado desfasada. Lo ha reconocido el director general de Emergencias de Canarias, Fernando Figuereo. La complejidad de demostrar que se ha cometido una negligencia, el hecho de que los equipos de rescate carezcan de competencias para pedir datos personales o abrir un procedimiento administrativo –su misión se centra en el socorrismo– y la dificultad de exigir las cantidades en el caso de que el afectado sea extranjero son las tres principales razones de que en 14 años el Gobierno canario no haya aplicado este canon.

Canarias conoce perfectamente el coste de estas irresponsabilidades. Y hace poco además. Los peores episodios de los últimos meses el pasado mes de diciembre, cuando cuatro personas perdían la vida en la piscina natural Isla Cangreso de Los Gigantes, Santiago del Teide.

Las cuatro víctimas mortales y los heridos se habían saltado la valla que prohibía el acceso a esta zona debido a que la Isla se encontraba en alerta por fenómenos costeros adversos.

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