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La falta de oasis climáticos bajo techo expone a Canarias al calor extremo: "Los árboles aportan sombra, pero no garantizan el confort"

Un comentario publicado en 'Nature' duda de la efectividad de los refugios que se planifican en espacios exteriores, los únicos previstos en los planes de adaptación climática de Canarias

Varias personas pasean por el Parque García Sanabria, un refugio climático al aire libre.

Varias personas pasean por el Parque García Sanabria, un refugio climático al aire libre. / Carsten W. Lauritsen

Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

La escasez de refugios climáticos en el interior de edificios públicos y de acceso gratuito está poniendo en jaque la adaptación que Canarias al cambio climático. Y es que si bien el Archipiélago es una de las pocas regiones españoles que ha planificado diversas acciones para conseguir que los parques y pequeños bosques urbanos se convierten en oasis contra el bochorno, la ciencia advierte de que estos espacios «no garantizan el confort térmico de la población en condiciones de calor extremas», es decir, cuando los termómetros rebasan los 38 grados. Por tanto, tampoco son capaces de poner coto a la mortalidad del calor, en 2025, se cobró la vida de 140 personas en Canarias.

Así lo pone de relieve un comentario recién publicado en Nature Climate Change, donde investigadores del CSIC, de la Universidad de La Laguna (ULL), del Basque Centre for Climate Change (BC3), de la Universidad de Barcelona y de la Universitat Oberta de Catalunya, detallan cuáles son las necesidades de la población con respecto a estas infraestructuras anticalor. «El trabajo apunta claramente a la necesidad de priorizar los espacios interiores frente a los exteriores», recalca el geógrafo Abel López, investigador de la Cátedra de Reducción de Riesgos de Desastres y Ciudades Resilientes de la Universidad de La Laguna (ULL) y otro de los firmantes de este artículo.

En dicho comentario hacen hincapié en que los refugios naturales en exterior «raramente van a proveer un adecuado confort térmico cuando las temperaturas alcanzan los 38 grados». Y es que, como explica Dominic Royé, coautor del artículo e investigador del instituto del CSIC Misión Biológica de Galicia, «por mucho que los refugios exteriores puedan reducir la temperatura en superficie, en el aire hay una mezcla de temperaturas y si bien estas pueden ser más bajas, no necesariamente llegan al nivel de confort».

Las zonas verdes no garantizan el confort

«Aunque zonas como el parque García Sanabria, en Santa Cruz de Tenerife, pueden proporcionar sombra y cierto alivio térmico, no garantizan condiciones seguras durante episodios de calor extremo», añade López. De hecho, incluso en entornos con vegetación, «las temperaturas pueden mantenerse por encima de niveles de confort cuando el calor es intenso por ejemplo con una ola de calor en verano en las islas», sentencia.

Una pareja pasea por el parque García Sanabria, en Santa Cruz.

Una pareja pasea por el parque García Sanabria, en Santa Cruz. / Carsten W. Lauritsen

No existe una solución sencilla a un problema tan grande como son los impactos del cambio climático. «No hay una respuesta fácil para adaptarse a estos», indica Royé. «Cada lugar tiene sus propias idiosincrasias y la respuesta se tiene que adaptar a ello», insiste Royé, que sentencia que, además, «se debería monitorizar la respuesta» para saber si está funcionando o no.

Para los científicos, los refugios climáticos se deberían diseñar teniendo en cuenta tres ámbitos que se entremezclan: el clima, la salud y la gente, y la gobernanza. «En España el enfoque del desarrollo de refugios climáticos ha estado más orientado hacia lo ambiental, mientras que dimensiones clave como la salud o la gobernanza aún requieren un mayor desarrollo desde el punto de vista de cómo queremos articular nuestra propia red de refugios», replica López.

«No puede ser que nuestros refugios solo sirvan para rebajar un poco la temperatura y volver a salir a asfixiarnos para llegar a casa y seguir en malas condiciones», recalca Royé. Los científicos, en este sentido, defienden que estos espacios deberían cumplir con varias necesidades de la población, incluido el ocio, el trabajo, la cultura e, incluso, el desecanso. «Deben ser lugares donde la gente también pueda ir a dormir durante las noches tropicales», sentencia Royé.

Cinco planes climáticos

El comentario, que se publicó ayer en esta prestigiosa revista, realiza una análisis de cinco planes de creación de refugios climáticos, incluidas las recomendaciones de la Oficina de Cambio Climático del Gobierno de España, la ley de refugios climáticos de la Comunidad Valenciana, la red de refugios climáticos de la ciudad de Barcelona y las recientes guías publicadas por la Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias para convertir los espacios verdes en refugios climáticos. «Canarias se encuentra actualmente en una fase inicial en el desarrollo de refugios climáticos», explica López, que recuerda que estos documentos están «orientados a la creación de espacios verdes».

Una mujer pasea bajo la lluvia de una tormenta en Canarias.

Una mujer pasea bajo la lluvia de una tormenta en Canarias. / Carsten W. Lauritsen

Las propias recomendaciones del Gobierno canario adolecen, por tanto, de una parte fundamental: una red pública de refugios climáticos bajo techo. «Canarias debería avanzar hacia la creación de una red estructurada de refugios climáticos, identificando espacios ya existentes, como bibliotecas o centros culturales, que puedan cumplir esta función y asegurando su accesibilidad en momentos de calor intenso», recalca López. Esa red de refugios, además, deberá integrarse con otras áreas, como salud pública y la gestión del riesgo, para que formen una estrategia más amplia de adaptación al cambio climático para la región.

Este plan, además, tal y como indican los investigadores, deberá hacer un análisis más pormenorizado del colectivo de personas vulnerables. «La identificación de los grupos vulnerables requiere combinar información demográfica, sanitaria y socioeconómica», indica López. En el caso de Canarias, los grupos prioritarios incluirían a las personas mayores, las que padecen enfermedades crónicas, la población con menos recursos, los trabajadores al aire libre y también la población turística, pues ellos «no tiene por qué estar familiarizada con los riesgos asociados al calor de las islas», como explica el geógrafo de la ULL.

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