Entrevista | Corina Oproae Poeta de origen rumano
Corina Oproae y la conexión con las mujeres artistas que inspiran su obra poética: "La palabra y las letras nos llevan por sitios que ni nosotros entendemos"
La rumana Corina Oproae publica su último poemario, 'Cómo enterrar al padre en un poema', en el que dialoga con Sylvia Plath y otras artistas femeninas

Corina Oproae. / El Día

La poeta rumana nacionalizada española Corina Oproae (Transilvania, 1973) tenía previsto visitar Tenerife este fin de semana para participar en la tercera edición de Mazapé, el Festival Internacional de Poesía de San Juan de La Rambla, sin embargo, la borrasca Therese ha obligado a aplazar el encuentro para presentar su último libro Cómo enterrar al padre en un poema. Se trata del quinto libro de la filóloga, escritora, novelista, poetisa y traductora, quien a lo largo de su carrera se ha hecho, entre otros, con el Premio Tusquets de Novela por La casa limón.
Tenía prevista una visita a Tenerife con motivo del festival como Mazapé, que finalmente aplaza su tercera edición para los próximos meses. Sin embargo, citas como esta indican que este género goza de buena salud.
Creo que sí, hay muchísimos recitales en España y por eso creo que este país es privilegiado en ese sentido, porque existen espacios para la escucha de la poesía. Tal vez lo que hace más falta es esa lectura silenciosa y ese espacio interior. Yo vivo en Cataluña y aquí se celebran muchísimos recitales y festivales y hay una escucha favorable. Durante estos últimos años he tenido que viajar a Austria y allí, por ejemplo, estos espacios son mucho más limitados. La poesía necesita más visibilidad, incluso en las librerías, y en España hay muchos más libros de poesía que en otros países.
Esos espacios de escucha de los que habla, se repiten tanto porque ¿se trata de un género que se presta precisamente a compartirlo en voz alta?
Creo que sí. Leer un poema en voz alta es la prueba de que el texto funciona. Aunque hay poemas que se prestan mucho más que otros, creo que la lectura en público de un poema tiene que ver con algo que va más allá del sentido. Tiene que ver con el ritmo que se transmite.
Su último libro, Cómo enterrar al padre en un poema, es un poemario que además le ha traído muy buenos resultados, como el premio Todostuslibros, pero al que también le costó dar forma.
Sí, es cierto, porque además se trata de un libro que tenía, de entrada, unos condicionantes. Dialoga con un poema de Sylvia Plath, así como con mujeres artistas, tanto poetas como escritoras y artistas plásticas. Aquel primer poema me dio el tono del libro y me hizo ver cuáles eran los condicionantes que debía asumir.
Era una forma de ponérselo aún más difícil...
Sí, me gusta ponérmelo interesante cuando escribo. Los poemas de este libro hablan del mismo proceso de creación y por eso debía haber un diálogo y también una especie de coincidencia biográfica entre las mujeres elegidas y mi propia biografía. Eso hizo que se creara un espacio que incitara al poema porque, si no hay condicionantes, el poema no sucede de la misma forma que cuando una escribe por un impulso visual o auditivo. Así que es un libro que necesitó de tiempo de gestación.
«La poesía necesita visibilidad también en las librerías, pero España es un país avanzado»
¿Considera que en su obra en general existe una conexión con las miradas femeninas?
Sí, y eso precisamente me lleva al título. Cómo enterrar al padre en un poema es un arquetipo, pero también podría ser una idea sobre lo que viví durante toda mi etapa de formación literaria, porque lo que leía era, básicamente, la obra de los hombres. Ellos forman parte indiscutible de mi genealogía literaria, pero faltaban las mujeres. Eso ha sido enterrar al padre para mí. Lo he hecho rodeada de todo ese elenco de mujeres, entre las que se ha tejido una red subterránea. Se trata de figuras que he ido descubriendo, aunque también faltan muchas otras. Me hubiera gustado escribir un poema con Emily Dickinson, que es mi poeta predilecta, pero no se dio. Sí que creo que existe una gran complicidad en todos los casos que forman parte del libro y eso se ve en la forma en la que están construidos los poemas, que son como instalaciones poéticas.
También ha jugado con versos más largos, más cortos, con la puntuación y las mayúsculas. ¿Ha sido una forma de rebelarse contra esa otra ocupación que tiene que es la traducción, en la que debe adaptarse a lo que el autor ha querido decir y su única función es trasladarlo a otro idioma?
Nunca lo había pensado pero es cierto que puede tener que ver. Cuando hago una traducción tengo que dejar a un lado mi propia voz, mientras que cuando escribo me muevo por sensaciones y siento esa libertad que se ve reflejada precisamente en ese juego con versos cortos, largos, con las pausas… Precisamente, creo que si tuviera que definir este libro con una sola palabra sería libertad.
Este es su quinto libro de poemas pero antes de él escribió una novela. ¿Qué es lo que le marca el ritmo para elegir uno u otro género?
Aquella novela surgió por necesidad, porque no cabía en un poema lo que tenía que explicar en La casa limón. Si hubiese cabido, lo habría tenido que exponer de otra forma y, de hecho, todo lo que está en la novela está en mis libros de poemas de otra forma. Yo escribo por ciertas obsesiones, y en cada momento las miro desde diferente ángulo, pero no soy yo quien lo dirige, sino que es la misma escritura la que me lleva hacia una forma u otra.
«Los hombres forman parte indiscutible de mi genealogía literaria; me faltaban las mujeres»
Ha sido profesora de instituto en Cataluña. ¿De qué forma le inspira el trabajo con los chicos a la hora de escribir?
La juventud me da frescura porque me contagia su manera de mirar el mundo. Es una forma de mirar el mundo de nuevas y creo que tiene mucho que ver con la forma de hacerlo de un escritor.
Aunque habla cuatro idiomas, se ha decantado por el español para escribir, ¿por qué?
No lo sé. No creo que haya elegido una lengua en concreto, sino que fue al contrario. Nací en Rumanía pero vivo en España desde que tenía 24 años. Escribí un libro en catalán que vino sin que yo lo buscara. Todo se ha dado de forma natural. Creo que el español es una lengua maravillosa y por eso no me extraña que haya terminado escribiendo así. Lo cierto es que en rumano no puedo escribir. Podría escribir artículos pero no me reconozco la voz. La palabra y las letras nos llevan por sitios que ni nosotros entendemos pero creo que la poesía que yo leí con 18 años, cuando comencé a estudiar Filología hispánica, me marcó mucho. Aún recuerdo la primera vez que leí a Alejandra Pizarnik, por ejemplo, o a Lorca, con palabras como polizón o nardo. Aquello fue una impresión muy grande en mi cerebro y por eso decidí inconscientemente que tenía que escribir algún día en esa lengua tan maravillosa.
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