ENTREVISTA
Pablo Alborán, en Canarias: "Tengo la misma ilusión que cuando iba por los bares con mi guitarra; lo que no queda es la ingenuidad"
En Tenerife, el cantante presenta en exclusiva para La Provincia la etapa luminosa de KM0 y pone el foco en la música como refugio, el cuidado y la donación de médula. Lo hace aprovechando su visita a los Premios DIAL Tenerife 2026.

Entrevista exclusiva de Pablo Alborán para La Provincia / La Provincia
Adolfo Rodríguez
Pablo Alborán aterriza en Canarias con el pulso sereno de quien ha aprendido a dosificar la energía sin bajar la verdad. Desde Tenerife, el artista presenta su etapa más luminosa con KM0 y una gira mundial que lo traerá al Tenerife Music Festival en 2026 gracias a New Event. “Estoy disfrutando mucho”, dice en el jardín del Hotel Mencey por su visita a los Premios DIAL Tenerife 2026, mientras reivindica la música como refugio y el valor del cuidado.
El cantante presenta una etapa que muchos ya señalan como una de las más luminosas de su carrera, impulsada por KM0, un trabajo atravesado por la emoción, la herida y también la reconstrucción. Él no se deja arrastrar demasiado por las etiquetas, pero tampoco esquiva lo que está viviendo: “Estoy disfrutando mucho, estoy aprendiendo a dosificarme la energía también y a disfrutar de la suerte que tengo de poder dedicarme a lo que más me gusta”.
Del chico de la guitarra al artista que mira el horizonte
Alborán describe este presente como un tiempo de conciencia. Más que una cima, lo vive como un lugar de equilibrio. “Poder tener un equipo de ensueño, un equipo que tiene una actitud, unas ganas de vivir, de trabajar, de que el otro esté bien… nos cuidamos, nos retroalimentamos y eso es un sueño”, resume. En su discurso no aparece la euforia fácil, sino una sensación de agradecimiento muy terrenal, tejida desde lo cotidiano y lo humano.

El periodista Adolfo Rodríguez y el cantante Pablo Alborán / La Provincia
Cuando se le plantea si ha llegado, por fin, a esa “mejor etapa” que tantos observan desde fuera, se distancia del ruido mediático con una media sonrisa. “La gente dice muchas cosas, un día dice una cosa, mañana dicen otra”, comenta. Pero enseguida aterriza la idea en lo verdaderamente importante: lo que sí nota es que este disco tiene un peso distinto, porque nace de una circunstancia personal muy concreta y profundamente transformadora.
KM0, el disco de las segundas oportunidades
KM0, explica, llega después de “un momento personal de mucha turbulencia” en su familia, atravesado por la enfermedad, pero también por la esperanza. “También de curación gracias a la donación de médula”, añade. Y ahí es donde el relato del artista deja de ser únicamente musical para convertirse en algo más amplio: una defensa de la vida, de la ciencia y de los vínculos invisibles que sostienen a las personas en los momentos más duros.
“Eso te revuelve y te ayuda a volver a creer en el ser humano, a creer en la vida, a creer en la donación, a creer en la ciencia”, afirma. Incluso va un paso más allá al hablar de aquello que escapa a toda lógica de control: “A creer que inclusive hay algo más allá que no controlas, porque cuando la vida te da una segunda oportunidad así suceden muchas cosas”. Desde ese lugar nace un disco con mucha gratitud, con ganas de vivir, con ganas de celebrar, aunque sin renunciar al pulso dramático que siempre ha acompañado su repertorio. “El drama está en mi música siempre, en algún momento va a asomar”, admite.
Abrazar la vulnerabilidad en el escenario
La nueva gira mundial ha sido definida como la más ambiciosa de su trayectoria, pero también como la más vulnerable. Y Pablo Alborán no solo compra esa idea, sino que la subraya. “Totalmente”, responde sin rodeos. Porque si algo parece marcar este nuevo directo es la voluntad de llevar al escenario no solo canciones, sino vivencias abiertas, zonas sensibles, historias todavía palpitantes.
“Es una gira donde se tocan temas muy íntimos”, explica. Reconoce que en trabajos anteriores también hubo exposición emocional, pero cree que ahora todo ocurre desde un lugar más consciente. “Quizá en este momento donde soy más consciente de las cosas, las vives con más intensidad también”. Esa intensidad no responde a un cálculo artístico, sino a una madurez vital que hace que cada tema pese de otra manera.
“Planta siete”: memoria del cuidado y de quienes sostienen
Esa vulnerabilidad se condensa especialmente en Planta siete, una de las canciones más significativas de esta etapa. Alborán la vincula directamente a la experiencia familiar que atravesó y a todo el ecosistema humano que acompaña un proceso hospitalario. “Cuando la canto en el escenario no es solamente una canción para mí”, dice. En ella caben una persona concreta de su familia, pero también “los enfermeros, celadores, médicos, médicas, enfermeras, cocineras, cocineros, todos los que se ocupan de una planta en un hospital”.
La canción, cuenta, abraza a “los que acompañan, los que se quedan, los que se van”. Por eso sostiene que no se trata solo de interpretar una letra, sino de invocar una memoria compartida del dolor y del cuidado. “Sí, es muy vulnerable, pero a la vez también creo que es bonito abrazar la vulnerabilidad y abrazar las historias de la gente que ponen en tus canciones”. La frase resume con precisión el corazón de esta nueva etapa: menos armadura, más verdad.
La música como refugio y conducto
En esa misma línea, el artista reivindica el papel de la música como un espacio de sanación colectiva. No lo dice desde la grandilocuencia, sino desde la observación de lo que ocurre concierto tras concierto. “Cuando el público viene y quiere cantar y quiere curar un área del pasado o enamorarse o volver a creer en algo, nos sirven ellos y ellas mismas”, reflexiona. Lo que se genera ahí, en ese intercambio entre escenario y patio de butacas, es para él una forma de tránsito emocional.
“Yo creo que la música es un conducto muy bonito y si pasa con mi música yo seré el hombre más afortunado”, añade. Es una declaración poderosa porque sintetiza una ambición artística que no pasa solo por llenar recintos o encadenar giras internacionales, sino por comprobar que una canción puede tocar una herida, ordenar un duelo o incluso inaugurar una esperanza.
Sin autocensura
Hubo un momento de la conversación en el que reaparece una pregunta ya antigua, casi convertida en guiño mediático: aquella sobre si Pablo Alborán “se ha marcado un Shakira” en sus canciones. El cantante recuerda entre risas que aquella formulación “fue muy viral”, pero la retoma para responder sobre una cuestión de fondo: si se autocensura cuando escribe.
La respuesta es clara. “No, para nada”. Y enseguida profundiza: “Si con algo me siento muy libre es con la música”. Para Alborán, precisamente ahí reside una de las funciones más honestas del arte: permitir decir lo que no siempre se logra expresar en la vida diaria. “La música es un lugar donde uno puede mostrar las cosas que no se atreve quizás a decir en su día a día”. No hay censura, por tanto, sino un filtro emocional y estético con el que convierte la experiencia en canción.
El chico de la guitarra sigue ahí, pero menos ingenuo
Cuando se le pregunta qué queda de aquel Pablo que iba por los bares con su guitarra antes de las giras mundiales, no duda. “Queda la misma ilusión”, asegura. Y enumera lo esencial: “Tengo las mismas ganas de subirme al escenario, las mismas ganas de convencer a la gente de que esto es mi pasión”. En un artista de su recorrido, esa continuidad no es menor. Dice mucho de una vocación que no se ha diluido entre cifras, recintos y agendas internacionales.
Lo que sí ha cambiado, admite, es la ingenuidad. “Lo que no queda quizás es la ingenuidad, de llegar de pronto a un lugar y no saber qué te va a pasar aquí o acá”. Hay experiencia, oficio y una conciencia más afinada del entorno. “Menos mal, a los 15 años que sirvan de algo”, bromea. Pero en el fondo de esa respuesta se adivina una certeza: el éxito no ha borrado al músico que empezó por impulso y necesidad. Simplemente lo ha vuelto más lúcido. Y desde esa lucidez, con Canarias como una de las próximas paradas de su nueva gira de la mano de New Event, Pablo Alborán se presenta hoy más ambicioso, sí, pero también más humano que nunca.
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