Josefina Aldecoa, cien años de escuela, literatura y memoria
Este 8 de marzo se cumple un siglo del nacimiento de una autora fundamental en las letras españolas, fundadora del Colegio Estilo, donde fusionó creatividad y pedagogía

Josefina Aldecoa, cien años de escuela, literatura y memoria / La Provincia
Anna María Iglesia
Maestra por vocación y escritora por necesidad vital, ambas ocupaciones fueron para ella dos oficios indisociables y regidos por los mismos principios: la libertad, el pensamiento crítico y la igualdad. Mañana, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se cumple un siglo del nacimiento de la pedagoga y autora de ‘Diario de una maestra’
«La educación me obligaba a salir de casa, a ver gente, a escuchar sus problemas y tratar de resolverlos. Me daba también la oportunidad de comprobar que nadie es feliz del todo ni del todo desgraciado», recordaba Josefina Aldecoa en En la distancia, libro de recuerdos publicado en 2004. La década de los 2000 fue un periodo de gran producción literaria; retirada en Cantabria, donde vivía su hija, la autora y pedagoga leonesa, de cuyo nacimiento en La Robla (León) se cumplen cien años este 8 de marzo, escribió y publicó con fruición: Cuentos solidarios, El enigma, Hermanas -que fue su última novela- y La casa gris, texto escrito en los 50 y que, sin embargo, permaneció en un cajón hasta 2005.
Había editado su primer libro muchos años antes, en 1960: El arte del niño, un estudio en el que esta doctora en Pedagogía dialoga con las corrientes pedagógicas y, retomando los principios de la Institución Libre de Enseñanza y el krausismo, defiende la importancia de la educación artística y del fomento de la libre expresión del niño. Un año después, en 1961, publicó A ninguna parte, su primer libro estrictamente literario: un volumen de relatos de corte realista en los que, como sucedió en sus novelas siguientes, la infancia -observada y narrada desde la mirada adulta- es uno de los temas centrales. No volvió a colocar una obra en la mesa de novedades hasta la década de los 80 y no fue hasta 1990 cuando publicó la que seguramente es su novela más conocida: Historia de una maestra. Con un importante sustrato biográfico, como la mayoría de sus novelas y relatos, en este libro rinde homenaje a su abuela y a su madre, maestras de la escuela pública, a través del personaje de Gabriela, una maestra cuyos pasos sigue desde los años 20 hasta el comienzo de la Guerra Civil.
Evasión y razón de vivir
En esa larga pausa de más de dos décadas entre el segundo y el tercer título publicado, Aldecoa estuvo dedicada al Colegio Estilo, «escuela libre, moderna y europeísta», que fundó en 1959 y que, como recordó en aquellas líneas de En la distancia, fue el motor que la ayudó a salir adelante tras enviudar prematuramente, en 1969, del también escritor Ignacio Aldecoa.

Josefina Aldecoa / La Provincia
«Todas las noches leo un rato antes de dormir. La lectura me serena, me da ocasión de sumergirme en otras vidas, otros ambientes, otros paisajes. Viajando en el libro, página a página me llega la paz. Muchas noches me duermo con la luz encendida y me despierto al cabo de unas horas, herida por el resplandor de la lámpara», afirma en La fuerza del destino Gabriela, protagonista de Historia de una maestra y de quien, en este nuevo texto de 1997, se narra su regreso a España tras el exilio.
Los libros formaron parte de la vida de Aldecoa desde su infancia; los cuentos, relata En la distancia, fueron para ella una forma de evasión de esa educación rígida que le inculcaban en casa, una educación que se sustentaba en «una ética libre de las normas de una religión concreta, […] privada del perdón de los pecados y aceptando como único control la propia conciencia». Los libros, sin embargo, pronto dejaron de ser una mera evasión: la literatura se convirtió en una de las razones centrales de su vida, y no solo porque a ella dedicó la segunda parte de su vida, ni tampoco porque fue lo que la unió a su marido, sino porque fue uno de los fundamentos de su proyecto educativo.

Historia de una maestra - Josefina Aldecoa / Alfaguara
«Si supiéramos más de libros y menos de tabernas, nos engañarían menos y seríamos más felices», dice uno de los personajes de Historia de una maestra. En En la distancia, la propia autora reconoce la importancia de la literatura como herramienta para la emancipación de la mujer: «Por experiencia, confieso que una novela escrita por una mujer, una novela digna, despierta siempre mi interés como lectora. Quiero ver cómo nos vemos a nosotras mismas. Quiero comprobar que la autora tiene puntos de contacto conmigo o que me descubre aspectos inéditos de lo femenino».
No se puede separar su compromiso con y para la educación de su compromiso con y para la literatura: para ella, el ser maestra y el ser escritora eran dos oficios regidos por los mismos principios vinculados a la libertad, al pensamiento crítico y a la igualdad. «Ya entonces yo creía más en la justicia que en la caridad», afirma el personaje de Gabriela al recordar su estancia en Guinea Ecuatorial, colonia española a la que llega para ejercer de maestra. «El tiempo que pasé en Guinea fue un tiempo de soledad. Era un mundo de hombres», añade sobre una situación a la que, sin embargo, Gabriela se enfrenta: «No son ustedes quiénes para velar mi conducta», advierte la maestra a esos hombres blancos que le recriminan su amistad con Emil, un médico africano. Gabriela está en Guinea para conseguir abrirse un camino en solitario, a pesar de las ataduras que se le imponen por su sexo, y sobre todo para cumplir un sueño, que ella resume a través de pocos, pero significativos conceptos: «Educación, cultura, libertad de acción, de elección, de decisión. y lo primero de todo, condiciones de vida dignas, alimentos, higiene, sanidad».

A ninguna parte - Josefina Aldecoa / Menoscuarto
(Pequeña) historia de un país
«Si yo quisiera explicar lo que era entonces para mí la política, no sabría. Yo creía en la cultura, en la educación, en la justicia. Amaba mi profesión y me entregaba a ella con afán. ¿Todo eso era política?», afirma también Gabriela. Ha llegado la República, pero su vida se ha replegado hacia dentro, concentrada en la crianza de Juana, su hija, y en su trabajo como maestra. Por el contrario, a Ezequiel, su marido y también maestro, se le han abierto las puertas del mundo social y de la actividad política.
En un contexto rural como es aquel en el que viven y ejercen de maestros Gabriela y Ezequiel, las reformas propuestas para la escuela por el Gobierno republicano son percibidas con recelos por algunos. Aldecoa muestra los conflictos de una sociedad que, por un lado, quiere abrirse a valores como la laicidad, la libertad y la igualdad y que, por el otro lado, sigue anclada en los modos y las lógicas de antes. «Quiera que no, tiene usted una escuela como él. Pero ¿quién cocina, quién lava, quién plancha, quién brega con la niña?», le recrimina a Gabriela su vecina. La joven maestra que defendía la coeducación de niños y niñas en las aulas no solo porque, insiste, así aprendían mejor, sino porque era la manera de romper con los roles prefijados para las niñas -no son diferentes, le aseguraba a Ezequiel-. Pero respiran otro aire. Las preparan desde la cuna para ser mujeres lo más sumisas posible», termina, sin embargo, recluyéndose en casa, encontrando una vez más en la lectura su única vía de escape.

En la distancia - Josefina Aldecoa / Alfaguara
Si en Los niños de la guerra, libro aplaudido y que la animó a seguir escribiendo, Aldecoa rememora la experiencia de quienes, como ella, fueron niños durante el conflicto del 36, en Historia de una maestra, reconstruye, a través de una mirada social, atenta a los pequeños detalles, a la vida cotidiana y no a los grandes acontecimientos, la transformación a lo largo de 15 años de una sociedad española marcada por las contradicciones y donde los cambios políticos y sociales no se implantan de una misma manera.
Como en algunos de sus relatos, Aldecoa confronta la vida de la ciudad con la vida rural, contrasta los usos y costumbres de un contexto y de otro, pero también las condiciones de vida de un lugar y de otro. Con una mirada analítica, atenta a los detalles, cuenta a través de su obra la historia de un país, desde los sueños de libertad de la República hasta el terror y la represión de la dictadura, mostrando las fisuras que nunca terminaron de cerrarse. «Nunca he olvidado la experiencia de una dictadura. Todavía ahora, al cabo de años de libertad, yo temo con frecuencia la amenaza de un trámite burocrático mal hecho, de una declaración sincera y crítica -¿peligrosa?- en una entrevista. El fantasma de la represión se cierne sobre mi conducta», reconoció años después en En la distancia.

La casa gris - Josefina Aldecoa / Alfaguara
Tampoco olvidó nunca a su maestro de la Preparatoria, David Escudero, fusilado por los nacionales tras ser acusado de politizar a sus alumnos. El asesinato de Escudero es clave para comprender el compromiso de Aldecoa con la educación y la cultura, así como para entender de qué manera el oficio de ser maestra y el de ser escritora eran para ella vasos comunicantes, se daban la mano en un proyecto que iba más allá y que tenía que ver precisamente con esos valores aprendidos desde niña. Si bien es cierto que se mostró crítica con la rigidez con la que creció en casa, si bien es cierto que nos presenta a personajes -pensemos en las dos protagonistas de Hermanas- que intentan escapar de la rigidez y las imposiciones de los maestros a través de la lectura, Aldecoa reivindica el oficio de maestra porque, como ella misma dice, «los maestros son la salvación de país».
Legado de una generación
Detrás de Historia de una maestra está el legado de su abuela y de su madre, pero también el de toda una generación de maestros que, con sus cotidianas heroicidades, intentaron cambiar un país abriendo puertas y ventanas para sus alumnos. «Me puso en contacto con un mundo que siempre había mitificado. El mundo superior europeo, inteligente, de los españoles que creyeron en un sueño. El sueño que duró los cinco años de la República»; así recordaba Aldecoa, muchos años después, a Felisa de las Cuevas Canillas, maestra amiga de su familia contratada por sus padres después de un desastroso primer año de bachillerato.

Hermanas - Josefina Aldecoa / Alfaguara
De su mano, Aldecoa descubrió la gran cultura europea, hecho que la llevó a estudiar inglés, lengua que siguió perfeccionando cuando se trasladó a Madrid para estudiar Filosofía y Letras, si bien luego terminó doctorándose en Pedagogía, carrera por entonces reciente. En esos años de estudiante, en la biblioteca de Casa Americana, centro cultural de la Embajada de Estados Unidos, descubrió los grandes nombres de la literatura norteamericana. De hecho, aunque pocas veces se recuerda, fue la primera traductora al castellano de A sangre fría de Truman Capote.
Ahora que se cumple el centenario de su nacimiento, cabe reivindicar su figura como escritora y como maestra; cabe reivindicarla como escritora y como maestra y cabe reivindicar su implicación político-social, que trasladó tanto a la página impresa como a la vida a través de la escuela Estilo. Teoría y praxis fueron siempre de la mano en Aldecoa, consciente de que la literatura y, más en general, la palabra escrita cobran verdadero sentido y fuerza cuando se encarnan, cuando se trasladan a la vida.
Un refugio entre pizarras
El Colegio Estilo abrió sus puertas en 1959 impulsado por Josefina Aldecoa, quien lo convirtió en el gran proyecto de su vida. «Los amigos comenzaban a tener hijos en edad escolar y ninguno deseaba para sus vástagos ni la ideologizada escuela franquista ni la educación religiosa», recordaba muchos años después la pedagoga y escritora, que consiguió mantener las puertas abiertas de su escuela hasta bien entrada la democracia. Tenía 33 años cuando abrió en el barrio madrileño de El Viso este centro, al frente del cual estuvo durante medio siglo. Después, cogió el relevo su hija Susana Aldecoa, que asumió la dirección desde 2011, año del fallecimiento de la autora, y hasta 2019, año en el que el colegio cerró finalmente sus puertas ante el descenso del número de alumnos y el fin del contrato de alquiler del edificio.
«Quería algo muy humanista, dando mucha importancia a la literatura, las letras y el arte; un colegio que fuera muy refinado culturalmente, muy libre y donde no se hablara de religión, aspectos que entonces eran impensables en la mayor parte de los centros del país», rememoraba la propia Aldecoa.
En 2013, Amelia Castillo publicó Memorias de un colegio (Biblioteca Nueva), un libro en el que reúne el testimonio de muchos exalumnos que pasaron por las aulas del Colegio Estilo, así como de padres que vieron en esta escuela un refugio y una alternativa a la cerrada escuela franquista. Para el actor, guionista, director de teatro y escritor Adolfo Marsillach, por ejemplo, fue «un lugar donde proteger a nuestros hijos de las correosas enseñanzas de los curas».
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