Canarismos
Después de Dios, los médicos

Después de Dios, los médicos / LP / ED
Luis Rivero
Hubo un tiempo en el que los médicos eran considerados dioses, eran idolatrados hasta el punto de ser elevados a una condición divina. Este «endiosamiento» se deduce de la narrativa propuesta por las mitologías del mundo Antiguo (desde la civilización sumeria a Egipto, Grecia o Roma). No es extraño, pues, que este dicho establezca una comparativa indirecta que pone de un lado a Dios y de otro a los médicos, en un segundo plano. Se trata de uno de los tantos proverbios de inspiración religiosa que trae ecos desde la Antigüedad, cuando existía una deidad a la cual se le atribuía el conocimiento de las ciencias médicas y el arte de curar y fueron los encargados -según las distintas mitologías- de transmitir/revelar/instruir a los hombres en los secretos necesarios para el ejercicio de la medicina. Y de ahí, la mitificación o sacralización del galeno [así, por ejemplo, Asclepio, para los griegos (o Esculapio para los romanos) era considerado dios de la medicina y de la sanación, y como tal fue venerado en estas culturas]. El refrán rememora de manera figurada la condición superior de los médicos respecto al resto de los mortales y situándolos en un escalafón inmediatamente inferior al Dios supremo en la estructura jerárquica celeste. [Dios, con mayúscula, evoca aquí a la divinidad de los cultos monoteístas]. Este orden de prelación que sitúa a los médicos después de Dios se intuye también en otros refranes afines, como en este de inspiración bíblica que viene documentado en el Quijote: «Cuando Dios da la llaga, da la medicina» (Q II-XIX) que en sentido metafórico viene a significar que Dios coloca al hombre ante la adversidad y la desgracia, pero le procura también la superación de sus problemas. Lo que de alguna manera exalta la omnipotencia divina frente a las vicisitudes del destino. Este otro dicho afín afirma: «Dios es el que sana y el médico [se] lleva la plata» que traslada con ironía la convicción profunda del vulgo que la curación verdadera es obra divina, mientras el médico es un mero intermediario/mandatario del omnipotente y que recibe una compensación económica por su intervención.
«Después de Dios, los médicos» es un refrán que se suele emplear cuando después de una visita médica, una intervención o cura se constata un restablecimiento o mejoría [podemos escucharlo en formas dialógicas como esta: «¿Y qué te dijo el médico de lo tuyo?» (es común entre hablantes el uso de los posesivos ‘tuyo’ o ‘mío’ para referirse a la afección o enfermedad que se padece sin nombrarla) / «Me mandó unas pastillas, oiga, mano de santo» / «como dice el dicho, después de Dios, los médicos»].
Como antónimo de la anterior otra expresión genuinamente isleña, aunque originaria de Cuba, que hace referencia a los médicos, dice: «Eso no lo arregla ni el médico chino»; que de manera singular se emplea para referirse a una enfermedad incurable (»a ese no lo cura ni el médico chino»), mientras que en sentido más genérico por extensión semántica se emplea para expresar que se está frente a un problema o situación de imposible o de muy difícil solución. Y hasta el extremo que resulta tan complicada que nos llevamos las manos a la cabeza porque «la cosa está muy jodida» y se concluye, no sin cierto gracejo: «¿Esto? Esto lo no arregla ni el médico chino».
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