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Ataque a Irán

El testimonio de Yolanda Soler desde Jordania, escritora y periodista vinculada a Canarias: "Vivo estos días con más vergüenza que temor"

Desde Amán, la respuesta de Irán a los ataques de Israel y EEUU se manifiesta con sirenas y detonaciones constantes, mientras la población jordana intenta mantener la normalidad, recordando los conflictos pasados

El momento en el que un dron iraní impacta con una posición estadounidense

El momento en el que un dron iraní impacta con una posición estadounidense / Sara Fernández García / PI STUDIO

Yolanda Soler Onís

Amán (Jordania)

Llegué a Amán en septiembre de 2024 procedente de Beirut. Traía en la memoria la Revolución del 17 de septiembre de 2019, la explosión del Puerto de Beirut, los primeros compases del genocidio israelí en Gaza y los constantes bombardeos que llegaron a desplazar a más de dos millones de personas en el Líbano.

En Amán suenan las sirenas desde la mañana del sábado alertando de la respuesta de Irán a los ataques de Israel y EEUU, Insistentes, con más constancia que en la Guerra de los doce días, del pasado junio, o durante los ataques con drones del otoño de 2024. Las detonaciones son continuas y la chatarra que cae del cielo se multiplica, se trata de restos de misiles balísticos y drones, envueltos en fuego. En esta ocasión Jordania se ha convertido, como el resto de los países de Oriente Medio que dan cobertura logística a Israel y EEUU, en objetivo para Irán.

Pese a todo, la vida sigue como cualquier otro día, se acude al trabajo con la precaución de mantenerse a cubierto, lejos de las ventanas. “Resignación” sería la palabra para definir lo que se respira en el ambiente. No debemos olvidar que más de la mitad de la población de Jordania es de origen palestino, que llegó desplazada por conflictos anteriores y que la aparente neutralidad del país se ha sostenido en el apoyo de otros estados y en una economía que tiene en el turismo, como Canarias, su primera fuente de ingresos.

Personalmente, vivo estos instantes con enorme impotencia, cada toque de sirena me devuelve a la resiliencia del Líbano o al genocidio de Israel en Gaza, que ahora ensaya nuevas formas de matar. Las detonaciones me quitan el sueño y la fe en la palabra con la que, además, me gano la vida. Considero indecente llamar “ataque preventivo” a la masacre de más de un centenar de niñas: “daños colaterales”, quizá, que ya nunca podrán decidir si quieren llevar el pelo suelto o recogido bajo un hiyab. Vivo estos días con más vergüenza que temor, por ver cómo gran parte de Europa apoya -porque el silencio es, también, otra forma de actuar- a quienes desprecian los Derechos Humanos, el Derecho Internacional o cualquier tipo de derecho que no sea el de hacer del mundo su cortijo.

Yolanda Soler Onís, en Jordania.

Yolanda Soler Onís, en Jordania. / El Día

*Yolanda Soler Onís es directora del Instituto Cervantes en Amán, en la capital de Jordania.

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