Pablo J. González, vulcanólogo del CSIC: "Por sí sola, la actividad que vemos en el Teide no implica un proceso eruptivo"
El investigador del Instituto de Productos Naturales destaca que para hablar de peligro de erupción tendrían que darse más indicadores de manera simultánea

El vulcanólogo del IPNA-CSIC, Pablo J. González. / Cedida

Tras casi tres semanas de actividad sísmica muy débil, el vulcanólogo e investigador del IPNA, Pablo J. González, que representa al CSIC en el Comité Científico del Pevolca, insiste en que no hay evidencias de intrusión magmática en la isla, por lo que descarta que pueda haber una erupción a corto o medio plazo.
Para que esto ocurra, como insiste, deberían simultanearse más indicadores: mayor sismicidad, una deformación importante en poco tiempo y un cambio en la emisión de gases. Algo que, por el momento, no ha sucedido.
¿Qué opinión le merecen los movimientos sísmicos que se están produciendo en Tenerife?
Son movimientos sísmicos pequeños, es decir de baja magnitud, y localizados en la base de la corteza. Los enjambres son típicos de zonas volcánicamente activas como lo es Tenerife. Por el momento, no hay señales asociadas de deformación o gases. La situación que se está monitorizando forma parte de la vigilancia habitual. Por lo tanto a día de hoy, no hay implicaciones que apunten a una evolución hacia un proceso eruptivo, se tienen que dar más cosas.
Son anómalos pero ¿son raros?
Son anómalos para el periodo instrumental de las redes de vigilancia en Tenerife, sobre todo porque ocurren en un periodo corto y se concentran en una zona específica, pero para nada son raros en islas volcánicas en general. Recientemente, la isla de Terceira en Azores ha tenido varios episodios similares, e incluso Tenerife ha tenido un episodio con similitudes (entre 2004 y 2006) sin que evolucionaran hacia un proceso eruptivo.
¿Que diferencias hay entre estos movimientos y los que hubo en 2004?
Por aquel entonces, yo empezaba mi tesis doctoral y recuerdo bien el evento de 2004 que se prolongó hasta 2006. Fue una sismicidad de mayor magnitud y coincidió con aumento de emisiones de dióxido de carbono (CO2), una actividad fumarólica más intensa e incluso anomalías claras en microgravedad. Esas fueron señales, mucho más claras que las actuales, de que el sistema magmático e hidrotermal profundo de Tenerife se había reactivado. Ahora no vemos todos esos indicadores con valores anómalos. Por supuesto que hay que hacer un seguimiento de esos pequeños terremotos, y por eso se está recabando la información científico-técnica disponible y lo/as experto/as se reúnen para poder asesorar lo mejor posible a las autoridades e informar a la población. Sin embargo hay que recordar que por el momento es tan sólo la persistencia y repetición de microsismos lo que hace recordar a 2004.
¿Qué significan estos movimientos en otros volcanes?
En la mayoría de volcanes, la microsismicidad sin otros cambios suele indicar ajustes internos (microfracturación) del subsuelo y/o circulación de fluidos. Por sí sola, esta señal no implica un proceso eruptivo. Es un parámetro muy importante, pero no el único. Es por ello que la vigilancia volcánica hace un seguimiento de muchos parámetros, tales como gases, deformación o temperatura de las fumarolas.
¿Qué más indicadores tendrían que ocurrir para considerar que existe un riesgo inminente o a corto plazo de erupción?
Para hablar de peligro de erupción volcánica tendríamos que ver más señales simultáneas, como deformación clara, rápida y sostenida del terreno (por ejemplo, varios centímetros en pocos días o semanas), cambios rápidos en dióxido de carbono y el azufre, terremotos sentidos por la población, migración de la sismicidad lateralmente o hacia la superficie y variaciones de temperatura del suelo y/o en las fumarolas del Teide. Casi nada de eso está ocurriendo ahora. Lo lógico es seguir vigilando, si se puede añadir más instrumentación hacerlo, y continuar con la comunicación a la población.
En 2023 se detectó una deformación que ya alcanza los dos centímetros, ¿qué significa?
Este es un parámetro que nuestro grupo sigue con mucho detalle, puesto que somos expertos en su interpretación. Pero por el momento, no vemos deformación apreciable en las redes GPS ni en los datos InSAR (una técnica de imágenes por satélite). Asociado a la microsismicidad de febrero no se han producido cambios apreciables y/o medibles. Los datos disponibles indican que, si existe movimiento profundo de magma, no está teniendo efectos medibles en superficie ni señales típicas de intrusión.
¿Cuál cree que es el origen de los terremotos?
Como no puede ser de otra forma, coincido con los informes de consenso del comité científico del Pevolca en el que el CSIC participa. Lo más probable es que se deban a la circulación o ascenso de fluidos calientes de origen magmático hasta el complejo intrusivo localizado en la base de la corteza oceánica en el entorno de los 10 km de profundidad.n
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