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Cirugía para ‘desmigajar’ los pequeños terremotos del Teide: el IGN prueba nuevas herramientas para detectar los microsismos de los enjambres

Los científicos del IGN realizan un trabajo quirúrgico para separar las señales de onda que emiten los pequeños seísmos que se están produciendo en las entrañas del Teide y así anticipar cambios en la actividad

Eduardo Suárez, sismólogo del IGN

Eduardo Suárez, sismólogo del IGN / Andrés Gutiérrez

Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

Los pequeños terremotos que se registran cada día bajo Las Cañadas del Teide desde hace casi tres semanas no solo se han convertido en uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado la ciencia canaria, también supone un desafío técnico. Los diminutos sismos no solo suponen un quebradero de cabeza para los volcanólogos, que tratan de dilucidar qué está ocurriendo a varios kilómetros de profundidad sin poder echar ni un vistazo; sino que también lo están siendo para los sismólogos.

Y es que su baja magnitud, su solapamiento y su reverberación en ciclos que se prolongan durante horas los hacen prácticamente indetectables, lo que ha llevado al Instituto Geográfico Nacional (IGN) a buscar alternativas para que el análisis no sea solo más rápido, sino también más certero.

«Normalmente empezamos haciendo un análisis manual, que es el que realizamos de manera habitual», explica Eduardo Suárez, sismólogo del IGN y uno de los encargados, durante las últimas semanas, de picar terremotos. Este método se utiliza cuando se producen pocos terremotos –o estos están separados por un periodo relativamente largo de silencio– y hay «tiempo» para analizarlos pues, como indica, de media se tarda entre cinco o diez minutos en analizar cada uno de esos terremotos.

Sin embargo, la cosa cambia cuando la actividad se dispara. «Cuando tenemos enjambres sísmicos como los que estamos viendo estos días, la cantidad de sismicidad aumenta y eso impide que podamos seguirles el ritmo tan solo con las fórmulas tradicionales», sentencia Suárez.

Métodos automáticos de detección de terremotos

Es entonces cuando los sismólogos recurren a métodos automáticos. Y de estos hay de todo tipo, tradicionales, de análisis clásico de la señal, e incluso los que entrenan a la inteligencia artificial para detectar patrones de la forma de onda.

«Después de la erupción de La Palma empezamos a probar estos nuevos métodos de IA para comprobar su viabilidad en un entorno volcánico como el de Canarias», explica Suárez. El método utilizado, que se había aplicado primero en California, resultó funcionar muy bien en Canarias. «Las señales volcanotectónicas son muy parecidas a los terremotos que pueden ocurrir en el continente, porque tienen patrones muy claros», explica el investigador.

El trabajo de esta inteligencia artificial era reanalizar las formas de onda registradas durante el periodo preeruptivo de La Palma y compararlas con las detectadas de forma manual. «Todas las señales eran medianamente parecidas y concordaban con lo que se registraba en otros contextos geodinámicos», replica. «Vimos que tenía mucho potencial, ya que lograba elevar los terremotos detectados de 1.400 eventos a más de 7.000», recalca el investigador.

Un hándicap

Sin embargo, el método, aunque se postulaba como muy prometedor, tenía un hándicap: no podía utilizarse en tiempo real. Un obstáculo al que se le añadió que tampoco funciona adecuadamente en terremotos híbridos tan pequeños y de tan baja magnitud como los que están ocurriendo estos días en las entrañas del Teide.

«Los eventos que estamos viendo en las últimas semanas son muy pequeños, no podemos diferenciar entre lo que es la propia señal y el ruido de fondo», explica Suárez, que insiste en que esto entorpece mucho la visión que pueden tener sobre el fenómeno. «Si intentas ver directamente la forma de onda, hay ocasiones en las que ni siquiera se aprecia», insiste. Esto ocurre porque estos terremotos cuentan con «un contenido espectral distinto y están asociados a otro tipo de fenómenos, así que su análisis se complica».

Esta situación está suponiendo un verdadero quebradero de cabeza para los investigadores del IGN, que dejan de ser capaces de detectarlos de manera individual cuando utilizan las técnicas manuales.

Terremotos detectados en los últimos 30 días en Tenerife

Terremotos detectados en los últimos 30 días en Tenerife / IGN

Por esta razón, en esta ocasión el IGN está probando una nueva técnica nunca antes utilizada hasta el momento en Tenerife en tiempo real: el uso de métodos de correlación. «En este caso, no comparamos la señal de los terremotos con nuestros análisis manuales, sino entre ellos mismos», relata Suárez, que destaca que su aplicación ha supuesto una «mejora sustancial». «Solo necesita una supervisión de los resultados, no un análisis completo», indica. La técnica proviene de investigadores de California.

Este método se ha puesto en marcha en la última semana y los resultados son evidentes. Si en los primeros días de enjambres el IGN apenas podía detectar 900 eventos, ahora es capaz de llegar a los 1.200 en el diagnóstico de un mismo tramo. «Esto es muy importante para nosotros porque es una información que tenemos en tiempo real y que, en caso de migración de terremotos o un aumento de la actividad, nos lo podrá decir de inmediato», insiste.

Más agilidad en el diagnóstico

Como destaca Suárez, se trata de «una herramienta muy buena para hacer análisis tanto de baja frecuencia como de la microsismicidad que se está registrando». Y es que en estos casos, el recuento manual de terremotos se convierte en «insostenible». «Tener a una persona dedicándole mucho tiempo al análisis y cálculo del propio enjambre termina desgastando. No somos eficientes, ni podemos hacer interpretaciones directas, y esto es una parte muy importante de nuestro trabajo», concluye.

Este nueva fórmula de diagnóstico de terremotos también es eficaz para «reducir el ruido». Y no solo el ruido de las propias entrañas del Teide, también ruidos naturales, como el viento, truenos o incluso la lluvia. También sería muy eficaz en el caso de que se desencadenara una de las señales más reconocibles de las erupciones: el tremor volcánico.

Y es que, al contrario que los terremotos, el tremor es una vibración continua asociada al movimiento de magma en una cavidad muy alargada, que hace resonar ese magma. Está asociado al ascenso de magma, aunque en ocasiones puede no tener nada que ver. No en vano, este tipo de señal tan rítmica y continua también puede estar provocada por una desgasificación intensa, actividad hidrotermal o una resonancia de los conductos. En todo caso, gracias a este tipo de metodología de diagnóstico de terremotos, «cuando las señales son muy continuas, podemos analizar la red de manera simultánea».

Pero la técnica tampoco es infalible. Fallaría en el caso de tener que detectar una «migración de terremotos», es decir, un desplazamiento progresivo de los seísmos hacia la superficie o en el plano. «Al ir migrando, la forma de onda también lo hace, y no podríamos constatar similitudes entre unas señales y otras, que es lo que estamos haciendo ahora», indica el investigador, que sentencia: «no serían coherentes».

Por esta razón, y como concluye Suárez, el éxito de la vigilancia sísmica en el Teide está en la «aplicación de varias metodologías al mismo tiempo» para poder entender bien la miríada de terremotos que emanan de las profundidades del Teide.

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