Enfoques
Mejor solas que mal acompañadas: las mujeres rompen el estigma de la soltería en su búsqueda de hombres corresponsables
La cada vez más acusada brecha ideológica, cultural y educativa entre sexos condiciona la búsqueda de pareja y las sume a ellas en una vorágine heteropesimista que las acaba empujando a la soltería

Adae Santana

Cada vez más mujeres optan por no compartir su vida con un hombre. La imposición de tener pareja que antaño las obligaba a arrejuntarse rápido y sin pensarlo demasiado para evitar el aislamiento social ya dejó de ser la norma, y en el camino hacia la construcción de un nuevo modelo de sociedad más igualitaria, los cimientos que erigían el estigma de la soltería se han desplomado. Al menos para ellas, que hoy parecen seguir a pies juntillas aquello que tanto repetía el refranero español: «mejor estar solas que mal acompañadas».
Las mujeres deciden estar solas por convicción. Para los expertos, la brecha ideológica, cultural y educativa entre hombres y mujeres es la que está condicionando este fenómeno. Ellas, más preparadas académicamente que nunca – el 62% de los alumnos egresados de las universidades canarias son mujeres– y con ideales feministas, se han sumido en una vorágine heteropesimista que las acaba empujando a la soltería. Ellos, con mayor fracaso escolar –según la Encuesta de Población Activa (EPA), el 20,4% de los chicos canarios abandonan la educación en Secundaria, frente al 11,08% de chicas– y una tendencia cada vez más acusada hacia los postulados tradicionales y el machismo, se sienten solos, incomprendidos y las culpan de su malestar.
A lo largo de las últimas décadas, los expertos han intentado dar respuesta a este nuevo fenómeno social. Las teorías han sido variadas y pintorescas, pues si bien hay estudios aluden a una suerte de soltería voluntaria por parte de las mujeres, otros especialistas describen el fenómeno como una consecuencia del éxito laboral femenino, que fomenta la búsqueda de hombres a la altura de unas expectativas imposibles o que, incluso, puede provocar rechazo y temor entre los hombres. La realidad tiene muchas más aristas, pero la conclusión a la que llegan los expertos consultados es que las mujeres, en general, ya no se conforman y desean encontrar a una persona que cohabite el mundo con ella en igualdad de condiciones, no que dependa de sus cuidados ni que lastre su desarrollo profesional.
Un cambio de paradigma
Psicólogas y sociólogas concuerdan en que este fenómeno no se da solo en aquellas mujeres con mayor éxito laboral ni en las que se consideran más exigentes. Esta realidad es transversal. «Tiene más que ver con un cambio sociocultural generalizado», concreta Esther Torrado, socióloga de la Universidad de La Laguna (ULL). En ello coincide el sociólogo de la ULL Aníbal Mesa, que afirma que el avance del feminismo y el empoderamiento de la mujer en las últimas décadas ha provocado que estas «ya no se conformen con cualquiera, ni acepten relaciones que se crean desde una jerarquía donde el control lo tiene el hombre».

La ‘app’ de citas OkCupid en un móvil / Antonio Hernández Rios
La sexóloga Cristina Izquierdo añade que, a raíz de este fenómeno, existe una cierta tendencia social al «heteropesimismo». A lo que se refiere es fenómeno cultural y relacional, acuñado por Asa Seresin en 2019, que alude el desengaño, cinismo o fatalismo de personas heterosexuales hacia la calidad de las relaciones heterosexuales modernas. Algo que, como describe Seresin –e Izquierdo corrobora a través de su propia experiencia en consulta– , afecta mayormente a las mujeres.
El fenómeno tiene un claro inicio:la inclusión de la mujer en el mercado laboral. «Ellas tienen menos oportunidades y deben hacer un doble esfuerzo para desarrollar su carrera profesional», sentencia Torrado. Estas expectativas les llevan no solo a formarse más y mejor sino también a realizar ciertas concesiones sobre su vida que habitualmente los hombres no llegan ni a replantearse. No en vano, son ellas las que aún dedican una mayor parte de su tiempo a mantener un sistema de cuidados privado que, por otro lado, ha sido olvidado por el Estado.
Tendencia a cargar con los cuidados
No es solo cuestión de percepción. La Encuesta de Características Esenciales de la Población y Viviendas (Ecepov) del Instituto Nacional de Estadística(INE) corrobora la tendencia femenina a cargar con los cuidados. En Canarias, el 21% de las mujeres canarias se encargan de la mayor parte de las tareas domésticas frente a 10% de hombres que afirman hacerlo. En el extremo opuesto, frente a que tan solo un 7% de mujeres (24.200) afirman no participar de ninguna manera en las tareas domésticas de manera habitual, los hombres que tampoco hacen nada en casa las duplican: son el 15% y más de 49.000 en Canarias.

Una madre junto a sus hijo y su pareja. / Archivo
El esfuerzo que, por tanto, las mujeres han hecho para acceder a una carrera laboral bajo unas condiciones desfavorables, no ha ido a la par con el esfuerzo que los hombres debían haber realizado para rellenar los espacios que las mujeres dejaban vacíos en el ámbito de los cuidados. «Las tareas de cuidado no solamente es cambiar el pañal al pequeño, es leerle el cuento, llevarle al médico…tú ves que mientras que nuestros compañeros pueden ir a padel o prepararse un sexenio en la universidad, las mujeres investigadoras tienen que renunciar a muchas de esas cosas –o tardan más en conseguirlo– porque tienen que asumir el rol de cuidadora», insiste Torrado.
Para quienes desean avanzar en su carrera profesional, la pareja se puede convertir en un obstáculo más, hasta registrar una «incompatibilidad con la promoción laboral». Y este fenómeno es aún más visible en las mujeres con más éxito profesional. «Mujeres que tienen carreras profesionales consolidadas son también mujeres con más autoestima y mejor autopercepción sobre sí misma, lo que ayuda a no conformarse con cualquier persona y hacerlas algo más exigentes, lo que puede ser una variable que alimenta este fenómeno», añade Mesa.
Los datos del INE muestran que la desigualdad en el ámbito privado se mantiene perenne, lo que no solo entorpece el propio desarrollo profesional de las mujeres –que muchas veces se ven obligadas a renunciar a sus carreras para el cuidado de sus menores o dependientes–, sino que, genera un nuevo escenario social que repercute en el aspecto más íntimo de la vida privada: el sexo.
Se trastoca el deseo
«Si como mujer ves que tienes más carga mental y que él solo hace cosas para su disfrute personal, al final eso deteriora la relación de pareja», relata Izquierdo, que insiste que eso puede incluso tener consecuencias en el deseo sexual. «Es difícil que una mujer se sienta atraída por alguien si lo tiene que cuidar como a un hijo», recalca Izquierdo.
Pero este fenómeno no solo está trastocando el deseo sexual de las mujeres, también el de los hombres. Porque para ellos, este cambio de paradigma les ha pillado sin armas personales para comprenderlo ni adaptarse a él. La sexóloga Laura Morán comparte que existe un cambio de rol y paradigma en lo que se refiere a la interacción sexual. «Donde antes las mujeres éramos un objeto pasivo de deseo, ahora no solo somos sujetos deseantes sino que tampoco necesitamos a otro ser para sostener ese deseo», recalca Morán.

una pareja en la playa / Shutterstock
En este contexto, «hay una dificultad para los hombres heterosexuales, CIS y blancos, que antes tenían un lugar en el mundo muy bien definido, para ubicarse», reseña la psicóloga especializada en sexología. De hecho, ella misma recibe en terapia a muchos hombres con dificultades «erótico-festivas» como erección y eyaculación involuntaria cuando están delante de «una mujer con mucha iniciativa o muy deseante». «Se sienten abrumados porque no están entrenados en ese rol, y eso les lleva a adherirse a prácticas más tradicionales», recalca Morán, que insiste en la importancia, por ello, de fomentar una nueva masculinidad, más feminista y en la que el hombre pueda crear una relación en términos simétricos con la mujer.
"Los hombres no están preparados para asumir una relación de pareja en términos de igualdad"
En este sentido, Izquierdo recuerda que la «revolución sexual ha sido fundamentalmente una conquista del feminismo» y que los hombres no han tenido la fortuna de contar con un movimiento similar para despojarse de ciertos estigmas sobre la sexualidad que también les afectan. «Ellos no tienen tantos referentes como nosotras», resalta la sexóloga.
Soledad deseada
Torrado concluye por todo ello que, ahora mismo, la mayoría de «los hombres no están preparados para asumir una relación de pareja en términos de igualdad». Y no muchos son proclives a mirarse hacia dentro y trabajar en ello. En consultas como las de Cristina Izquierdo, es más común encontrar mujeres que quieren trabajar en aspectos de sí mismas que ver a un hombre haciendo lo propio. «Ellas se trabajan mucho el apego ansioso, los problemas de autoestima o los celos para mejorar su relación de pareja, pero ellos no hacen tanto trabajo individual, y llega a un punto en el que ellas se sumen en el hartazgo porque ellos no hacen nada para mejorar a nivel de pareja», explica Izquierdo
Esta realidad también está llevando a que las mujeres elijan la soledad. «Muchas veces no es que no queramos pareja, es que ni las buscamos porque si eso nos va a dificultar más, no vale la pena», sentencia Torrado. Una situación que, sin embargo, les está abriendo nuevas puertas no solo hacia su autoconocimiento, sino también sobreotras féminas. «Las mujeres se han organizado diferente. Ellas se quedan solas de pareja, pero de ahí se han expuesto nuevos proyecto sde coliving de mujeres para compartir estilos de vida y generar espacios donde cubrir ciertos aspectos de afecto y cuidados», recalca Izquierdo. Hay ejemplos de ello por toda España, pero Izquierdo se centra en La Matriu, un proyecto de coliving de mujeres en un pequeño pueblo de Cataluña en el que cada una puede desarrollar su proyecto vital como considere gracias al apoyo del resto. «Las mujeres están más movilizadas en este aspecto», insiste.
En el lado opuesto se han colocado los hombres que, en algunos casos, están respondiendo a esta mayor libertad y capacidad de elección de la mujer con respecto a su vida sentimental con una frustración que está derivando agresividad y violencia hacia la mujer. «En lugar de hacer introspección y ver en qué pueden estar fallando, están culpabilizando a la mujer de quedarse solos», resalta Izquierdo. De dicha frustración han surgido ciertos colectivos de lo que se ha denominado la manosfera o machosfera, una red indefinida de comunidades nacida en internet que dicen atender los problemas que aquejan a los hombres ante esta situación—por ejemplo, citas románticas, aptitud física o paternidad—, pero a menudo promueve consejos y actitudes nocivas.
Estos grupos difunden mitos, pseudociencia y mentiras sobre el género. Un contenido que gana adeptos entre los jóvenes que sienten el peso de esa soledad que no han elegido.. En este punto aparecen los incels, que consideran que los hombres tienen derecho a tener sexo y que las mujeres los privan deliberadamente de él.
En este contexto, los expertos son tajantes: quienes tienen que redefinir sus aspiraciones y su actitud no son las mujeres, sino los hombres. Desde la corresponsabilidad hasta su concepción de la mujer y la forma de dirigirse a ellas: «deben ponerse las pilas», sentencia Izquierdo.
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