Ser catedrática en la universidad canaria: un hito solo alcance del 6% de las investigadoras
De ellas, solo el 2,4% consigue este reconocimiento antes de cumplir 40 años
La exigencia y el peso de los cuidados merman sus opciones para optar a estas plazas

Dos científicas en un laboratorio.

Solo un 6% de las investigadoras y docentes de las universidades canarias son catedráticas. Son 82 las mujeres isleñas que han llegado al nivel más alto de la carrera científica. Solo 82 de las 1.359 investigadoras universitarias, frente a 251 hombres con la misma categoría. En otras palabras, solo una de cada cuatro cátedras universitarias las sostiene una mujer.
Las consecuencias son claras: la ciencia de mayor nivel pierde perspectiva de género. Y si bien la Academia ha dado pasos para que esto cambie y cada vez son más las mujeres que acceden como docentes a las universidades canarias, los datos demuestran que ellas se conforman con copar un puesto de profesora titular de universidad –el paso previo a la cátedra–, mientras ellos siguen avanzando hacia el ocaso de la carrera científica.
«La Academia siempre ha sido un mundo masculino, el saber es masculino y el espacio en él hay que ganárselo», sentencia Teresa González, filósofa de la ULL y una de las 82 catedráticas que hay en toda Canarias. La también investigadora en género, insiste en que la situación ha cambiado en las últimas décadas, aunque aún haya lugar para la mejora. «Las mujeres han tenido que atravesar un camino muy sinuoso para llegar a la universidad, tanto como alumnas y como para profesionalizarse dentro de ella», reseña González.
Certificación externa
La brecha en los niveles más altos de la carrera científica son una de las huellas del patriarcado que siguen perennes en los entornos universitarios. Aunque se ha intentado mitigar. «Con la llegada de la certificación externa de la Aneca fuimos muchas las que pudimos optar a una cátedra», afirma la también catedrática en Filosofía, María José Guerra, quien recuerda que, previamente, eran los propios departamentos universitarios los que elegían quién promocionaba. «Había un sesgo a facilitar la entrada a la universidad a los hombres», ratifica González.
A día de hoy, pese a que existe una sobrerrepresentación femenina en toda la universidad –especialmente entre el alumnado–, la profesionalización dentro de la Academia es un camino largo que se ha demostrado que la mayor parte de las mujeres acaban abandonando. Un dato que lo corrobora es la edad de quienes ostentan estos cargos. Y es que tan solo el 2,4% de las mujeres que llegan a ser catedráticas tienen menos de 50 años.
Sobrecarga de tareas
Lo cierto es que, para la mayoría, la carrera científica resulta incompatible con su realidad material. «Las mujeres siguen siendo las cuidadoras, tanto de los niños como de los mayores», recuerda González, que indica que esto supone «una sobrecarga que se añade al trabajo académico y la responsabilidad docente». Esto ocasiona que vayan «abandonando algunas facetas como la investigación y eso repercute luego en su propia promoción personal». «Hay que dedicar prácticamente toda tu vida a esto si quieres llegar a ser catedrática», añade María José Guerra.
No en vano, para acceder a este nivel, las investigadoras deben disponer tanto de currículum formativo y uno de investigación. Y las muchas tareas que las mujeres desempeñan en la Academia suele pasarles factura. Mientras González apunta a que las «mujeres tienen menos proyectos de investigación y también más dificultades para publicar», Palmero recuerda que hay muchas tareas como la cohesión de equipos o la gestión emocional del alumnado que «no se valora» y que suelen ejercer ellas en mayor medida.
El impacto de la crisis de 2008
Pero en esta situación también hay otros factores que han jugado un papel esencial. Guerra apunta hacia la crisis económica de 2008 –y en especial a la ley Wert de 2012– como responsable de la situación actual. «Esto hizo mucho daño a las universidades, porque de cada diez profesores que se jubilaban, solo se permitía suplir a uno», indica. Tampoco se lo ponen fácil. Y es que a los obstáculos referentes a la conciliación familiar o los estereotipos de género, también se une el propio funcionamiento de la universidad. «Las investigaciones referidas al género –que realizan en su mayoría mujeres– se minusvaloran y son poco apreciadas, hasta tal punto que las mujeres hacemos investigaciones en género, pero también en otro campo porque en los currículos es como si nos valoraran menos», concluye la catedrática.
Este sesgo de género es aún más preocupante en ingenierías y carreras de ciencias puras, como Matemáticas o Física. « Hay un déficit de alumnas en las carreras STEAM, en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas», indica González, que destaca que incluso quienes acceden acaban abandonando. Incluso si llegan a convertirse en profesoras, ejercer como tal no es nada sencillo. «No se incentiva el talento de las mujeres hacia esas carreras, incluso en muchas ocasiones se aplaca socialmente bajo la asunción de que son sectores de hombres», recalca esta catedrática.
Suscríbete para seguir leyendo
- El último aliento de la borrasca Regina en Canarias agravará este miércoles el temporal marítimo
- Canarias cierra la estabilización: puestos fijos para 3.530 interinos
- Ranking' retributivo del Gobierno de Canarias: 39 altos cargos ganan más que el presidente
- La borrasca Regina pone a Canarias en alerta para este miércoles
- La Policía Canaria registra un centro de menores migrantes en Puerto de La Cruz
- Así es el volcán de Enmedio: el coloso submarino que separa Tenerife y Gran Canaria
- El Teide recupera fuerzas: las entrañas de Tenerife vibran con más de un centenar de pulsos sísmicos
- La ciencia canaria llora la pérdida de Emilio Cuevas: 'Era uno de esos seres humanos que aparece cada mucho tiempo