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PLENO DEL PARLAMENTO DE CANARIAS

El cuento de la vieja majadera

El señor Galván elige sus preguntas no para tener más información concreta, sino para colar su titular maniaco-depresivo

El líder y portavoz parlamentario de NC-Bc, Luis Campos, ayer en un instante del pleno.

El líder y portavoz parlamentario de NC-Bc, Luis Campos, ayer en un instante del pleno. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

Alfonso González Jerez

Alfonso González Jerez

El Parlamento de Canarias es cada vez más una Cámara a la chamberga. Ayer eran las 10.30, hora de comienzo del pleno, y ni siquiera estaba sentada en su lugar la presidenta, Astrid Pérez. No quedaba el consuelo de que quizás se hubiera prolongado la reunión previa con los portavoces parlamentarios, porque los portavoces estaban parloteando felizmente en sus escaños, a excepción de Sebastián Franquis, con aspecto de un buzo con gastritis a punto de sumergirse en el agua. Por fin llegó la presidenta –el único diputado sin cuyo concurso no puede abrirse la sesión plenaria– y se puso a repasar algunos aspectos del orden del día con el siempre paciente y cortés secretario general de la Cámara. Finalmente sonaron los timbres que advierten a los diputados que está a punto de comenzar el pleno. La señora Pérez no entiende, al cabo de más de dos años y medio como presidenta, que primero debe solicitar y conseguir el silencio del plenario para después tomar la palabra. Lo hace exactamente al revés: en medio de la algarabía comienza su intervención hasta que los diputados, velis nolis, se callan; lamentablemente, las palabras iniciales de Pérez se pierden para la posteridad una y otra vez. Entonces, y solo entonces, para disgusto de los historiadores del futuro, comienza el pleno, es decir, las preguntas al presidente.

Inusualmente la primera pregunta la hizo el portavoz de Vox, Nicasio Galván, que se refirió a la estabilidad del sistema eléctrico en Canarias, «en vista de los resultados del concurso de generación eléctrica». Como ocurre con cualquier obseso, el señor Galván elige sus preguntas no para tener más información concreta, sino para colar su titular maniaco-depresivo, que en este caso, por supuesto, recogía lo de fanatismo climático, lo que no le impidió deslizar frases tan enigmáticas como «cuando estamos hablando de un cambio climático estamos hablando de un cambio hídrico». Fue inútil que el presidente Fernando Clavijo explicara los concursos eléctricos convocados y fallados por el Gobierno, Galván seguía enamorado de su titular. A poca distancia, el consejero de Transición Ecológica, Mariano Zapata, parecía estremecerse, cubierto el pecho con el primer chaleco que se veía en la Cámara desde los tiempos de don Antonio Castro Cordobez. A continuación le tocó el turno a Raúl Acosta, el solitario pero incansable diputado de la AHI, que en compañía del presidente se dedicó a despellejar –harto justificadamente– la postura socialista frente al llamado ‘decreto Canarias’. Casimiro Curbelo preguntó sobre el estado de la negociación con el Ministerio de Transportes para que se consiga declarar de interés público la conexión entre La Palma y El Hierro, un acto de elegante solidaridad parlamentaria de una fuerza insular pero que rechaza ser insularista. Simplemente es curbelista

Nueva Canarias decidió instalarse hace tiempo en el catastrofismo inconsolable. Luis Campos se pasa los plenos negando con la cabeza con una energía que a veces recuerda a la niña poseída en El exorcista. Soy de los que creen que, en efecto, Campos está poseído por el PSOE, como hasta anteayer estuvo poseído por Román Rodríguez, que ahora condena el control gubernamental de RTVC, no como en sus tiempos, cuando funcionaba como un koljós, la cámara para quien la trabaja, compañero. Su señoría preguntó por la valoración de la ejecución de los fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia de la UE. Clavijo reconoció que la cosa podía estar mejor pero rechazó que se hubiera actuado con gandulería o lenidad. El portavoz de NC aseguró que la comunidad canaria deberá devolver a Bruselas más de 500 millones de euros sin ejecutar, pero no citó, por supuesto, el bajo nivel de ejecución medio de la mayoría de las comunidades autónomas, por no hablar del Estado. «Su Gobierno es una maquinaria de perder dinero», le espetó Campos al presidente. Todos sus compañeros de grupo afectan el mismo aire fatalista y un tanto exhausto, salvo Natalia Santana, cuyo entusiasmo guevarista la libra de todo mal.

El enfrentamiento más esperado tampoco cumplió demasiado con las expectativas. Los socialistas, como es sabido, se negaron incluso a asistir a la reunión convocada por Clavijo para establecer los términos del ‘decreto Canarias’. Es muy sencillo: aunque dicho decreto se limita a recoger, con alguna excepción suplementaria, el contenido de la agenda canaria que negoció CC con Pedro Sánchez para votar su investidura presidencial en 2023, los socialistas canarios no están dispuestos a que Clavijo y su gobierno consigan su objetivo, porque entonces, ¿para qué sirven ellos? El PSOE local, por tanto, ha montado una de las cortinas de humo más vergonzantes y pueriles que se ha visto en la política canaria en los últimos lustros, y que incluye llevar a la Cámara regional la propuesta de un decreto para poner en marcha –nada menos– un plan extraordinario de transformación económica de Canarias que dejaría estrábico a Thomas Piketty. Esta gansada consumió varios minutos del pleno. Clavijo expresó su estupefacción ante un PSOE que entiende y apoya reivindicaciones presupuestarias y competenciales de regiones mucho más ricas que Canarias, como Cataluña o el País Vasco, para satisfacer a fuerzas nacionalistas, pero que rechaza y descalifica las solicitudes del Archipiélago. De las palabras pronunciadas ayer por Franquis se desprende que mientras en Canarias exista un desempleo, un enfermo o un dependiente no se puede exigir más al Gobierno central. Fue un espectáculo dialéctico más penoso de lo habitual el que ofreció ayer el portavoz socialista. En una intervención posterior sobre otro asunto, el diputado coalicionero José Javier Pérez Llamas resumió muy bien la actitud del Gobierno central recordando una broma de su madre o su abuela cuando era niño. Al cronista también se la hacían. «¿Quieres que te cuente el cuento de la vieja majadera?». «Sí, dímelo», respondías. «No te pregunto si te lo digo, sino si quieres que te cuente el cuento de la vieja majadera». El Gobierno de Sánchez utiliza la misma técnica. «¿Quieres que cumpla la agenda canaria que firmé contigo?». «Claro». «No te digo si claro o si oscuro, sino si quieres que cumpla la agenda canaria». El decreto es el instrumento para que la vieja se calle de una vez y cumpla. Pero Franquis y sus compañeros pretenden que la anciana siga eructando estupideces.

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