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Sanar dos milenios de estigmas

El estudio por el teólogo e hispanista Renato Lings de las traducciones griegas y latinas de los textos hebreos originales recogidos en la Biblia muestra cómo la demonización que de la mujer, los migrantes y la homosexualidad se ofrece en el libro sagrado nace de una interpretación equivocada o malintencionada

‘Judit decapitando a Holofernes’, de Artemisia Gentileschi. En la portada del ‘Dominical’ obra ‘Ajax y Casandra’ de Solomon J. Solomon.

‘Judit decapitando a Holofernes’, de Artemisia Gentileschi. En la portada del ‘Dominical’ obra ‘Ajax y Casandra’ de Solomon J. Solomon. / La Provincia

Las Palmas de Gran Canaria

Adulterar la palabra de Dios

El teólogo y filólogo Renato Lings diserta en Canarias sobre cómo las religiones han tergiversado y malinterpretado durante siglos las referencias en los textos sagrados para justificar la violencia y el desprecio hacia las mujeres o criminalizar el amor entre personas del mismo sexo

Más de 2.000 años de Historia malinterpretada o tergiversada contra apenas tres décadas de análisis revisionista de los textos bíblicos cuyas conclusiones desmontan la versión oficial eclesiástica sobre la criminalización que en los documentos sagrados se hace de la mujer, los migrantes y las relaciones homosexuales. Esos son los postulados esgrimidos por dos bandos que en el seno de la Iglesia protagonizan en la actualidad una batalla cada vez menos silenciosa entre los sectores religiosos más progresistas, aquellos que buscan acabar con el estigma hacia estos colectivos, y quienes desde facciones conservadoras se niegan a asumir el histórico equívoco de las primeras traducciones realizadas del hebreo al griego y el latín las cuales, de manera interesada o no, calaron durante siglos en la población pero a día de hoy resultan anacrónicas para gran parte de la sociedad e incluso entre quienes profesan dichos cleros y que gracias al exhaustivo trabajo de investigadores como el del teólogo danés Renato Lings, licenciado además en Letras Hispánicas y traductor e intérprete jurado, vuelven a abrazar con fe el mensaje divino de «amaos los unos a los otros» solapado por discursos excluyentes hacia el prójimo. Lings, de visita esta semana en Canarias para participar en una mesa redonda sobre su libro Amores bíblicos bajo censura. Sexualidad, género y traducciones erróneas, afirma que «Jesús de Nazaret no fue ni machista ni homófobo».

Adulterar la palabra de Dios

Adulterar la palabra de Dios / La Provincia

La Biblia como justificación histórica del castigo

Los relatos bíblicos constituyen desde hace siglos para la iglesia cristiana su ejemplarizante hoja de ruta para determinar conductas pecaminosas, un escarnio público que en Europa durante la Edad Media justificó castigar con pena de muerte a más de 38.000 mujeres frente, por los mismos motivos, a unos 14.000 varones. Tampoco existen datos oficiales aunque sí es conocido el dramático destino de aquellos que mantenían relaciones con personas de su mismo sexo, mujeres pero sobre todo hombres que acababan torturados, quemados en la hoguera, azotados públicamente, enviados a galeras o desterrados. Un tercer grupo lo conforman los extranjeros y la amenaza que para los responsables de la Iglesia suponían una posible expansión de sus tradiciones culturales.

Dichos actos siempre estuvieron argumentados en las divinas palabras recogidas en la Biblia pero muy pocos fueron quienes se pararon a revisar la veracidad de un discurso que de tanto repetirse se acabó dando por cierto logrando que su sombra perdure hasta la actualidad menospreciando la figura de las mujeres, demonizando las relaciones entre personas del mismo sexo o convirtiendo en sospechoso al extranjero cuando, como demuestra Renato Lings, «todo se debe a una mala traducción o interpretación de los textos originales que nace a partir del siglo I d.C. pero especialmente durante la Edad Media, que fue el momento el cual la Iglesia se casó literalmente con el Estado para obtener el poder y el control absoluto de las almas».

La sospecha hermenéutica de Renato Lings

Las palabras y sus significados obsesionó desde niño a este teólogo de 81 años nacido y criado en el seno de una familia cristiana muy activa en la iglesia parroquial luterana que residía en una zona rural de Dinamarca. Lings, imbuido de una fe inculcada casi desde la cuna, ingresa con 23 años en la Sociedad Religiosa de los Amigos (Cuáqueros) pero confiesa que «durante mi adolescencia», dice, «me fui dando cuenta de que mi orientación sexual y afectiva no coincidía con la de la mayoría de mis amigos y compañeros. No me atraían físicamente las mujeres sino los varones». El también autor de Biblia y homosexualidad ¿Se equivocaron los traductores? (2011) y Biblia, género y sexualidad en 100 palabras (2025) cuenta cómo «al escuchar y leer muchísimas veces que la Biblia condenaba las relaciones homoeróticas» le nace «la curiosidad por conocer los textos originales» para comprobar si aquello era cierto, pues le costaba creerlo teniendo en cuenta la afirmación del Cuarto Evangelio (Juan 3.16) acerca de que todo el que crea en Cristo no perecerá sino que tendrá vida eterna. «Como creyente», prosigue explicando, «veía una gran contradicción entre esta verdad evangélica y la condenación que planteaban algunos teólogos y predicadores en materia sexual y erótica».

Lings visita las Islas como invitado a un debate sobre su libro ‘Amores bíblicos bajo censura. Sexualidad, género y traducciones erróneas’

Esa duda se sumó a la que con 21 años le generó «una charla donde un reconocido teólogo danés explicó que la causa de la destrucción de Sodoma y Gomorra fue su homosexualidad», rememora sobre un discurso que a un chico cuyas preferencias sexuales aún mantenía en secreto le provocó «consternación y también un trauma».

Renato Lings, de visita esta semana a Las Palmas de Gran Canaria para intervenir en un debate organizado por el Aula Cultural Manuel Alemán de la ULPGC bajo el título Amores bíblicos y censura donde también participaron María del Pino Tejera López, Iván Ortega Rodríguez y Miguel Ángel Sosa González, explica sobre aquella revelación que «pasados unos días nació en mí la llamada sospecha hermenéutica. ¿Quién sabe si existen otras interpretaciones de este relato?», dice que se preguntaba una y otra vez.

El teólogo dice que «al leer muchas veces que la Biblia condenaba las relaciones homoeróticas me nace la curiosidad de ver si ese relato era cierto»

«Esta inquietud nunca me abandonó» y muchos años después pudo realizar sus investigaciones bíblicas y redactar su tesis doctoral donde verificó que la interpretación sexualizada de Sodoma se aparta radicalmente del planteamiento original. El libro del Éxodo y los libros proféticos explican que el problema de Sodoma no era sexual sino que el detonante de su destrucción fue la violencia ejercida contra el inmigrante Lot, forzado a huir con su familia al desierto.

Representación del afecto entre los personajes bíblicos de David y Jonatán que ocupa una vidiriera de la catedral de Colonia, en Alemania.

Representación del afecto entre los personajes bíblicos de David y Jonatán que ocupa una vidiriera de la catedral de Colonia, en Alemania. / La Provincia

Lings responsabiliza esta lectura al texto griego de la Septuaginta y posteriormente a la Vulgata latina de Jerónimo, donde se introduce un elemento de violencia sexual ausente del hebreo original. El mal uso de palabras como yada, que significa conocer, «es la clave o el eje del relato hebreo de Sodoma». Traducido fielmente, «desaparece el elemento de violencia sexual».

El mal uso de palabras como ‘yada’, que significa conocer, «es el eje del relato hebreo de Sodoma» que le ha otorgado connotaciones de violencia sexual

Sobre la criminalización católica del colectivo LGTBIQA+, afirma que «coincide en el tiempo con la instauración del celibato obligatorio para el clero, o sea, en el siglo XI» y recuerda que «en ninguna parte de la Biblia se demoniza el amor entre dos personas del mismo sexo».

Tampoco la mujer queda al margen de esta tergiversación. «El relato hebreo de la creación», asegura, «no aporta ningún elemento para despreciar a la mujer» y libros como Rut, el Cantar de los Cantares y Judit ofrecen visiones poderosas de la mujer como figura positiva y digna. Para cambiar esta visión equivocada de los textos sagrados, Lings sólo ve una solución: «Educar, educar, educar. Y no cansarnos de educar».

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