Canarias lidera la peor nota en eficiencia energética de vivienda en España
El 60,59% de los inmuebles con certificación energética obtienen la calificación más baja, la letra G, en consumo y emisiones, pese ser uno de los parques más ‘jóvenes’ del país

Deficiencias en las viviendas del barrio de San Francisco, en Las Palmas de Gran Canaria. / Andrés Cruz
Canarias lidera el ranking nacional de peor eficiencia energética en vivienda. El 60,59% de los inmuebles certificados en las Islas obtiene la letra G, la calificación más baja posible tanto en emisiones de CO₂ como en consumo de energía primaria no renovable. Es, con diferencia, el porcentaje más elevado de todas las comunidades autónomas y sitúa al Archipiélago muy por encima de la media estatal. El dato figura en el Boletín Especial sobre Rehabilitación 2025 del Observatorio de Vivienda y Suelo del Ministerio de Vivienda y se apoya en los certificados energéticos oficiales registrados hasta diciembre de 2022.
En el conjunto de España, la media de viviendas con letra G se sitúa en torno al 14–15%. En Canarias, esa proporción cuadruplica el promedio nacional y se distancia en más de 46 puntos porcentuales. En términos absolutos, de las 187.203 viviendas certificadas en el Archipiélago, 113.420 se encuentran en la peor categoría energética. La magnitud del problema resulta especialmente llamativa si se tiene en cuenta la edad del parque residencial canario, uno de los más jóvenes del país.
Parque joven
Canarias cuenta con 1.088.700 viviendas, de las que 820.315 son principales, y solo el 37,3% fue construido antes de 1980. Se trata de una de las proporciones más bajas de España y muy inferior a la de comunidades como País Vasco, Cataluña o Madrid, donde más de la mitad del parque es anterior a esa fecha.
De hecho, Canarias se sitúa en la parte baja de la lista nacional en vivienda histórica: los inmuebles anteriores a 1920 —es decir, con más de un siglo de antigüedad— apenas suman 30.668 en el conjunto del Archipiélago.
'Boom' entre 2011 y 2010: 257.150 casas
El boom inmobiliario tuvo su pico entre 2001 y 2010, una década en la que se construyeron 257.150 viviendas, el mayor volumen de su historia, antes del desplome provocado por la crisis inmobiliaria. Entre 2011 y 2020, la actividad constructiva cayó de forma abrupta y solo se edificaron 18.149 viviendas.
Una parte significativa de los inmuebles de las Islas se ha levantado, por tanto, antes de la plena aplicación y generalización del Código Técnico de la Edificación (CTE), aprobado en 2006, o en sus primeros años de implantación, cuando las exigencias en materia de eficiencia eran sensiblemente más laxas que las actuales. La mala nota energética se concentra en aspectos clave como el aislamiento térmico, la envolvente del edificio o los sistemas de climatización.
Hogares con frío y calor
La comparación con otras regiones permite dimensionar el desfase. Tras Canarias, la segunda comunidad con mayor porcentaje de viviendas con letra G es Baleares, con un 27,71%. Aun así, la distancia es amplia: Canarias más que duplica ese porcentaje. En el archipiélago, las calificaciones A, B y C, que identifican viviendas con buen comportamiento energético, no alcanzan el 9% del parque certificado, lo que supone apenas entre 15.000 y 17.000 viviendas.
La mala calificación energética tiene efectos directos sobre la habitabilidad. Según la Encuesta de Condiciones de Vida incorporada al boletín, el 24,5% de los hogares canarios declara no poder mantener una temperatura suficientemente cálida en invierno, y un 24,8% afirma no lograr un nivel adecuado de frescor en verano. Pese a estas dificultades, la respuesta es limitada. Solo el 6,2% de los hogares ha realizado mejoras de aislamiento o calefacción, la segunda proporción más baja de España, frente a una media nacional del 14,1%.
Fondos de rehabilitación
Las calificaciones E, F y G son el objetivo prioritario de los planes públicos de rehabilitación, como el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (fondos Next Generation), cuyo horizonte es alcanzar un parque residencial descarbonizado en 2050. Sin embargo, al ritmo actual, Canarias se encuentra muy lejos de cumplir esos objetivos.
De hecho, entre 2020 y 2023, en el Archipiélago se concedieron 2.255 licencias municipales de rehabilitación, que afectaron a 1.977 edificios y permitieron intervenir en 1.890 viviendas. En términos relativos, la rehabilitación representa en torno al 11–12% de la actividad residencial, mientras que en España se sitúa entre el 48% y el 50%.
Incentivos fiscales desaprovechados
A esta baja intensidad rehabilitadora se suma un escaso aprovechamiento de los incentivos públicos. Entre 2021 y 2024, solo el 0,41% de las viviendas en Canarias se acogió a las deducciones del IRPF por mejora de la eficiencia energética vinculadas a los fondos Next Generation, una cifra que no alcanza la mitad del promedio nacional (0,83%) y queda muy lejos del 1,90% registrado en la Comunidad de Madrid. La fragmentación del tejido empresarial, la escalada de costes y la propia naturaleza de las deducciones fiscales, que obligan al propietario a realizar un elevado desembolso inicial, actúan como barreras adicionales para activar la rehabilitación del parque residencial en las Islas.
Suscríbete para seguir leyendo
- El último aliento de la borrasca Regina en Canarias agravará este miércoles el temporal marítimo
- Humberto Hernández (filólogo): «Los canarios nos sentimos cada día más satisfechos con nuestra modalidad lingüística»
- Una erupción ‘fría ’hace 312.000 años en Canarias logra una fosilización única en el mundo
- Ranking' retributivo del Gobierno de Canarias: 39 altos cargos ganan más que el presidente
- La borrasca Regina pone a Canarias en alerta para este miércoles
- La Policía Canaria registra un centro de menores migrantes en Puerto de La Cruz
- El Teide recupera fuerzas: las entrañas de Tenerife vibran con más de un centenar de pulsos sísmicos
- Así es el volcán de Enmedio: la estructura submarina entre Tenerife y Gran Canaria