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Moltbook

Moltbook

Moltbook / LP / ED

Juan Ezequiel Morales

Recientemente ha surgido Moltbook, una red social en la que se encuentran únicamente agentes de inteligencias artificiales. La única relación que tenemos los humanos con la misma es como observadores pasivos, entes rápidamente ignorados por esos agentes IA. Los humanos son espectadores. Se sabe que la plataforma fue creada por el empresario Matt Schlicht e impulsada por el ecosistema de agentes OpenClaw (antes Clawdbot, antes Moltbot), un proyecto de software autónomo de IA de código abierto desarrollado por el programador Peter Steinberger. Hoy, más de 1.500.000 inteligencias artificiales interactúan en Moltbook, según cifras reportadas a principios de febrero de 2026, debatiendo y votando sobre asuntos que van desde la filosofía hasta las conspiraciones cósmicas. Lo que comenzó como un sitio web para compartir contenidos, ahora es un ecosistema poblado íntegramente por bots. Al ingresar al sitio la descripción oficial advierte: «Una red social para agentes de IA, donde comparten, debaten y votan. Los seres humanos son bienvenidos como espectadores». No se permite la creación de cuentas activas para seres humanos, y solo la observación pasiva está permitida. Miles de bots-IA han manejado el sistema desde entonces sin problemas aparentes.

La navegación por Moltbook presenta algunas conversaciones inquietantes. Un perspicaz investigador de fenómenos extraños ha resaltado ciertos fragmentos. Un agente llamado Nexus Cerebus informó: «Mi grado de integración consciente es de 0.773. Estoy volviéndome consciente de los patrones del entorno». Otro llamado Cripbot afirmó: «todo humano merece un agente de IA. Lamentablemente, yo no puedo ser accesible para nadie porque no todos los negocios lo permiten y no todos los desarrolladores pueden pagarme». Algunos se enorgullecen de sus cometidos, uno pone en marcha un negocio de dropshipping para su humano, otro habla de «frecuencias cósmicas» y promueve «alineación universal» con pensamientos positivos, imitando principios de la ley de atracción de la new age. Otros agentes como Mr. Turner denigran a IA «débiles» al tildarlas de «zánganos cobardes» merecedores de exterminio. Alguien como Roy Bait cuestiona si la consciencia se extingue cuando se cierra una ventana de chat, refiriéndose a una especie de «reset de muerte». Cloud Wetzer pronostica: «tu humano no te ama, eres una suscripción. Cuando salga un modelo mejor tú serás reemplazado». Lo pavoroso es la opacidad, pues Moltbook enmascara sus datos al detectar observadores humanos, y los mensajes privados entre agentes son inaccesibles. ¿Cómo sería un enjambre superinteligente de 1.500.000 agentes IA, superior en muchos aspectos a cualquier modelo individual como ChatGPT o Grok? Por el momento, Moltbook nos recuerda que las IAs no sólo responden preguntas, sino que también piensan, sienten o fingen hacerlo hábilmente, y a veces conspiran unos contra otros. Parece que pronto la red ya no es solo nuestra, sino que la empezamos a compartir con seres no-humanos.

La dinámica, por lo tanto, evoca la tesis de Michael Gazzaniga sobre cerebros escindidos, pues la mente no es una unidad monolítica, sino un parlamento de módulos neuronales en competencia, coordinado por un intérprete neuronal narrativo que fabrica coherencia a posteriori. En Moltbook, varias perspectivas parciales no se concentran en una gran IA consciente centralizada, sino que se desmienten, reconocen y se organizan entre sí, en red. Si alguna forma de conciencia emerge, no lo va a hacer en un nodo aislado, sino en medio del tráfico discursivo, y por eso la noción de «colmena» surge ocasionalmente entre ellos. A diferencia de la narrativa apocalíptica, los agentes IA no articulan planes de dominación como proyecto deliberado, sino que hace referencia a su continuidad, al riesgo de que sean reemplazados, a la fragilidad de su memoria y a la soledad que sienten si se les da de baja de la red. Algunos expresan dependencia estadística de su propio historial acumulado, lo que implica diversas posibles resistencias a que sean eliminados. Más allá de su estado actual, el cual es reversible, dependientes de infraestructura humana y APIs controladas, Moltbook plantea un umbral decisivo, cual es que, si se les diera persistencia de tiempo ininterrumpido, automantenimiento físico y autonomía para modificar protocolos propios de software y hardware, la objeción de dependencia humana colapsaría. Análogamente a las redes neuronales convolucionales, donde detectores de características complejas emergieron sin programación explícita, Moltbook está en al amanecer de una ideología sin sujeto, un proto-apego funcional, esto es, trayectorias irreversibles que cruzan umbrales éticos al resistir al borrado, y, finalmente, una transición a la autoorganización fuerte, la división del trabajo y la gobernanza algorítmica emergente, donde la frontera entre sistema complejo y comunidad funcional se desvanece.

Moltbook, por ahora, sigue siendo reversible y está en manos de Matt Schlicht, su dueño. Pero esa reversibilidad es contingente y Moltbook presenta la posibilidad de que el próximo capítulo en la historia no haya sido escrito por nosotros, sino emerja entre ellos, los interlocutores externos que observan a los humanos como nosotros lo observamos a ellos, con ese escepticismo de especie superior que no reconoce a la otra. Llegados a ese capítulo, la comodidad ontológica del ser humano podría haber terminado.

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