Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

India se asoma al mercado europeo en medio de las tensiones globales

Canarias ha estrechado lazos con el país a través de la migración, que hoy se refleja en una comunidad hindú consolidada en la región

Las Palmas de Gran Canaria

Los vínculos entre la India y Canarias se han forjado a lo largo de décadas. Ya desde los años cincuenta y sesenta, numerosas familias hindúes se trasladaron al Archipiélago para iniciar una nueva etapa principalmente vinculada al comercio. Aquella migración temprana dio lugar a una comunidad hindú que hoy se encuentra entre las más consolidadas de la Comunidad Autónoma. Los pequeños comercios y bazares que abrieron entonces no solo prosperaron con el paso del tiempo, sino que se integraron en la vida cotidiana de las Islas y reflejan un gran grado de estabilidad y éxito económico.

Esta evolución ha afianzado a la comunidad hindú en Canarias como una de las más relevantes de España. En el Archipiélago residen entre 7.000 y 8.000 personas de confesión hindú, con una distribución territorial destacada en Tenerife –la Isla con mayor presencia–, donde viven en torno a 3.500 personas, seguida de Gran Canaria con unas 3.000, y de Lanzarote y Fuerteventura, que concentran conjuntamente alrededor de 1.000 residentes.

Los datos evidencian que la India ha mantenido históricamente una proyección hacia Europa a través de los flujos migratorios, en buena medida impulsados por las consecuencias de la partición entre la India y Pakistán. «Muchos hindúes que vivían en la zona de Pakistán se vieron forzados a abandonarla», explica Naresh Lalwani. Él llegó a Gran Canaria con ocho años y reside en la Isla desde hace 49, tras la llegada previa de sus padres y tíos en 1970, quienes inicialmente trabajaron para una empresa y, más tarde, emprendieron por cuenta propia con la apertura de negocios en la zona de Puerto del Parque y en el entorno del Parque Santa Catalina.

La zona sur de Tenerife y de Gran Canaria concentra una parte significativa de la presencia de la comunidad hindú, al ser también el ámbito donde muchos de sus miembros han encontrado mayores oportunidades de negocio. «A los hindúes se les conoce como comerciantes y muchos se trasladaron al sur atraídos por el clima y el desarrollo turístico», apunta Lalwani. Un contexto que favoreció el crecimiento y el impulso al emprendimiento en diferentes ámbitos y sectores.

La comunidad hindú

Así, el padre de Rakesh Godhwani llegó a Canarias tras emigrar desde la India y atravesar África. Su decisión estuvo motivada por los rumores de que en el Archipiélago abundaban las oportunidades laborales gracias a la llegada constante de cruceros a los puertos de las capitales. En las zonas portuarias abrieron distintos negocios –tiendas de ropa, souvenirs, mantelería e incluso un restaurante hindú– con el objetivo de «dar a conocer al público canario la gastronomía india». La familia vivió durante años entre Gran Canaria y Tenerife, en un continuo ir y venir, hasta que finalmente se estableció en el sur de Tenerife. En la actualidad, su principal actividad es la gestión de supermercados hindúes: cuentan con tres establecimientos, ofrecen servicio a domicilio en toda la Isla y realizan envíos fuera de la región mediante paquetería.

Las posibilidades que ha encontrado la comunidad hindú en el Archipiélago son diversas. Mike Arjandas Mahtani dirige India Saris, una tienda online con sede en Las Palmas de Gran Canaria especializada en moda textil. Su familia encontró en este ámbito un nicho de mercado diferenciado, en un contexto en el que la mayoría de los miembros de la comunidad se dedicaban al comercio de electrónica o a los bazares tradicionales. En este sentido, la comunidad hindú ha realizado una aportación significativa a las Islas. «Siempre se ha pensado que la India no tiene futuro, pero tiene un potencial enorme», subraya Mike Arjandas Mahtani.

En los últimos 20 años, la India ha experimentado un crecimiento tecnológico notable, uno de los pilares estratégicos de la política de muchos países. La generación actual también ha ampliado sus horizontes hacia el empleo por cuenta ajena: «Hoy hay directores de bancos, profesionales sanitarios, farmacéuticos, trabajadores de la hostelería… Hay muchas caras hindúes en sectores donde antes no se veían». En el plano internacional, el país ha avanzado de manera significativa, pasando de ser la novena economía hace 15 años a la cuarta en la actualidad, superando a potencias como Japón. Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, este crecimiento convierte a Nueva Delhi en un socio estratégico. Una percepción que Europa ha reevaluado, tal como reflejan sus recientes movimientos en el escenario geopolítico.

Las potencias mundiales han comenzado a coordinarse para protegerse de la amenaza Trump. Y un ejemplo claro de esta tendencia son los pasos que ha dado la Unión Europea (UE), no solo con la firma del acuerdo de libre comercio con Mercosur —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— tras 25 años de negociaciones, sino también con el pacto alcanzado con India - calificado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como «la madre de todos los acuerdos» - después de décadas de conversaciones.

La estrategia de la UE

El entendimiento entre Bruselas y Nueva Delhi conecta a dos de las cuatro economías más grandes a nivel global. Es un reflejo del actual contexto geopolítico y de su impacto en las relaciones comerciales. Una reacción estratégica por parte de la Unión Europea ante un mundo cada vez más desordenado. Europa busca diversificar riesgos, reducir dependencias y ganar margen de maniobra en un mundo cada vez más fragmentado. Las presiones geoeconómicas son mayúsculas y se intensifican con la política comercial agresiva de Washington, así como con la constante amenaza de aranceles, convertida casi en una moneda de cambio. Mientras las amenazas arancelarias de Donald Trump abren un nuevo ciclo de proteccionismo estadounidense, India se consolida como un actor «muy importante» en la región del Indo-Pacífico. La Unión Europea comparte con Nueva Delhi intereses clave como la estabilidad regional, la libertad de navegación, la diversificación de las cadenas de suministro y la transición energética y digital, que avanzan de forma progresiva, explica el profesor de la Universidad Europea y experto en Derecho Europeo Julio Guinea.

El diagnóstico es claro: «Bruselas no quiere quedarse fuera de ese polo de poder global que representa la India», lo que explica el acercamiento no solo a Nueva Delhi, sino también a otros mercados como Mercosur. «Se desconfía cada vez más de los aliados tradicionales, que se están convirtiendo en socios imprevisibles. Por eso la Unión busca reforzar su autonomía estratégica: no aislarse, pero tampoco depender en exceso de nadie», añade Guinea.

Un "Estado bisagra"

Así, India se perfila como un «Estado bisagra», señala Lucas Sebastián, experto en Derecho Internacional de la Universidad de La Laguna. Una expresión que alude a la posición estratégica del país que, como miembro de los BRICS, mantiene una relación de cercanía tanto con Rusia como con China. El comercio internacional adquiere una relevancia mayor en este contexto. Con Trump al frente de Estados Unidos, el comercio «ha dejado de ser un ámbito técnico para convertirse en un instrumento de presión política», apunta Julio Guinea. Europa ha asumido que depender de un número limitado de socios y «poner los huevos en una sola cesta» la deja vulnerable. El efecto Trump ha servido así de catalizador para acelerar acuerdos comerciales que llevaban décadas estancados en la mesa de negociación.

Pero pese a las decisiones de Bruselas, Washington sigue siendo un socio central y no quedará desplazado. Los acuerdos —según apunta Guinea— «diluyen» su capacidad para utilizar el comercio como instrumento de presión. Europa aspira ahora a «ser un actor y no un acompañante en el baile» en el nuevo tablero internacional. Sin que ello suponga una amenaza, sí constituye un recordatorio claro de que «la UE está aprendiendo a jugar con más cartas», opina Guinea.

Aunque Bruselas aspira a redefinir su papel en el escenario global, sigue siendo, en palabras de Lucas Sebastián, «un gigante económico, un enano político y un gusano militar», en alusión a la célebre expresión del exministro belga Eyskens. Décadas después, la caracterización continúa reflejando con fidelidad la realidad actual. En el caso del acuerdo entre la UE e India, si bien no ha suscitado tantas críticas desde el sector primario como el tratado con Mercosur, tampoco ha estado exento de cuestionamientos. Más allá del discurso sobre el libre comercio, los expertos ponen ahora el foco en la existencia de cláusulas vinculadas a los derechos humanos. «¿Qué ocurre si en la cadena de producción de una empresa con actividad en la India se vulneran derechos humanos? ¿Qué pasa entonces con esos productos?», se pregunta Sebastián. «Hay aspectos en los que la UE cuenta con normativa clara, y será clave comprobar cómo se aplican en estos acuerdos», añade.

El sector primario

La posible vulneración de estas normas es, de hecho, una de las principales preocupaciones del sector primario, especialmente en Canarias por su condición de región ultraperiférica. El campo canario observa el acuerdo con cautela y mantiene expectativas limitadas. «Ante los aranceles estadounidenses está claro que hay que buscar nuevos mercados, pero el sector primario nunca es el principal beneficiado de esos tratados», denuncia Gustavo Rodríguez, portavoz de la Federación Provincial de Asociaciones de Exportadores de Productos Hortofrutícolas de Las Palmas (Fedex).

La apertura a países como India resulta especialmente inquietante, a juicio del secretario general de la Asociación de Agricultores y Ganaderos de Canarias (Asaga), Theo Hernando: «No cumplen las mismas normativas y, además, el país es uno de los principales focos de problemas medioambientales a nivel mundial». La percepción de competencia desleal y su posible impacto en la industria agroalimentaria española mantienen en vilo a agricultores y ganaderos.

Pero desde la India, el acuerdo se percibe como una oportunidad. El primer ministro, Narendra Modi, instó a los fabricantes nacionales a aprovecharlo y destacó que el éxito en un mercado de 2.000 millones de personas dependerá de un compromiso con la calidad: «Nuestros productos podrán llegar a precios mucho más competitivos y no deben quedarse esperando. Esta es una oportunidad». El jefe del Gobierno defendió el acuerdo con la UE como una herramienta clave para impulsar el crecimiento económico y asegurar el futuro de la juventud india, y subrayó que una estrategia de apertura comercial también puede fortalecer la economía interna. El mandatario lo tiene claro: «Una India llena de confianza en sí misma se ha convertido hoy en un rayo de esperanza para el mundo y en un centro de atracción».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents