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Estados Unidos mueve ficha en Mali mientras Europa pierde influencia

El país africano se ha consolidado como uno de los principales emisores de migrantes a Canarias, con más del 40% de las llegadas en 2025

22/09/2025 Desfile del Ejército de Malí en la capital, Bamako, durante los actos por el 65º aniversario de la independencia, celebrado el 22 de septiembre de 2025 (archivo) POLITICA Europa Press/Contacto/Habib Kouyate

22/09/2025 Desfile del Ejército de Malí en la capital, Bamako, durante los actos por el 65º aniversario de la independencia, celebrado el 22 de septiembre de 2025 (archivo) POLITICA Europa Press/Contacto/Habib Kouyate / Europa Press/Contacto/Habib Kouy / Europa Press

Las Palmas de Gran Canaria

Estados Unidos centra su atención en África en un contexto en el que Rusia y China continúan reforzando su presencia en el continente. Mientras las grandes potencias occidentales son progresivamente desplazadas de sus antiguas colonias –como ocurre en el caso de Francia y Reino Unido–, Washington busca dar pasos agigantados en el Sahel. Los últimos movimientos de Trump lo han dejado claro: el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció recientemente el envío de una delegación a Mali con el objetivo de mejorar las relaciones bilaterales con la junta militar que gobierna el país y «expresar el respeto por la soberanía maliense y la voluntad de abrir una nueva etapa que deje atrás errores de cálculo previos en el ámbito político».

La noticia –describe el doctor en Historia Dagauh Komenan– es «sorprendente», especialmente si se tiene en cuenta que, mientras la Casa Blanca incrementa su presencia en Bamako, Mali se encuentra catalogado en el nivel 4 de riesgo por terrorismo –el más alto– lo que ha llevado a Washington a recomendar no viajar al país. A ello se suma que, desde el 31 de diciembre de 2025, y en paralelo al endurecimiento de las políticas migratorias, Trump ha prohibido la entrada de ciudadanos malienses en su territorio.

Pero todo apunta a que Estados Unidos está decidido a recuperar su presencia en el Sahel –una de las regiones más estratégicas desde el punto de vista geopolítico– tras haberla perdido prácticamente por completo después del golpe de Estado en Níger en 2023. La presencia estadounidense en la región es «necesaria», sostiene Dagauh Komenan, quien subraya además que hacerlo a través de Mali responde a una lógica estratégica: en Níger, Washington ha visto cerradas sus opciones, mientras que en Burkina Faso, con Ibrahim Traoré al frente, el liderazgo considera a Trump una figura peligrosa.

Los datos

La decisión además se inscribe en un contexto mucho más amplio. Mali es el corazón del Sahel y numerosos expertos han advertido que sin estabilidad política y económica en el país resulta imposible pacificar la región. El país africano, sumido en una profunda crisis institucional y de seguridad, se ha consolidado como uno de los principales países emisores de migrantes hacia Canarias. La falta de oportunidades, junto con el repunte de la violencia y la expansión de grupos extremistas, ha intensificado el éxodo de miles de malienses que emprenden la peligrosa ruta canaria –considerada la más letal del mundo–. Los vínculos entre el Sahel y el Archipiélago se estrechan cada vez más, impulsados por dinámicas migratorias que convierten cualquier cambio político, social o económico en la región africana en un factor determinante para Canarias. Según datos de Acnur, la mayoría de las personas que han llegado a las Islas desde comienzos de 2025 proceden de Mali (41,7%), seguido de Senegal (23,3%) y Guinea (10,6%). En este contexto, la frontera entre Mali, Níger y Burkina Faso continúa siendo el epicentro de la violencia en el Sahel, concentrando cerca del 75% –tres cuartas partes– de los atentados y de las víctimas mortales registradas.

Una realidad que también se refleja en la infancia migrante que alcanza en solitario las costas canarias. Muchos de los menores que llegan a la Comunidad Autónoma son malienses y, dadas las circunstancias del país, los chicos solicitan protección internacional. Un escenario que también se extiende a los adultos migrantes.

Los datos apuntan que hasta septiembre de 2025, España había recibido un total de 108.649 solicitudes de asilo, de las cuales un total de 5.837 fueron registradas en Canarias y 2.951 correspondían a personas malienses, país que, además, se sitúa entre los que cuentan con los mayores porcentajes de reconocimiento, con un 98,15%. Una situación que se explica, en parte, por el impacto del terrorismo en la región.

La estrategia de Trump

Más allá de reforzar la presencia en el Sahel, los movimientos de Estados Unidos en el tablero geopolítico internacional apuntan a la intención de contener la expansión de la influencia china no solo en América Latina –especialmente en países como Venezuela–, sino también en África, donde los lazos políticos y económicos con Pekín se han afianzado de forma constante en los últimos años. La Administración Trump quiere «posicionarse frente a sus rivales», asevera Frédéric Mertens, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea.

La Casa Blanca no solo compite con China, sino también con Rusia. Moscú, señala Dagauh Komenan, mantiene su influencia en Mali a través de asesores militares y de empresarios, especialmente vinculados al sector armamentístico. Estados Unidos «es consciente» de que el país se está rearmando y adquiriendo grandes cantidades de material militar, y ve en este contexto tanto un desafío estratégico como una oportunidad de negocio. La gran «perdedora» en este escenario es Europa. «Ha perdido influencia y también parte de su credibilidad. Lo ocurrido con Francia tiene un impacto directo en la Unión Europea, que ahora sufre las consecuencias», subraya Mertens.

Lejos de consolidarse como una realidad aislada, la cooperación con los países de origen y de tránsito de migrantes es clave para gestionar el flujo migratorio hacia Europa, con Canarias como principal puerta de entrada. En este contexto toma especial relevancia Mali.

Las expectativas en torno a los lazos estadounidenses con Bamako son, por ahora, limitadas. Washington, advierte el doctor en Historia, «tiende a imponer sus decisiones a los países con los que coopera», un enfoque con el que «Mali no se sentiría cómodo». A ello se suma el reto de mantener, de forma simultánea, relaciones estrechas con Rusia: «Es poco práctico, Mali tendrá que elegir un bando». En esta ecuación también entran Burkina Faso y Níger —ambos gobernados por juntas militares— que, junto con Bamako, conforman la Alianza de Estados del Sahel. Bamako, explica Dagauh Komenan, debe coordinar sus políticas de defensa con sus otros dos socios, por lo que «todo dependerá también de la posición común que adopte la confederación para determinar si la cooperación con Estados Unidos puede llegar a prosperar».

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