Ser (alguien) un gallo tapado

Ser (alguien) un gallo tapado / LP / ED
Luis Rivero
Uno de los rasgos característicos del español hablado en Canarias es la tendencia a construir metáforas con animales del entorno rural que en forma de oraciones comparativas u otras expresiones idiomáticas tratan de poner de relieve o exaltar exageradamente alguna actitud o rasgo característico de un animal para así atribuírsela, por similitud, a la persona a la que se refiere. Esta propensión a la fabulación suele tener un carácter disfemístico o peyorativo (como por ej., la expresión «burro viejo no aprende idioma» que advierte de las dificultades que presentan las personas de hábitos arraigados frente a nuevas habilidades), pero también con carácter eufemístico, como es el caso de la expresión: «Ese es un gallo tapa(d)o». Se emplea para referirse a alguien cuya habilidad y destreza en un determinado oficio, arte u ocupación son desconocidas hasta que se revelan sus cualidades y «se destapa», esto es, queda al descubierto lo que permanecía oculto. En distintas tradiciones antiguas, el gallo es símbolo solar, ave de la mañana con cuyo canto inicia el nuevo día. Durante la Edad Media recobra importancia como símbolo cristiano, lo que explica la presencia de veletas en forma de gallo de hojalata en lo alto de los campanarios y cimborrios de las iglesias. Se considera alegórico de vigilancia y resurrección (una metáfora del tránsito de las tinieblas a la luz). Alguna tradición oriental lo identifica por su comportamiento agresivo y hostil como un símbolo de guerra, pero encontrando en ello aspectos positivos como coraje, valentía y valor. Y aquí el diccionario ‘nos hace un guiño’: la voz «gallo» guarda casualmente una cuasihomofonía con la palabra «gallardía» que es sinónima de ‘esfuerzo, arrojo, bravura en ejecutar acciones y acometer empresas’. Expresan ideas afines frases como «ser alguien el gallo del gallinero» o «ser el macho que más mea»; que se refieren precisamente ‘al que lleva la voz cantante, el mandamás, el de mayor autoridad o rango a razón de las cualidades que posee, exhibe o se le atribuyen’. También afines son estas expresiones lexicalizadas que se pronuncian ante la sorpresa o admiración que suscita «un gallo tapado» cuando queda al descubierto: «Calladito a la boca», un pleonasmo que equivale a la locución adverbial castellana «a la chita callando» que significa hacer las cosas calladamente, con disimulo, sin llamar la atención. En sentido amplio cabe decirlo respecto a un sujeto que raramente expresa su opinión (del que se dice que «ni tuge ni muge») hasta que se decide hablar y sorprende a todos con su erudición o da muestras de habilidades insospechadas. Entonces se suele decir: «¡Y se lo tenía callado!», «¡míralo a él!, calladito a la boca», «... y parecía bobo» o «¡este es un gallo tapa(d)o!».
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