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Una intensa batalla que cambia la vida: Santiago, un paciente de cáncer de amígdalas que superó la enfermedad

La vida de Santiago Sanagustín, un hombre de 53 años, dio un giro radical en 2024, cuando fue diagnosticado de un cáncer de amígdalas

El paciente Santiago Sanagustín.

El paciente Santiago Sanagustín. / LP/DLP

Las Palmas de Gran Canaria

La vida de Santiago Sanagustín dio un giro radical a finales del verano de 2024, cuando, sin esperarlo, fue diagnosticado de un cáncer de amígdalas. Tal y como relata el paciente, su día a día transcurría con normalidad, hasta que, unos meses antes de ponerle nombre y apellidos a lo que le sucedía, comenzó a sufrir episodios espontáneos de sangrado en la garganta, un síntoma que lo llevó a solicitar asistencia urgente en su centro de salud.

Ante la severidad del cuadro clínico, fue derivado al Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, donde los especialistas en otorrinolaringología le realizaron las pruebas pertinentes. «Me hicieron varias biopsias, pero los resultados no mostraron la presencia de ningún tumor», cuenta este hombre de 53 años, que reside en la localidad grancanaria de Vecindario.

Crecimiento rápido

La respuesta llegó cuando apareció un pequeño bulto en la garganta, que en poco tiempo comenzó a crecer de forma acelerada. Fue entonces cuando las pruebas resultaron concluyentes y conoció la noticia. «Me quedé en shock y sentí pánico. Por suerte, los médicos me explicaron que la enfermedad estaba relacionada con el virus del papiloma humano y que existían opciones de curación», recuerda Santiago, quien asegura que esas palabras esperanzadoras fueron las que lo animaron a luchar.

Como el cáncer había avanzado con rapidez, la cirugía ya no era viable. Por ello, los médicos le pautaron tres sesiones de quimioterapia durante tres meses –una al mes– y 33 de radioterapia. «Para mí fue un proceso muy duro. Cada sesión de quimioterapia implicaba pasar hasta nueve horas en el hospital porque tenía que hidratarme muy bien para soportar el tratamiento», detalla el paciente.

Efectos secundarios

Además, la radioterapia empezó a pasarle factura. De hecho, el afectado sufrió quemaduras en la lengua y en distintas zonas de la cavidad oral, hasta el punto de no poder comer ni hablar con normalidad. Este efecto secundario lo obligó a alimentarse durante meses solo a base de batidos. También perdió gran parte del sentido del gusto.

A mitad del tratamiento, llegó el derrumbe emocional. «Fueron muchos cambios en poco tiempo. Además, antes de empezar la terapia, tuvieron que quitarme varias piezas dentales para evitar complicaciones posteriores, ya que también padezco periodontitis –una infección que destruye el tejido blando y el hueso que sostiene los dientes–. Todo esto hizo que el mundo se me viniera encima y que cayera en una depresión», asevera el paciente.

Dificultades económicas

Para más inri, la carga emocional se vio agravada por su situación económica, pues la patología lo llevó a aparcar su trabajo de cocinero y a estar en situación de baja laboral, lo que hizo que sus ingresos se redujeran de forma drástica. Mientras tanto, las facturas se amontonaban.

«Un día me animé a recurrir a la Asociación Española Contra el Cáncer y, la verdad, ha sido lo mejor que he hecho. Allí he recibido apoyo psicológico y he contado con el asesoramiento de una trabajadora social, que consiguió que me aprobaran una ayuda económica durante seis meses. Para mí son personas maravillosas, y solo tengo palabras de agradecimiento hacia ellas», dice con emoción.

El afectado recibió tres sesiones de quimioterapia y 33 de radioterapia, a lo largo de tres meses

En este duro camino, su familia también estuvo presente. Sus padres, de edad avanzada, tuvieron altibajos, pero siempre los sintió cerca. En ese contexto, sus dos hermanas desempeñaron un papel clave y se convirtieron en su sostén diario. «Hicieron todo lo que pudieron. Me acompañaban a las citas médicas y me ayudaron cuando apenas tenía fuerzas para seguir adelante», informa.

Ahora bien, para Santiago, el pilar más firme fue su pareja, a quien conoció solo unos meses antes de saber el diagnóstico. «Desde el primer momento se quedó a mi lado y también me ayudó a asumir muchos gastos cuando todo se vino abajo. Ese respaldo fue fundamental para no perder la esperanza», afirma con contundencia.

Remisión de la enfermedad

El paciente terminó el tratamiento el pasado abril y, en la actualidad, se somete a controles cada tres meses. Desde entonces, las pruebas de seguimiento han confirmado que el cáncer ha remitido. «La recuperación fue lenta y he necesitado tiempo para ganar fuerzas, volver a entrenar en el gimnasio como hacía antes y comer con cierta normalidad. Además, desde hace dos semanas, he vuelto a trabajar», celebra.

Ahora, el paciente mira atrás con alivio y con la certeza de haber aprendido mucho de la experiencia. «A veces, la vida nos pone ante situaciones inesperadas y no sabemos cómo reaccionar. He tenido amigos que han pasado por un cáncer y no siempre supe cómo acompañarlos. De todo este proceso, me quedo, sobre todo, con lo aprendido», sostiene.

Con motivo de la conmemoración del Día Mundial Contra el Cáncer, que se celebra este miércoles, no duda en lanzar un mensaje de esperanza a las personas que se enfrentan a una situación similar a la que le ha tocado vivir. «Nunca hay que dejarse llevar por la negatividad, porque la ciencia ha avanzado mucho. También es muy importante dejarse ayudar por los maravillosos profesionales que trabajan en los hospitales y, por supuesto, por el personal de la Asociación Española Contra el Cáncer», concluye el cocinero, que anima a la población a no bajar la guardia con los controles médicos.

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