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Investigación

Canarias estudia las motivaciones sociales y culturales que esconde la migración desde África

Un investigador del IPNA analiza la ruta migratoria del Atlántico, la más mortífera, para conocer qué ocurre durante el viaje desde una perspectiva cultural

De izquierda a derecha: los migrantes Thiemoko y Yaya y el investigador Lorenzo Caglioni conversan en Añaza.

De izquierda a derecha: los migrantes Thiemoko y Yaya y el investigador Lorenzo Caglioni conversan en Añaza. / Andrés Gutiérrez

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Claudia Morín

Claudia Morín

Santa Cruz de Tenerife

Thiemoko y Yaya llegaron a Canarias desde Mali y Senegal, respectivamente, a través de dos rutas migratorias, en momentos diferentes y con edades distintas. Sin embargo, ambos tenían en mente una motivación muy similar: ayudar a sus familias y, de paso, asegurarse un buen futuro.

Atraído por historias parecidas a las de estos dos jóvenes, el investigador del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC) Lorenzo Caglioni decidió detenerse a estudiar las razones sociales y culturales que se esconden tras estos desplazamientos forzados.

La poca investigación que existe sobre la migración irregular hacia las Islas se ha centrado en exclusiva en aspectos económicos y políticos, dejando a un lado las dimensiones culturales. Por este motivo, el italiano, que también es un migrante afincado en Canarias, optó por profundizar en ese último aspecto a través del proyecto Roots to Routes (De las raíces a las rutas).

Un sacrificio

Según argumenta, hay una particularidad detrás de este fenómeno: quienes emigran lo hacen para ayudar a otras personas. «La diferencia con otros tipos de desplazamientos es que siempre se realizan como una especie de sacrificio por los demás y el problema es que, en algunos casos, es realmente un sacrificio humano porque los chicos terminan muriendo por el camino. Por desgracia no tienen otra alternativa», resalta.

Thiemoko, por ejemplo, no llegó directamente a Canarias. Desde Argelia cruzó hasta Almería y de ahí a Barcelona para después asentarse en Francia. Allí estuvo trabajando cerca de nueve meses, hasta que la policía descubrió que no tenía papeles. Tuvo que dar un paso atrás y regresó a Cataluña.

Su hermano le propuso irse a Canarias porque ya conocía la zona. Él, años atrás, llegó al Archipiélago en una embarcación y por eso en un primer momento no permitió que su hermano pasara por lo mismo. «No quería que yo entrara por las Islas porque sabía que era muy peligroso», apunta. Pese a los consejos de su familiar, tenía claro que debía salir del país, no tenía otra alternativa.

'Barca o Barzak'

Yaya, en cambio, creció en Senegal escuchando Barça o Barzak, una expresión muy utilizada en su tierra que significa Barcelona o la muerte, es decir, llegar a una vida mejor o morir en el intento. En su caso, pasó ocho días en una embarcación para arribar a El Hierro junto a otras 200 personas.

El investigador Lorenzo Caglioni junto a Thiemoko y Yaya

El investigador Lorenzo Caglioni junto a Thiemoko y Yaya / Andrés Gutiérrez

Meses después llegó a Tenerife y comenzó a formarse como pescador. Sin embargo, no quiso conformarse con ese primer curso, ya que su sueño desde que estaba en Senegal era ir a la universidad. Para lograrlo, quiere primero sacarse la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). «En mi país solo me faltaba un año para entrar a la universidad, pero me fue imposible y tuve que buscar trabajo como albañil y luego en el campo», recuerda.

Sueños por cumplir

Al joven le gustaría cumplir ese sueño que hace casi dos años dejó a medias. Sin embargo, ahora se enfrenta a un importante dilema: «Me gustaría estudiar, pero también tengo que ayudar a mi familia porque mi padre no puede solo».

Caglioni subraya que este es solo uno de los miles de relatos que esconde esta peligrosa ruta, en la que se estima que muere uno de cada cuatro migrantes que intentan cruzarla. En muchas ocasiones, por tanto, solo se conocen los testimonios de aquellos que cruzaron con vida.

Para evitar que ninguno de ellos se quede sin voz, el investigador desarrollará este proyecto –que durará unos dos años– a caballo entre Tenerife, Senegal y el sur de Marruecos. Así podrá contar con el testimonio de migrantes, de oenegés, de las comunidades locales e incluso de familiares de chicos que han fallecido al llegar a las costas canarias o durante el propio trayecto.

Experiencia inmersiva

Para empaparse de las diferentes culturas y vivencias, el italiano está siempre del tingo al tango; este mismo fin de semana se montó en un avión rumbo a tierras senegalesas, pero, pocos días antes, había estado comiendo con los chicos en la Fundación El Buen Samaritano, en Añaza. Precisamente, los almuerzos se han convertido en un momento sagrado para conocer mejor a los chicos. «Cocinamos juntos comida africana porque en muchas culturas compartir el mismo plato tiene un significado muy importante», aseguró.

Además, como parte del estudio, realiza talleres artísticos, entrevistas en profundidad y grupos focales. Todo ello para que los chicos puedan expresarse, tanto de manera verbal –muchos en un claro español, aunque Caglioni también domina el francés–y en otras formas que no precisan palabras, por ejemplo, a través del dibujo.

La única vía

La ruta del Atlántico es, en muchos casos, la única vía para probar suerte en otro país. Se trata de un recorrido que emprenden, sobre todo, jóvenes y algún que otro adulto. La mayoría de ellos son hombres, pero también enfrentan este temido viaje mujeres y niños. El investigador quiere conocer cómo todos ellos pueden meterse en un barco con estas condiciones. «Un europeo nunca se pondría en esta situación», sostiene.

La pregunta principal de este proyecto pone el foco en los aspectos culturales, los imaginarios y las representaciones que acompañan este viaje para cuestionar algo tan simple como qué les motiva a hacerlo, a arriesgar sus vidas en una de las travesías más mortíferas.

En el estudio también recogerá explicaciones espirituales para contar qué ocurre durante la noche, el momento más duro del viaje. Algunos, según detalla Caglioni, hablan de la presencia de espíritus o de fantasmas. «Es una forma de abordar el miedo y la muerte, durante el trayecto también hay muchas personas que se suicidan», subraya. Todos estos testimonios se recogerán en un documental, que será uno de los resultados de esta iniciativa made in Canarias.

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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas

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