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Entrevista | Elisa Díaz Castelo Escritora, poeta y traductora mexicana

Elisa Díaz Castelo (escritora mexicana): «La ficción rescata todo aquello que no podemos alcanzar, como la historia de las mujeres»

La también poeta y traductora presentará su novela 'Malacría' en Santa Cruz de Tenerife, donde compartirá impresiones sobre su incursión en la narrativa con Katya Vázquez Shröder en la Librería de Mujeres

La joven mexicana Elisa Díaz Castelo.

La joven mexicana Elisa Díaz Castelo. / Germán Espinoza

Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

Elena Díaz Castelo visita este sábado 31 de enero Santa Cruz de Tenerife para presentar su nuevo libro, Malacría, su primera incursión en la narrativa. La escritora, poeta y traductora mexicana estará en la Librería de Mujeres, a las 12:00 horas, para charlas con Katya Vázquez Shröder.

Malacría es su primera incursión en la novela, tras publicar varios libros de poemas y también uno de cuentos. ¿Por qué decide dar este nuevo paso adelante en su carrera?

Siempre fui una lectora de novela muy asidua. He escrito varios libros de poesía pero en realidad siempre quise escribir una novela y durante varios años estuve trabajando con Malacría con distintas versiones. Aunque publiqué un libro de cuentos, me he dado cuenta de que la novela es un género muy ambicioso, que busca un nivel de cohesión muy grande, y que siempre me había llamado la atención y me había interesado, pero no había tenido ni el tiempo ni la posibilidad de escribir una antes.

Decide centrar Malacría en la historia de tres mujeres en concreto pero luego ha descubierto que esas tres personas son más universales de lo que esperaba en un primer momento gracias a la respuesta que ha recibido de sus lectores.

Sí, eso me sorprendió mucho. Muchas personas me han escrito para decirme que se sienten identificadas con alguno de los personajes, con alguna de esas tres mujeres de distintas generaciones que pertenecen a la misma familia. Eso me pone muy feliz porque confío mucho en la especificidad de la literatura, y estos personajes son tres personas muy distintas, muy peculiares y bastante excéntricas. Pero me encanta descubrir que muchas personas se sienten identificadas con ellas.

¿Qué buscaba remover en concreto con esta novela? ¿O la escribió sin ninguna pretensión más allá de introducirse en un nuevo género literario?

La verdad es que llevo muchos años preguntándome por el componente hereditario de las heridas. Creo que ese es el trasfondo de esta novela, preguntarme por cómo un evento traumático que le sucede a una persona puede transmitirse de cierta forma, inocularse, a otras que estén cerca de ella. Para tratar ese tema necesitaba mucho más espacio que un poema y por eso me pareció necesario tratarlo desde la narrativa.

Con esas tres mujeres protagonistas pone el foco, además, en todas esas familias matriarcales que tanto abundan en su México natal pero que también la acercan a muchas otras partes del mundo. Pero, ¿qué papel juega el hombre?

La figura del padre ausente es una piedra de toque en la literatura mexicana. Hay grandes obras literarias mexicanas como Pedro Páramo, que se han estructurado alrededor de esa ausencia. Pero cuando comencé a escribir Malacría quise desmarcarme un poco de esa fijación y trabajar, no una ausencia literal, sino una presencia de doble filo, la figura de una madre que está ahí, pero que tiene una parte que está ausente, de manera simbólica. Quise colocar esa figura de la madre en el centro y construir la historia alrededor.

Precisamente con esas mujeres fuertes y protagonistas de la novela, ¿cree que el público masculino se puede sentir atraído por estas historias o sigue siendo la mujer la lectora principal de ellas?

Cuando un lector ve que una novela está protagonizada por mujeres, tiende a pensar que es para mujeres. Y me parece algo curioso porque si uno piensa en la historia de la literatura universal, durante siglos las grandes historias solían estar protagonizadas por hombres. Es el caso de la Ilíada, la Odisea, la Eneida o el ciclo artúrico, que han sido las grandes historias de la humanidad durante siglos y estaban protagonizadas por hombres pero, no por eso, me parece que le interesaran menos a las mujeres. Pero creo que esto es una forma de pensar en binarismos y yo espero que una historia sobre mujeres puede interesar también a los hombres, igual que sucede al contrario.

Elisa Díaz Castelo.

Elisa Díaz Castelo. / Natalia del Carmen

A lo largo de su producción literaria ha hibridado las letras con las ciencias. En esta ocasión, incluye en su novela aspectos que tienen que ver con la salud mental. ¿Todas esas decisiones provocan que tenga que realizar una gran investigación antes de ponerse a escribir?

En esta ocasión ha sido un proceso distinto pero es verdad que investigué bastante sobre el tema de la salud mental y sobre otros temas que surgen en la novela y son importantes para las protagonistas, como el espacio exterior y la lingüística. Pero la mayor investigación tuvo que ver con la escritura misma, con mi proceso de reescritura y revisión, porque fui muy rigurosa y lo sentí como una forma de investigación.

A lo largo de su carrera también se ha dedicado a la traducción. ¿Cómo influye precisamente todo lo que descubre a través de esos textos para enfrentarse luego a sus propios proyectos?

Es una labor interesante porque creo que la traducción es la mejor forma de lectura, por su intensidad y profundidad, y porque es una experiencia a otro nivel. Luego, gracias al ejercicio de la traducción se crea un segundo texto, una especie de emanación distinta y única. Así que la traducción de textos, especialmente de textos narrativos, sin duda me ha ayudado y me dio cierto entrenamiento para aproximarme a mi primera novela, aunque me he especializado más en traducción de poesía.

Más allá de la estructura de la novela, al entrar en contacto con la literatura de otros países para su labor como traductora, ¿ha percibido paralelismos entre esas familias matriarcales que muestra en Malacría y otras que se pueden descubrir en libros de otras partes del mundo?

Sí, sin duda. Creo que es un tema que está apareciendo con fuerza en la literatura actual y hay muchas historias sobre el linaje femenino y las familias de mujeres, y creo que eso tiene que ver con que durante mucho tiempo las historias que solíamos narrar eran historias de hombres. Ahora se ha cambiado el foco y de pronto hay una gran necesidad porque teníamos una deuda con todas esas historias. A veces, ni siquiera tenemos registro de cómo era la vida de las mujeres de familia y es necesario inventarla. Creo que la ficción es un ejercicio de rescate de aquello a lo que no podemos acceder. Y he visto muchas novelas que de alguna manera dialogan con eso, como La Bajamar, Aroa Moreno Durán, o Han cantado bingo, de Lana Corujo.

Aunque en menor medida, esta novela tiene parte de esa hibridación entre ciencia, fe y literatura de la que usted siempre hace gala. ¿De dónde surge ese interés por aspectos tan dispares?

Creo que la ciencia y la religión se hacen preguntas similares sobre el universo y los grandes cambios pero las respuestas que dan son totalmente distintas. Además, siempre me ha interesado la mitología. Ahora me explico ese interés, en apariencia antitético, porque todas son formas de pensamiento que buscan responder preguntas. Cuando empecé a escribir me di cuenta de que muchos conceptos de la ciencia funcionan como espléndidas metáforas y participan de un lenguaje sumamente poético. Además, nos ayudan a desautomatizar el lenguaje, sin perdernos en el significado. Por todo ello siempre me pareció un terreno muy fértil para la escritura.

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