La vida es lo que sucede en el gimnasio
Centros de crossfit y clubes de corredores se alzan como los espacios de moda para socializar, forjar amistades y encontrar el amor

La vida es lo que sucede en el gimnasio
Es viernes por la tarde y la clase de funcional de las 19:00 horas en el gimnasio está a punto de acabar. Tan solo quedan por hacer los estiramientos. Han sido 45 minutos duros, casi una hora plagada de ejercicios que todo el mundo detesta: burpees, zancadas búlgaras y press de hombros. Pero ha valido la pena porque a los beneficios sobre la salud que tienen este tipo de actividades se suma ahora uno extra. Los habituales de este horario han quedado para tomarse la ya tradicional caña que anuncia la llegada del fin de semana, un encuentro que se ha convertido en un aliciente más para no faltar a la cita diaria con el gimnasio. En este caso, el entrenador también se apunta, como casi siempre.
El deporte -y más concretamente los gimnasios- se ha convertido en un espacio de encuentro, en el epicentro de las relaciones sociales. Hacer comunidad en pleno siglo XXI se ha vuelto una tarea complicada. Las pantallas, y sobre todo internet y las redes sociales, han llegado para quedarse. Por el camino quedaron los lugares tradicionales de encuentro, desde la plaza donde antes los más jóvenes se sentaban durante horas en un banco a comer pipas a las ya casi extintas discotecas. A todo esto hay que sumar un ritmo de vida cada vez más frenético. La jornada laboral y las obligaciones del día a día le hurtan horas al ocio y esa tendencia parece irreversible. El deporte, y todo lo que hay a su alrededor, destaca como alternativa de ocio saludable compatible con la salud y que tiene muchos más beneficios, también los psicológicos y los emocionales.
Así lo afirma el vicerrector de Cultura, Deporte y Activación Social de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), José Miguel Álamo, quien recuerda que el ser humano funciona a través de las necesidades psicológicas básicas. «Una de ellas es nuestra necesidad de relacionarnos y de formar parte de un grupo que además nos haga sentirnos valorados y en el que se nos trate con respeto». Todo eso, expresa el docente, motiva a la persona a desarrollar la práctica deportiva de manera sostenida en el tiempo. Así, en un mundo repleto de oportunidades y con una gran oferta de ocio entre la que elegir, muchas personas se decantan por el gimnasio en la actualidad por varias razones: cuentan con una amplia oferta de actividades que permite que el usuario elija verdaderamente lo que le gusta; puede llegar a sentirse importante y valorado dentro del grupo de trabajo; y, por último, es importante sentirse competente realizando la actividad física. «Todas esas son las necesidades psicológicas básicas y permiten la fidelización de una persona a una actividad en concreto, en este caso, acudir al gimnasio», resume Álamo.
Tras años en los que la actividad física generaba pereza en buena parte de la población, muchas personas se animan ahora a hacer deporte no solo por sus beneficios para la salud, sino por los emocionales
La vida ahora es, por lo tanto, lo que pasa en las salas de musculación y en los espacios reservados para las actividades dirigidas. Surgen nuevas amistades, se forjan alianzas laborales y el amor -y también el desamor- está en el aire. Los vestuarios se convierten en peluquerías improvisadas donde se comparten los más íntimos secretos y hay máquinas que acumulan colas de espera y que propician encuentros casuales que pueden terminar en algo más.
Canarias es, según los últimos datos, la quinta comunidad autónoma con mayor número de empresas deportivas de España. El Estudio de Impacto Socioeconómico de la Industria del Deporte, presentado el pasado mes de diciembre, adelanta que esta industria genera casi 30.000 empleos directos en el Archipiélago y representa el 4,45% del PIB. Este ecosistema de la salud y el bienestar integra ya a 2.600 empresas en las Islas. Y, en breve, serán más.
Hay fórmulas para todos los gustos, desde los grandes centros deportivos que incluyen piscinas, saunas y hasta cafeterías, hasta los pequeños box de crossfit que apuestan por una atención personalizada. Todo eso, sin olvidarse de los estudios de yoga o pilates y de los clubes para corredores al aire libre, el vivo ejemplo de que hacer amigos y mejorar el fondo físico son objetivos plenamente compatibles.
En la España de 2026, por lo tanto, abren gimnasios mientras que los bares de copas escasean. Un ejemplo de la buena salud del negocio es el desembarco y expansión de cadenas como VivaGym, que solo en Tenerife cuenta ya con cuatro centros. En Canarias rondan la veintena y a nivel nacional superan los 300 puntos de entrenamiento. Y sí, ya están preparando la apertura de unos cuantos más en las Islas.
Superada la debacle de la pandemia, los gimnasios han logrado recuperarse y afianzar su lugar. Más del 80% de ellos han vuelto a funcionar con normalidad y hoy ofertan a sus clientes no sólo entrenamiento, sino también salud -con dietas a medida y valoración personal- y un entorno donde cuidarse en grupo. «Hemos pasado de una sociedad sedentaria que prácticamente no hacía nada de ejercicio a una que es consciente de los beneficios que tiene el entrenamiento con pesas en muchos aspectos de la vida, no solo en lo físico», explica Rubén Navarro, club manager del centro de VivaGym en la céntrica avenida Tres de Mayo, en Santa Cruz de Tenerife.
Los propios monitores se suman a estos encuentros sociales fuera del entrenamiento, donde se han creado auténticas alianzas
Alexander Gutiérrez es uno de los entrenadores de ese gimnasio. Imparte varias de las clases dirigidas y es testigo de las relaciones que se establecen entre los usuarios, que muchas veces ven a sus compañeros de entrenamiento como un entorno seguro en el que compartir confidencias. «En las clases dirigidas las mujeres son mayoría», precisa. Las más exitosas son las de Zumba y las de V-Power -que son precisamente las más divertidas- y siempre hay lugar para la celebración cuando llegan momentos señalados en el calendario, como Navidad, Carnaval o Halloween. Los clientes quedan para brindar, entrenar disfrazados y sacarse fotos que quedarán para el recuerdo. «Contamos con la ventaja de tener un personal muy dispuesto a ayudar y que es muy abierto. Siempre están pendientes de los detalles y no les importa pasar un rato más en el trabajo para ayudar con algún ejercicio, hacer sentir a la gente integrada e, incluso, salir a tomarse un café con ellos», precisa Navarro.
Para favorecer ese sentimiento de comunidad, algunas de las modalidades de suscripción de esta cadena de gimnasios incluyen la posibilidad de llevarse a entrenar gratis a un amigo -o incluso a un grupo de número ilimitado- durante los fines de semana. En el caso de los usuarios más jóvenes, la información y la concienciación parece ser la clave de que hayan hecho suyos los gimnasios. «Han convertido estos centros en un espacio de su rutina diaria, quedan aquí y se dan cuenta de cómo mejora su rendimiento académico y su concentración». De hecho, recientemente VivaGym ha reducido la edad mínima de ingreso de los 18 a los 16 años.
Pero aunque los datos mejoran paulatinamente, aún queda mucho por hacer para que se pueda decir que la sociedad española está plenamente concienciada de los beneficios de la práctica deportiva. «La Encuesta de Hábitos Deportivos en España deja claras las cifras: en general, no llegamos al 50% de personas que esporádicamente practican deporte y aquellos que sí lo hacen y siguen las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud en este ámbito tan solo rozan el 3% de la población española», alerta el profesor José Miguel Álamo.
Para lograr la fidelización, más allá de los propósitos de Año Nuevo -por los que tanto se llenan los gimnasios estas primeras semanas de 2026- y de las relaciones sociales que se pueden llegar a establecer en las idas y venidas al entrenamiento, el vicerrector de la ULPGC habla de la necesidad de formar en la práctica deportiva de tal manera que cree adherencia desde la niñez. Se trata de abordar, así, «el gran reto» del deporte en la actualidad y que tiene que ver con «enseñar desde pequeños que el objetivo fundamental del deporte no es ganar o perder, sino generar adherencia». «Desde el punto de vista teórico somos conscientes de todos los beneficios que tiene la práctica deportiva para la salud y eso además redunda en la generación de valores. A todo eso ahora se suman las relaciones personales que se pueden forjar con ella», resume.
Para adaptarse a las nuevas fórmulas de consumo de un público cada vez más interesado en pasar tiempo haciendo deporte, los centros deportivos también ajustan sus horarios. Aunque hay horas en las que los picos de actividad son evidentes, estos centros tienen una franja de apertura más extensa que una gasolinera o una farmacia. En el caso de VivaGym, su horario se extiende desde las 06:00 a las 23:00 horas, de lunes a viernes. Los fines de semana abren de 08:00 a 21:00 horas. «Actualmente tenemos más de cien actividades colectivas en la parrilla semanal», destacan sus encargados.
Pero la oferta deportiva es tan variada como diferentes son los perfiles de personas que se apuntan a las formas de vida activa. El centro de entrenamiento funcional Evolve, en La Laguna, ofrece sus servicios desde el año 2021 y en la actualidad cuenta con unos 300 clientes. Jony Vega es uno de sus propietarios y recuerda que la población se está dando cuenta de la importancia del ejercicio físico, que «es probablemente el fármaco más potente que pueda haber». Eso, unido al factor socializador de los entrenamientos, provoca que sean muchas las personas que se enganchan. «En los gimnasios y los centros de entrenamiento hemos creado un lugar de desconexión, un espacio seguro en el que es posible forjar auténticas relaciones personales».
Los clubes de corredores al aire libre se convierten en la plataforma perfecta para conocer gente en un entorno seguro y divertido
Y tanto que es posible. En Evolve se han creado amistades y también relaciones amorosas: «Hemos visto cómo la gente forma una nueva familia, tienen hijos y siguen entrenando con nosotros». Pero este espacio lagunero fomenta esas relaciones más allá de la hora del entreno. Vega explica que cada año organizan una cena a la que acuden unos 200 clientes, así como actividades fuera del centro totalmente gratuitas que organizan «simplemente por el placer de estar y disfrutar entre nosotros». «Nuestro principal objetivo es que nuestros clientes encuentren un ambiente distendido, no solo un centro de entrenamiento, y tengan la certeza de que esta es una zona segura, de confort y donde prima la alegría y la felicidad», concluye.
Pero si hay un ejemplo de cómo el deporte se ha convertido en una fórmula de socialización ese es el de los clubes de corredores. Pepe González y su pareja fundaron Minze Club en Tenerife en marzo de 2024. «Veíamos que esta fórmula funcionaba mucho en grandes ciudades de España y en otros países y aquí no había nada parecido». El objetivo: crear una comunidad de gente deportista que quisiera cuidarse. Quedan una vez en semana para correr y, de organizar grupos de 20 o 30 personas como máximo, han llegado a tener hasta 300 corredores en una misma cita. «Ahora tenemos una media de cien, y contamos con más de 5.000 seguidores en Instagram».
Pasarlo bien y querer conocer gente con las mismas aficiones es el único requisito para formar parte de este club. «Sí que vemos que la gente usa esta opción para hacer amigos. Muchos han pasado años sin encontrar su sitio, sin encajar, y ahora nos dicen que les hemos cambiado la vida. Este es un lugar seguro, de confianza», celebra González. «Gente que no se conocía ahora viaja junta, se han creado minigrupos. Y sí, de Minze han salido ya varias parejas», celebra.
Además, son el espacio escogido para los numerosos profesionales que se trasladan a las Islas para trabajar y quieren empezar a hacer amigos. «Tenemos gente de muchas nacionalidades, muchos enfermeros de fuera que vienen por trabajo y hasta familias enteras y gente de avanzada edad». Un ejemplo más de que la práctica deportiva se ha convertido para muchos en un juego para encontrar el amor o, al menos, hacer amigos.
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