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Jaime de Urioste: «Traer ‘bichos’ es una sentencia de muerte para la biodiversidad»

Jaime de Urioste, presidente de la Fundación Neotrópico, dedicada al rescate de fauna exótica y al control de especies invasoras, alerta de las graves consecuencias de introducir animales por capricho

Jaime de Urioste, presidente de la Fundación Neotrópico, con una iguana rinoceronte, especie originaria de Haití y República Dominicana.

Jaime de Urioste, presidente de la Fundación Neotrópico, con una iguana rinoceronte, especie originaria de Haití y República Dominicana. / LP/ DLP

Las Palmas de Gran Canaria

¿Cuál es la realidad de las especies autóctonas y las invasoras en las Islas hoy en día?

Es una realidad compleja. En Canarias tenemos actualmente unas 16.500 especies de flora y fauna terrestres, además de más de 7.000 marinas. Lo más valioso es que más de 4.500 son exclusivas del Archipiélago, lo que significa que casi una de cada tres especies de aquí no existe en ningún otro lugar del mundo. Sin embargo, la presión es enorme: hay más de 2.000 especies exóticas, es decir, que no son de las islas, lo que representa en torno a un 12% del total. De ese grupo, unas 350 están catalogadas como especies exóticas invasoras o peligrosas. La diferencia es clave: una especie exótica simplemente no es propia del Archipiélago, pero una invasora es la que, además, tiene efectos negativos sobre el medio natural, la agricultura, las infraestructuras o incluso la salud humana.

¿Qué tipo de animales llegan a la Fundación Neotrópico, y en qué condiciones se los encuentran?

De todo: serpientes, iguanas, tarántulas, escorpiones, cocodrilos, guacamayos, loros, primates, lémures... Llegan en condiciones que, a veces, son difíciles de describir sin que se te encoja el corazón. Aplicamos una política de sacrificio cero, lo que atrae muchos avisos porque la gente sabe que aquí se les cuidará hasta el final. Muchos animales llegan tras años de maltrato o negligencia, metidos en jaulas minúsculas, con dietas totalmente inadecuadas y sin luz ultravioleta. Esto les provoca enfermedades metabólicas óseas y deformaciones brutales en sus huesos o caparazones que les causan un dolor inmenso. Algunos loros llegan totalmente desplumados porque, debido al estrés, se autolesionan arrancándose las plumas. Recibimos ejemplares con comportamientos totalmente anómalos tras pasar décadas encadenados o en laboratorios. Actualmente custodiamos unos 2.700 ejemplares de más de 200 especies.

¿Y cómo logran meter a estos animales en las Islas?

El tráfico de fauna es uno de los negocios ilícitos más lucrativos del mundo. Canarias es un punto estratégico tricontinental entre América, África y Europa, lo que nos convierte en una vía de entrada clave. Traen de todo y de formas increíbles. Hemos visto animales camuflados en el equipaje de bodega de los aviones porque, a diferencia del equipaje de mano, no se analizan todas las maletas y los perros suelen estar entrenados para detectar drogas o explosivos, no animales vivos. Muchos mueren en el trayecto, pero eso solo encarece el precio de los supervivientes en el mercado negro; por ejemplo, una tortuga gigante de Aldabra puede costar 3.000 o 4.000 euros de bebé y llegar a los 30.000 euros de adulta. También usan la paquetería común, declarando que envían sellos u otros artículos, cuando, en realidad, hay seres vivos dentro; solo se detectan si alguien, en el traslado, nota que el paquete se mueve.

¿Cómo es la coordinación con las fuerzas de seguridad?

Tenemos un teléfono de emergencias 24 horas y trabajamos de forma constante con el 112, el Seprona, la Policía Canaria y aduanas. A veces son operaciones planificadas donde acudimos con dardos anestésicos y redes. Otras veces nos llaman a las tres de la mañana por una redada en una casa donde, además de lo que buscaba la policía, aparecen cocodrilos o serpientes. Nosotros estamos en Santa Cruz de Tenerife, pero nos movemos por las Islas, damos cursos de formación y asesoramos, incluso en territorio nacional y aduanas europeas: nos mandan fotos de una maleta abierta y nosotros identificamos la especie para que sepan cómo proceder.

¿Cuáles son las especies más preocupantes?

El caso más dramático es el de la serpiente rey de California en Gran Canaria, donde ha hecho desaparecer al 90% de los lagartos gigantes. Son animales sin depredadores naturales aquí y con un clima que les favorece. También las cotorras en entornos urbanos, que compiten con especies nativas, transmiten enfermedades y destrozan palmeras para anidar, lo que puede provocar que se caigan sobre alguien. En Fuerteventura tenemos a las ardillas que, aunque parezcan simpáticas, son invasoras, devoran caracoles exclusivos de la isla y pueden transmitir amebiasis a los humanos a través de su orina o heces, causando problemas neurológicos graves o pérdida de visión.

Entre todas estas historias de supervivencia, ¿cuál destacaría?

Hay muchas... Juanita, por ejemplo, es una mona capuchina que representa la resiliencia. Tiene 45 años, lo cual es asombroso porque ya superó su esperanza de vida media. Ella venía de un circo en Europa donde la tenían siempre drogada para que los turistas pudieran sacarse fotos con ella. Llegó a nosotros a través de una fundación holandesa. En la Fundación Neotrópico nos esforzamos mucho en la deshumanización de animales como ella. Queremos que vuelvan a establecer lazos con su propia especie, que recuerden lo que es ser un mono o un loro y no que piensen que son personas. No aceptamos visitas del público porque los animales tienen historiales de malos tratos y se estresan; nuestra fundación es un santuario, no un zoológico.

¿Qué mensaje le daría a la gente que se siente tentada por tener un ‘bicho raro’?

Que los bichos, como les llamamos nosotros también coloquialmente, no son objetos ni caprichos para lucir en redes sociales. El ser humano es, a veces, muy egoísta y no piensa en las consecuencias. La gente debe entender que cada animal exótico que traen puede ser una sentencia de muerte para nuestra biodiversidad canaria o una vida de sufrimiento para el propio animal.

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