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A Canarias se le está poniendo cara de postre

«Clavijo repartió agradecimientos y ánimos sin ocultar que las cosas no pintan bien si toda la sociedad civil de las Islas no se compromete y el Gobierno español no se implica enérgicamente»

El socialista Sebastián Franquis (d.) bromea, ayer en un receso, con el vicepresidente Manuel Domínguez.

El socialista Sebastián Franquis (d.) bromea, ayer en un receso, con el vicepresidente Manuel Domínguez. / La Provincia

Alfonso González Jerez

Alfonso González Jerez

Las Palmas de Gran Canaria

Para tratarse de una situación histórica –frase que repitieron ayer todos los portavoces parlamentarios, salvo el de Vox, encerrado de sus amadas estupideces–, sus señorías se mostraban en el pleno extraordinario de ayer muy relajados. Es como si pasaran de puntillas, y viendo el TikTok, por la Historia; muy probablemente la Historia les pasará por encima en justa correspondencia. El Gobierno autónomo, presidido por Fernando Clavijo, sometía a la Cámara una propuesta de resolución para solicitar al Gobierno español que luche por que los fondos de la Unión Europea (y particularmente el Posei) sean respetados y sigan siendo adjudicados por la Comisión directamente a las Regiones Ultraperiféricas.

Para que se entienda rápido: sin Posei y sin REA la agricultura canaria entraría en agonía. Y si los fondos asignados a las RUP son «renacionalizados», es decir, entregados a los gobiernos de los Estados miembros, el riesgo de que terminen utilizándose para otras cosas es ciertamente elevado. Todo el mundo insiste en que estas medidas (dibujadas en el todavía borrador del marco financiero de la UE entre 2028 y 2035) conculcarían el artículo 349 del Tratado de la Unión, pero a Alemania e Italia parece que les trae sin cuidado.

Lo peor del pequeño debate de ayer alrededor de la propuesta de resolución gubernamental es que nadie, ni siquiera el que obviamente lo tenía más claro, el presidente Clavijo, explicó las razones por las que las grandes naciones europeas (salvo, parcialmente, Francia) anhelan que los fondos RUP se abonen a las RUP desde cada Estado. Tal vez porque en las razones anidan todos los miedos y se debilita cualquier posibilidad de justicia para las RUP. Detrás de la voluntad de finiquitar las RUP están básicamente Alemania e Italia. Los franceses inicialmente no admitirían el crimen presupuestario, pero estarían dispuestos a negociar cierta extorsión sobre sus territorios de ultramar.

Porque tanto los Estados socios como la propia UE necesitan pasta. Mucha pasta. Primero para elevar su inversión en defensa y seguridad y en I+D+i. Y después –y ese es el motivo básico de la recentralización de los fondos– porque el porvenir internacional es tan incierto, los peligros que se ciernen sobre el bastante debilitado y muy acobardado proyecto europeo son tan oscuros e imprevisibles frente a la hegemonía trumpista, que todos quieren el dinero en el bolsillo: unidad de caja estatal y luego ya veremos.

Por supuesto que en este contexto la situación de Canarias deviene muy particular. En ningún otro Estado europeo la debacle de las RUP tendría mayor impacto político como en España. Canarias es la más rica, la más poblada y la más conectada política y económicamente con Madrid (obviamente) y con Bruselas. La catástrofe material y la inestabilidad política no podrían ser esquivadas y es imprescindible que el Gobierno español, hoy presidido por Pedro Sánchez y pasado mañana por quien sea, metabolice este peligro y actúe con decisión e inteligencia.

En ausencia de Raúl Acosta, de la Agrupación Herreña Independiente, abrió el debate –un debate casi unánime en el que los portavoces parecían leerse unos a otros– Juan Ramos Ramos, de la Agrupación Socialista Gomera. Fue extraño que disponiendo de un estadista –él mismo– Casimiro Curbelo optara por el buen de Ramos, que es probablemente el único diputado de la Cámara que no tiene broncas con nadie, excepto con su peluquero. Por supuesto, apoyo total al Gobierno, porque solo con la unidad del acervo de las RUP, el artículo 349 del Tratado de la Unión se mantendría como etcétera etcétera.

Fue un descanso antes de la intervención del portavoz de Vox, Nicasio Galván, que hizo un remiendo bastante torpe para introducir todas las fantasías antieuropeístas de la extrema derecha española. También le reprochó a Clavijo que hable de Canarias como país. Uno puede leer discursos de Antonio Maura –tal vez el líder derechista más inteligente con que ha contado España en el siglo XX– hablando del país vasco o del país valenciano sin mayores dramatismos, aunque se me antoja harto dudoso que ni Galván ni sus compañeros tengan la más repajolera idea de quién fue Maura o, si me apuran, Donoso Cortés. Usted pide en el súper medio kilo de carne del país y está ejecutando una acción independentista, según Galván y compañía. Qué mala es Europa. Qué horrendo es el Parlamento europeo. Qué espantosas son las autonomías. Pero en todas partes está Vox cobrando y graznando.

A continuación, María Esther González, de Nueva Canarias, dejó claro que su partido apoyaba al Gobierno, pero por responsabilidad, no por el porco Gobierno. Esa fue la relativa novedad en el debate de ayer. En años y lustros pasados, en lo que se refería a asuntos europeos, los grupos parlamentarios enfatizaban sus coincidencias básicas como fundamento de la unidad de acción política frente a Madrid y Bruselas. Ahora se sigue abogando por la unidad, pero se insiste tercamente en que se suman a la misma casi tapándose la nariz.

Al cronista le parece una torpeza no dejar fuera del partidismo ni un pleno de dos horas sobre una crisis estratégica de la UE que puede dejar Canarias como un solar. Pero algo muy parecido hizo el portavoz socialista, Sebastián Franquis, que habló de la torpeza del Gobierno frente a la UE, como si alguna torpeza de Clavijo y su equipo hubiera activado las modificaciones contra las RUP en el borrador del marco presupuestario. El señor Franquis también citó una de sus fantasías predilectas, el temperamento bronquista del Gobierno autonómico, que si no ha quemado en efigie a Ursula von der Leyen en la sede del Gobierno de Canarias es porque ni Fernando Clavijo ni Manuel Domínguez llevan mechero encima.

Lo más curioso de su intervención fue la acusación a la derecha de impulsar el maltrato a las regiones ultraperiféricas. «La mayor parte de los comisarios son conservadores y liberales, solo cuatro son socialdemócratas, así que es fácil deducir por dónde viene la intención ideológica». El Colegio de Comisarios de la UE es, como cualquier gobierno, un órgano colegiado que toma las decisiones conjuntamente bajo una responsabilidad común. La ocurrencia de Franquis es digna de Mariquita la de La Matula. Vox consiguió que le permitieran votar positivamente a parte de la resolución y a otra no, una táctica para no parecer lo irresponsables mentecatos que son. Como si un documento de esta naturaleza no exigiera un respaldo inequívoco y sin fisuras.

Clavijo repartió agradecimientos y ánimos sin ocultar que las cosas no pintan bien si toda la sociedad civil de las Islas no se compromete y el Gobierno español no se implica enérgicamente acompañándose de las autoridades francesas y portuguesas. Citó (otros lo hicieron) el discurso en Davos del primer ministro de Canadá, Mark Carney: «Si no estás sentado en la mesa, es que eres el menú». A Canarias se le está poniendo una cara de postre muy preocupante.

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